miércoles, 8 de agosto de 2012

EL ALCALDE DE MARINALEDA, MI AMIGO Y LA FINA LÍNEA

Desde hace tiempo he admirado la entrega de Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda, a su pueblo, al bien común. Tanto, que en muchos conceptos me ha parecido un modelo a seguir. Pero la acción que ha promovido, el asalto de varios supermercados en Andalucia, para repartir el botín a los necesitados me parece un error. No dudo de su intención , quizás haya sido también llamar la atención sobre la exclusión a la que se ven abocados cada vez más personas en nuestro país ( no hablemos ya del Tercer Mundo), quizás lo consiga, pero no estoy de acuerdo con el medio empleado.
Hace poco un amigo consiguió 2.500 kilos de comida para gente necesitada de un barrio de Madrid. Se lo propuso y lo consiguió en poco tiempo, y hablaba de 2.500 de solidaridad. Y lo que considero la clave, lo más importante, es que mi amigo creyó en la solidaridad de la gente, toco la fibra humana, y la despertó, la desencadenó. Y esto es lo esencial: existe la bondad, la solidaridad, a pesar de todo y en cualquier crisis, y es eso lo que hay que desencadenar, esos son los diques que hay que romper. Y la imaginación, la creatividad...Cierto es que se podría señalar que no es una solución recurir a acciones "caritativas" que suponen mendicidad por parte de quien recibe la ayuda, pero en casos de emergencia es un paliativo, aunque no debería frenar la lucha incesante por un sistema equitativo.  
Pero también existe la rabia incontrolada, la violencia impaciente, y eso es incluso más fácil desencadenar, es más efectista, más inmediato, pero roto el dique no sabemos hasta donde pueden llegar las consecuencias. Se puede decir que  esta acción de Sánchez Gordillo es ilegal pero no ilegítima, y que es una situación  de emergencia. Pero sigo opinando que no es la solución, con lo cual ni mucho menos quiero invitar a la resignación y el conformismo, sino al compromiso de todos, a la unión de la gente, a  despertar la conciencia colectiva y poner toda su capacidad creativa en el bien común.  
En estos momentos es fácil dejarse engañar por una falacia muy usada por nuestros dirigentes: la de "y tú más". Yo robo, pero tú más. Cierto, es sin comparación mayor el delito cometido por tantos y tantos hombres "honorables" que roban y estafan impunemente. Pero esto no nos justifica, al contrario, nos corrompe si lo consideramos una justificación para  nuestras acciones.
Es urgente creer en nosotros mismos, en nuestra capacidad de crear nuestro propio futuro sin modelos caducos y corruptos, con toda la fuerza de la conciencia colectiva, constructiva y solidaria

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