martes, 31 de enero de 2012

ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE

Hay palabras que sobreviven a su tiempo y a sus circunstancias. Palabras que golpean nuestras conciencias una y otra vez, porque el ser humano comete los mismos errores una y otra vez. Palabras que no necesitan comentario, como las de Bertold Bretch (o de Martin Niemöller según precisan algunos)           

 “Primero se llevaron a los comunistas
pero a mi no me importó
porque yo no era.
En seguida se llevaron a unos obreros
pero a mi no me importó
porque yo tampoco era.
Después detuvieron a los sindicalistas
pero a mi no me importó
porque yo no soy sindicalista.
Luego apresaron a unos curas
pero como yo no soy religioso
tampoco me importó.
Ahora me llevan a mí
pero ya es tarde.

(imagen: prision.jpg, blog Taller de oración)

domingo, 29 de enero de 2012

NACIDOS PARA MORIR SIEMPRE DEMASIADO PRONTO

Daños colaterales, dicen, encogiéndose de hombros. Los civiles muertos en las guerras, en los bombardeos. Los hombres y mujeres, los niños, muertos en las hambrunas y catástrofes naturales que se repiten aquí y allí. Unas cuantas primeras planas en periódicos y telediarios, justo lo necesario y conveniente según las circunstancias. ¡Qué se le va a hacer, alguien tiene que morir!
        Pero sí  hay algo que se puede hacer, sí hay medios para hacerlo.
        En el campo de refugiados la madre negra abraza a su hijo moribundo, quizás el segundo, o el tercero que ha tenido que dejar morir porque las raciones no alcanzaban para sus 10 hijos. Nacidos para morir siempre demasiado pronto, eso parecen llevar escrito en la frente esos niños. Al comienzo del siglo XXI no deja de producir perplejidad primero, luego rabia, el contemplar esa realidad. ¿Cómo es posible que ese dolor transcurra en nuestro mismo planeta, en nuestro siglo de la globalización y las comunicaciones? ¿Podemos aprovecharnos de sus recursos naturales, organizar emocionantes viajes a sus parques naturales, y no avergonzarnos delante de esa madre africana?
La fertilidad ha sido para la mujer africana un don y ser estéril una de las mayores desgracias. La madre africana sabía que muchos de sus hijos morirían, por eso no es extraño que desease tener el mayor número de hijos posible, en especial en una sociedad rural primitiva donde el cultivo de la tierra requería muchos brazos. Pero el mundo avanza vertiginosamente dejando en la cuneta a multitudes, porque los logros que se consiguen son repartidos cada vez con menos equidad. La mujer occidental ha conseguido los medios para el control de la natalidad, pero esos recursos están muy lejos de estar al alcance de las mujeres de los países subdesarrollados. Esos medios, y la consiguiente educación, son imprescindibles para salir de la situación de extrema pobreza en la que viven muchos de esos pueblos. Sin embargo, en nombre de la religión se condenan esos procedimientos y se exhorta a aceptar todos los hijos que Dios quiera dar, y ese mensaje se extiende en pueblos carentes de recursos materiales y educativos. Pero el dios compasivo llora lágrimas negras delante de esa madre que tiene que decidir a cuál de sus hijos dejará morir.
La explosión demográfica es uno de los mayores problemas de nuestro planeta, con el consiguiente agotamiento de los recursos naturales. Pero la ciencia y la técnica nos ofrecen medios suficientes para mejorar la vida de la Humanidad, con un control racional de la  natalidad y un estilo de vida sostenible que respete la naturaleza. Por encima de cualquier ideología debe prevalecer el cuidado responsable de nuestra especie y nuestro planeta. Un día también nuestro planeta azul se desintegrará y quizás antes nuestra especie haya desaparecido, pero hasta entonces somos responsables de nuestro mundo y todas nuestras facultades y capacidades deben ir en esa dirección.

