sábado, 25 de julio de 2015

¿La hora de la gente? (2)

El 15 M nos hizo soñar que había llegado la hora de la gente. Pero aún queda un largo camino. Aún debe adelgazar la clase política, adelgazar hasta quedar reducida al mínimo necesario para servir a la gente, no para servir de refugio a individuos y grupos de oportunistas. En las páginas de cualquier periódico, cualquier día, los podemos encontrar: hoy Granados, Marjaliza...y mañana, y ayer.
Ellos siguen siendo los protagonistas,  héroes o villanos, pero los amos, los dueños, ellos y los que los manejan y les susurran consignas según sus intereses.
Debe adelgazar esa clase política, el número de sus componentes, su poder, su protagonismo en los medios. Porque el protagonista es la gente, el panadero, el pescador, el agricultor, el enfermero, la doctora, el maestro, el maquinista, el mecánico, los artesanos y los obreros, las personas que se ocupan de las tareas del hogar, de los ancianos y los niños; y los músicos, los artistas, los escritores, las personas que nos hacen soñar, emocionarnos y reír... Sin toda esa gente, sin la gente, el mundo se pararía en seco, los discursos y los mítines, los aparatos de los partidos, se desmoronarían como castillos de arena.
Si por un momento la clase política dejase de mirarse el ombligo, mirase a la gente y se sintiese gente que por un tiempo limitado ( muy, muy limitado, que el poder corrompe y hace perder la perspectiva) decide dedicarse al bien común, el mundo cambiaría. Es la única esperanza que nos queda, la única que nos puede hacer dar el paso y decirnos: "Bueno, pues voy a intentarlo, me voy a dedicar a la política, pero solo por un tiempo, que me conozco"

Imagen: cloudfront.net

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