miércoles, 11 de julio de 2012

LA FINA LÍNEA QUE SEPARA LA INDIGNACIÓN PACÍFICA DE LA RABIA DESESPERADA.

"Nada hay más frágil que la lucha pacífica, más susceptible de cansancio, desesperación y mutación en rabia violenta (barrios de Londres saqueados, quema de coches en Alemania, puede ser el principio). Y al mismo tiempo, nada es más fuerte, cuando se enraiza en la paciencia sin prisas, obstinada, en la lucidez positiva, en el compromiso con el ser humano. Sus adversarios la contemplan condescendientes al principio (juegos de niños soñadores, piensan), pero acaban sintiéndose incómodos y cediendo a la represión.
Hay demasiado comprometido para ceder y renunciar a la lucha pacífica. Es necesario inventar el futuro sin renunciar a lo que somos, a nuestra historia. Hay que aprender de los errores de los sistemas caducos que se han demostrados ineficaces porque han olvidado los derechos del ser humano, los principios de fraternidad, igualdad y libertad, de compasión universal, de compromiso. Ni el liberalismo salvaje, ni la ramplona pereza algunos de los que viven de subsidios. El compromiso solidario de todos, el respeto a la libertad de todos. Todos estamos en el mismo barco, un pequeño planeta azul colgado en el Universo, ya no hay islas. Tenemos que remar en la misma dirección. Jóvenes indignados que buscan una regeneración democrática, seniors dentro del sistema con experiencia y preparación pero que aún conservan ideales y sueños: no despreciéis el valor de unos y otros, os necesitáis unos a otros. Todo puede cambiar, depende de todos nosotros".
Hace casi un año que escribí esta entrada, en el inicio de los movimientos del 15 M. Hoy, 11 de julio, Madrid se conmueve con los disturbios que rodean la manifestación de los mineros, venidos de todos los puntos de España. Y el Presidente de la Nación explica las drásticas medidas que adoptará su gobierno. El pueblo se crispa, cunde la desesperanza. Y la fina línea que separa la indignación pacífica de la rabia me parece más frágil que nunca. Y sin embargo, pienso que es el momento del rearme interior, de la fuerza, del coraje, de la imaginación, de la unión de todos por el auténtico cambio, el que no se rinde ante los abusos ni ante la tentación de violencia

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