lunes, 4 de marzo de 2013

VUELA, HERMANO

No os dejéis llamar  Maestro, porque uno solo es vuestro Maestro y vosotros sois todos hermanos, ni llaméis a nadie Padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo_ esas son las palabras de Jesús. Por eso, me dirijo a Benedicto XVI como hermano.
Siempre agradeceré a la Iglesia Católica que me diera la ocasión de conocer a Jesús de Nazaret, que no deja de sorprenderme y de iluminar mi vida cada día con sus enseñanzas y su ejemplo. Y descubro la belleza, la bondad y la fuerza transformadora de su mensaje, a pesar de su Iglesia: porque esta Iglesia es muchas veces mordaza para su mensaje y manto opaco que cubre su frescura siempre nueva; esta Iglesia ha sido secuestrada a través de los siglos por poderosos que la han instrumentalizado para sus fines, y lo siguen haciendo, y la Iglesia se alinea con ellos para conservar sus privilegios. Lo descubro a pesar de esta Iglesia, pero también gracias a esta Iglesia: porque esta Iglesia es también la Iglesia que encuentra su lugar entre los hermanos y lucha por una vida más digna para todos, en barrios y pequeñas parroquias, aquí y allá, en el Pozo donde trabajó y murió Julio Lois, o en parroquias como la de San Carlos Borromeo, aquí, en mi tierra madrileña; o en tantos y tantos ejemplos que nos alientan, como Vicente Ferrer y muchos otros, ante los cuales sólo siento cuánto me queda que aprender y entregar.
Por eso me atrevo a dirigirme con humildad a Benedicto XVI como a un hermano. Vuela, hermano, le deseo, en ese último tramo de su peregrinaje, el que todos recorreremos y al cabo del cual quisiéramos encontrarnos ligeros de equipaje, o equipados con el único auténtico tesoro, con la perla escondida en el fondo de nuestro ser. Siento sin embargo tristeza al comprobar como el entramado poderoso del Vaticano le acondiciona una jaula de oro en su interior, como si temiera el vuelo libre de un anciano que al final de su vida quiere esperar a su Señor. El mismo anciano que reconoció que los principales enemigos de la Iglesia están en su interior, y creo que no se refería sólo a los escándalos de pederastia, que no son más que el exponente del abuso del poderoso con los más débiles e indefensos del modo más vil y repugnante, sino también al ansia de poder, riqueza y gloria, del que el Vaticano y tantas Iglesias son un claro exponente.
Por eso una vez más quiero expresarle mi deseo: vuela, hermano. Y pido a Dios y a su Espíritu de Amor y Libertad que su Iglesia pueda también un día volar y ser luz para los hombres.

Imagen: maricruzpe.blogspot.com

1 comentario:

  1. A los cristianos sencillos, "borromeos" que percibis el espiritu en cada cosa, CIDADO que lo mismo hasta os termina por crucificar LOS BUENOS

    saludos equologicos Dolores

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