lunes, 23 de enero de 2012

UN PUENTE SOBRE EL OCÉANO

“Hay un camino sobre el que cruzar este formidable océano de Samsara” [1] afirma un maestro de yoga. Hay un camino sobre el océano de dolor y lucha que es el ciclo de la vida y la muerte, y cada una de nuestras vidas.
Los yoguis creen en diferentes sendas para cruzar este océano de la vida y alcanzar la liberación, entre ellos el karma yoga, el camino de la acción altruista que nos hace salir de nuestro ego para abrazar la unidad del todo. También Jesús, el Maestro de los cristianos, enseñó que toda la ley se resume en amar a Dios con toda el alma y al prójimo como a nosotros mismos. [2]
Amor, compasión, empatía, ternura, discernimiento  tejen este puente. Pues bien, estos sentimientos se han contrapuesto, desde los antiguos mitos grecorromanos, a la fuerza, el vigor, la virilidad, y así son femeninas Afrodita o Venus, la diosa del amor, Deméter o Ceres, la diosa de la vida, Atenea o Minerva, la diosa de la inteligencia, mientras que Ares o Marte es el dios de la guerra. Esta disección del alma humana ha llegado hasta nuestros días y ha marcado desgraciadamente el subconsciente humano. Sin embargo el amor, la ternura, la compasión, la empatía no implican debilidad, blandura o inmadurez,  sino muy al contrario fuerza y coraje obstinado y paciente.  Si observamos la naturaleza, vemos cómo nada es más fuerte y feroz que una hembra que defiende a sus crías, y lo mismo ocurre con frecuencia en el comportamiento humano.
            Quizás llegó la hora de acabar con los antiguos mitos grecorromanos y despertar el alma femenina de la Humanidad. Para ello el primer paso es despertar el sentimiento de orgullo entre las mujeres por el hecho de ser mujer: que jamás renuncien a lo que esto supone. Que no se avergüencen de la ternura que son capaces de dar y que no la escondan cuando caminen junto a sus compañeros en la lucha por un mundo mejor. El segundo paso es ofrecer a los hombres la riqueza del alma femenina, descubrirles que no menoscaba su virilidad el compartir con ellas esos profundos sentimientos que son el fuego, el agua y el pan de la vida. La mano fuerte del hombre sosteniendo el delicado cuerpo de un bebé, cambiando un pañal o dando un biberón, es la imagen que conmueve las entrañas de la tierra y permite seguir creyendo en la grandeza humana. O los brazos fuertes de aquel compañero que pidió una excedencia en el trabajo para ocuparse de la madre con alzheimer mientras su mujer seguía con su carrera profesional. Son signos que nos permiten seguir esperando, por más que el prototipo de varón esté aún muy lejos de este ideal humano y que la tentación de renunciar a su esencia y reproducir las carencias masculinas aceche más de una vez a la mujer. Porque la incapacidad de ocuparse de los otros, de los más débiles, no es más que eso: una carencia. Y la capacidad femenina de cuidar de la vida es la garantía de la supervivencia humana, capacidad que deben desarrollar tanto los hombres como las mujeres.
            Hay un puente por el que podemos cruzar el océano de la vida con dignidad, la frente alta, hombro con hombro hombres y mujeres. Dejando que el paso de nuestras vidas sobre  nuestra madre tierra no la hiera, llevando en nuestros brazos a los más débiles. Creyendo en el futuro.


[1] Swami Sivananda, Iluminación Ediciones Librería Argentina
[2] “…El dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”  Mateo 22,37-41

lunes, 16 de enero de 2012

“POR MUY DIFÍCIL QUE PUEDA PARECERLES LA VIDA, SIEMPRE HAY ALGO QUE PUEDEN HACER”


Cito arriba textualmente las palabras de Stephen Hawking, el físico del espacio y el tiempo, en el discurso que grabó con motivo del homenaje que la Universidad de Cambridge le brindó por sus 70 años. Me limito a continuación a citar el final de dicho discurso en el que manifiesta su entusiasmo por la búsqueda del conocimiento:
“…Quiero compartir mi emoción y entusiasmo por esta búsqueda. Así que acuérdense de mirar hacia las estrellas y no hacia sus pies. Intenten encontrarle un sentido a lo que ven y pregúntense por aquello que hace que exista el universo. Sean curiosos. Y por muy difícil que pueda parecerles la vida, siempre hay algo que pueden hacer y en lo que pueden tener éxito. Lo importante es que no se rindan…”[1]



