martes, 3 de enero de 2012

2012, UN AÑO NUEVO.

Nada es definitivo, nada completo en nuestras existencias, ni a nivel individual ni a nivel colectivo. Incompletos nacemos, inmaduros, y con el tiempo vamos alcanzando una madurez que apenas dura un insignificante instante antes de iniciar nuestro camino hacia el ocaso. Y lo mismo ocurre con las civilizaciones que una tras otra han ido dominando nuestro diminuto planeta. La constatación de esta realidad es el primer paso para la serena felicidad, porque la auténtica felicidad no puede basarse sino en la lucidez. Podría ser también una excusa para la desesperación, la pereza o la evasión, pero esta excusa es inadmisible. No hay excusa para no elegir ser feliz aceptando lo que se es y sacándole el mayor partido posible. Golpe a golpe, verso a verso, como escribió Machado. No hay camino, se hace camino al andar, decía el poeta.
No alcanzaremos hoy ni mañana la plenitud, y si por un instante la conseguimos, apenas durará lo que dura la hierba del campo. Pero es ese instante mágico, y la suma de todos los instantes de coraje y esperanza por alcanzarlo lo que configura nuestra existencia y le da valor.
Los monjes tibetanos dibujan hermosas mandalas de arena multicolor y concentran toda su fuerza en alcanzar la perfección de su efímera obra, que un simple soplo de viento deshace.
Comienza el 2012, comienza nuestro 2012, y quizás nos preguntemos angustiados si alcanzaremos nuestros objetivos como individuos y como sociedad. Pero de lo que no debemos dudar es del valor de nuestro propio anhelo, de la fuerza de nuestra esperanza y nuestra lucha. No hay excusa para rendirse, nunca.

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