viernes, 24 de octubre de 2014

¿HUÉRFANOS SIN LÍDER?



Siempre ha costado hacerse mayor, a nivel individual y a nivel colectivo.
Sentirse libre y dueño de la propia vida.
Los buenos padres son los que educan a sus hijos para que sean autónomos. Lo mismo ocurre con los buenos educadores. Y con los buenos líderes.
Un buen líder no es el que nos lleva a la adoración, a arrodillarnos y seguir con los ojos cerrados sus pasos. Un buen líder nos ilumina para descubrir nuestra propia grandeza. Un buen líder nos hace grandes, nos hace camiar a su lado. Y un día incluso da un paso atrás y nos deja ocupar su puesto; su puesto no es un trono de piedra, es un río vivo en el que todas confluimos.
La vida es evolución, la sociedad también. Inventamos la democracia, un sueño que parecía imposible, tan débil que se deforma y marchita con facilidad. Pero no muere, es capaz de regenerarse. Y eso exige que aceptemos el reto de hacernos mayores, de descubrir al líder que todas y cada una llevamos dentro y caminemos de la mano en equidad y libertad.

Es la hora de la gente, o volveremos a vernos arrodillados.

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