[1] EL PAÍS, domingo 15 de enero 2012, sociedad, pag.36



jueves, 12 de enero de 2012

EN BÚSQUEDA DEL PODER


Recuerdo la película “En busca del arca perdida”  y tantas otras obras de ficción que describen el ansia humana por alcanzar el poder y constato que la ficción, en el fondo, no está lejos de la realidad. El ser humano anhela el poder y es difícil decir hasta dónde sería capaz de llegar por lograrlo.
Entre todas las facetas del poder, tiene especial relieve el poder interior, el poder mental como se define con frecuencia. Pues bien, en este campo intuyo que alcanzar este poder supremo está al alcance de todos, y no por medio de ninguna fórmula oculta y mágica. Es más, me atrevería a decir que el objetivo de nuestra existencia consiste en alcanzarlo. ¿Qué entiendes por “poder supremo”? me preguntaréis. Libertad, ser dueña de mi destino, eso es lo que significa para mí. Constatar que depende de mí misma la opción fundamental de mi vida: optar por el Bien, optar por ser una bendición para los demás, y por apoyar todo el peso de mi existencia en evitar ser dañina para nadie. “¡Ah, vaya!” pensarán decepcionados los que esperaban alguna solución esotérica. Y sin embargo, por simple que parezca mi explicación, pienso que lo único que realmente puede dañarme es el mal que brote de mi misma y que depende de mí el dejarlo fluir o ahogarlo: soy yo quien decide, en el fondo. Es sencillo, pero en absoluto fácil: requiere un coraje incansable hasta el último aliento, y la fuerza para rectificar todas las veces que nos desviemos de nuestro objetivo. Pero por difícil que sea, esta opción depende sólo de mí misma, constatación que me hace sentir la persona más libre y poderosa del mundo, y a la vez responsable de la más difícil misión.
Miramos a nuestro alrededor y nos estremecemos ante tanto horror, tantos abusos e injusticia, tanta crueldad e indiferencia. ¿Qué hacer? Muchos llegan a  dudar y a admirar a  los que abusan y pisotean a los demás construyendo sus paraísos personales, pensando que son los que realmente saben, los auténticamente poderosos, y no unos pobres diablos soñadores como los que luchan por otro mundo más justo para todos. Hay que desechar estas dudas: ellos no son más que unos ignorantes, por poderosos que puedan parecer, porque ignoran lo único importante: el camino de la felicidad. Podríamos señalarnos el objetivo de hacerles comprender su ignorancia, pero esto es casi inalcanzable pues su ceguera es demasiado profunda y la costra que recubre su vista demasiado dura. Pero lo que hay que evitar a toda costa es el contagio: es preciso un constante ejercicio de lucidez para no dejarse cegar, y esto es especialmente necesario para todas las personas que deseen emprender el camino de la lucha por cambiar la realidad.
Si queremos tener el poder de cambiar este mundo, no debemos dejar que este mundo nos cambie.

martes, 3 de enero de 2012

2012, UN AÑO NUEVO.

Nada es definitivo, nada completo en nuestras existencias, ni a nivel individual ni a nivel colectivo. Incompletos nacemos, inmaduros, y con el tiempo vamos alcanzando una madurez que apenas dura un insignificante instante antes de iniciar nuestro camino hacia el ocaso. Y lo mismo ocurre con las civilizaciones que una tras otra han ido dominando nuestro diminuto planeta. La constatación de esta realidad es el primer paso para la serena felicidad, porque la auténtica felicidad no puede basarse sino en la lucidez. Podría ser también una excusa para la desesperación, la pereza o la evasión, pero esta excusa es inadmisible. No hay excusa para no elegir ser feliz aceptando lo que se es y sacándole el mayor partido posible. Golpe a golpe, verso a verso, como escribió Machado. No hay camino, se hace camino al andar, decía el poeta.
No alcanzaremos hoy ni mañana la plenitud, y si por un instante la conseguimos, apenas durará lo que dura la hierba del campo. Pero es ese instante mágico, y la suma de todos los instantes de coraje y esperanza por alcanzarlo lo que configura nuestra existencia y le da valor.
Los monjes tibetanos dibujan hermosas mandalas de arena multicolor y concentran toda su fuerza en alcanzar la perfección de su efímera obra, que un simple soplo de viento deshace.
Comienza el 2012, comienza nuestro 2012, y quizás nos preguntemos angustiados si alcanzaremos nuestros objetivos como individuos y como sociedad. Pero de lo que no debemos dudar es del valor de nuestro propio anhelo, de la fuerza de nuestra esperanza y nuestra lucha. No hay excusa para rendirse, nunca.

Caminando hacia ese punto de encuentro, ese abrazo con todo, que se traduce en acciones llenas de comprensión y compasión.

Hago una pausa durante un tiempo, para internarme en ese camino en búsqueda de respuestas.  "...somos conscientes de nuestra ...