miércoles, 11 de julio de 2012

VALENCIA: OLOR A CENIZA, A DESIDIA, A CORRUPCIÓN

Los que hemos nacido en el Mediterráneo no podemos respirar sin evocar el olor del mar y de los pinos. Pero hoy esa hermosa tierra huele a azufre, a ceniza. A desprecio, a dejadez y desidia, a codicia, a corrupción.
Gobiernos corruptos, sentados en el banquillo. Pueblo arruinado, empobrecido. Tierra esquilmada. Ese es hoy el panorama.
Y frente a las llamas, el trabajo desesperado de esos hombres heroicos, los bomberos. No tienen medios suficientes para apagar el fuego, y me imagino su coraje, quizás también su rabia. Podría haberse evitado, lo sabemos todos. Si hubiésemos amado a nuestra tierra, si hubiésemos cuidado de ella, pero los bosques son abandonados a su suerte, se convierten en una fabulosa hoguera lista para el desastre.
Lo mismo ocurre con las playas, con las costas, víctimas de una especulación urbanística salvaje.
Y mientras tanto ¿podremos tumbarnos tranquilamente al sol, o tomarnos una cerveza fresca en cualquier chiringuito de la playa? Resignados, o indiferentes. Unos cuantos pinos menos, o un mar contaminado, o incluso algunas gentes más sin casas, sin recursos ¿Y qué le vamos a hacer? ¿y yo qué culpa tengo?_  nos preguntaremos.  Hace poco leí una magnífica entrada de una persona que lucha contra los desastres, y en ella ponía el dedo en la llaga: todos somos de un modo u otro culpables, todos ponemos nuestra pequeña brizna de paja en esta hoguera

Esta Tierra es tu casa, es nuestra casa. Y la casa de nuestros hijos, de nuestros nietos. Y si de una manera u otra hemos contribuido al desastre en algún momento, también podremos aportar nuestra gota de agua a la lucha por un mundo mejor. Porque somos responsables de “nuestra rosa”, como decía Saint-Exupery. Somos responsables de nuestra Tierra, de nuestro pequeño Universo, de hacer este infierno un poco más habitable para los que vengan detrás. Podemos decidir de que lado estar: del de las llamas o del hombre que lucha contra ellas.


Imagen:www.cuatro.com

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