lunes, 16 de abril de 2012

NO SE PUEDEN COMPRAR, SON UN REGALO

“Los Hombres compran cosas hechas en los mercados. Pero como no existen mercados de amigos, los hombres ya no tienen amigos” le explica el zorro al Principito. Los mercados, el dinero, la compra-venta, y la soledad: el mal de nuestro siglo. Y la infelicidad.
Los amigos, los buscamos toda nuestra vida: en nuestro primer día de colegio, temblando, cuando nos separan de nuestra madre. Y ya adolescentes, ese amigo o amiga con quien reímos contándonos nuestro primer amor o con quien lloramos nuestro primer desengaño. Hasta el final, cuando rotos y perdidos nos refugiamos en una Residencia para no molestar a los hijos: la vecina de mesa, a la que le falta una pierna, o el vecino de la habitación de al lado, esos amigos del último tramo del camino a los que nos aferramos buscando alivio. Los amigos, como un bálsamo sobre la herida que es tantas veces la vida.
Los amigos son un regalo. No hay dinero para comprar un amigo, ni ley que nos haga merecerlos, ni contrato para atarlos. Los amigos, la vida los pone en nuestro camino. El único lazo que nos une está hecho de libertad.
Los amigos nunca son un número, ni guardan un orden: no hay 1º, ni 2º, ni 8º. Cada uno tiene un nombre, cada uno es único. Y cada uno con sus cosas, no hay un amigo perfecto, y así ha de ser. Los hay de toda la vida, y los hay de ayer, los hay que te acompañan un trecho, y luego desaparecen largo tiempo. Vuelven a aparecer, pasadas décadas, y te sorprendes: “¿Qué ha hecho el tiempo con nosotras?” Pero en el nido de arruga de los ojos descubres la proximidad de la mirada. Siempre han estado ahí. Te escuchan y los escuchas, a cualquier hora. Los hay que sin palabras te entienden, los hay que sienten y piensan como tú, y los hay diferentes, que fruncen el ceño cuando oyen tus ideas, que votan a otro partido, que creen en otro dios, o simplemente no creen, pero sin saber por qué, son tus amigos.
Sentarse al sol con los amigos, compartir unas risas, un buen vino o una tortilla de patatas, no hay nada mejor. No vale nada, es un regalo de la vida, un regalo del corazón.
No me extraña que Jesús nos llamara amigos, regalo de la vida, si hacemos lo que nos dijo: amar. Amar con las puertas abiertas.

Imagen:http://sonpareja.com

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