sábado, 27 de abril de 2013

NUNCA AHOGARÁN LA RAÍZ DE LA VIDA

Siguiendo con lo que escribí hace unos días, supongo que me diréis que del amor no se come. Algunos han ido incluso más lejos. Nietzche decía que los débiles y fracasados debían perecer, o Hobbes que el hombre es un lobo para el hombre; la compasión, la empatía es para muchos una debilidad. Sin embargo me reafirmo en mi opinión de que amar es lo que realmente nos beneficia y lo que realmente beneficia a los demás. Claro que para entender bien lo que afirmo es necesario que explique lo que entiendo por “amar”. Amar puede tener muchas manifestaciones, muchos modos de expresarse, de revestirse: desde el beso de una madre a su hijo, o de una persona a su amante, desde la lucha y el compromiso por aliviar a otro, por el bien común, desde la alegría de compartir con los amigos grandes o pequeñas cosas, o penas, dudas o fracasos. Todo esto puede ser expresión de amor, pero en todo caso el amor es la raíz profunda de todo ello. Y en su núcleo el amor es la mayor grandeza, la mayor belleza, el mayor poder y fuerza, y la más profunda sabiduría que el ser humano pueda desear.
No se trata de ignorar hasta que punto los seres humanos podemos llegar a ser egoístas, crueles, ambiciosos, necios; se trata de mirar de frente y sin miedo este lado oscuro de todos nosotros, con la suficiente lucidez para descubrir el núcleo positivo de nuestra existencia y la enorme potencia que se desencadena cuando lo liberamos, cuando no nos avergonzamos de sentir, de reír, de llorar. De amar.
Porque siempre habrá una madre que abrace a su hijo, un amante que se entregue a su amante, un amigo que abrace a un amigo, un hombre, una mujer que asuma su compromiso y su responsabilidad vital por el bien común. Y las guerras, las tiranías, los abusos, las injusticias se sucederán, bañarán de dolor nuestra tierra. Pero nunca ahogarán la raíz de la vida.

Imgen:maricruzpe

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