martes, 3 de noviembre de 2015

La motivación, el motor que nos impulsa, la raíz que colorea nuestras acciones.





La motivación que nos mueve marca la diferencia.
Sería un error no reconocer la complejidad de las personas, debida a su misma naturaleza, a su genética y a sus circunstancias sociales. No me canso de repetir lo evidente: nadie es un ser puro, un bloque de granito o de mármol. Somos complejas, y nuestras acciones siguen a nuestro ser. Pero podemos optar, cultivar y desarrollar una u otra faceta, y contribuir a cultivar y desarrollar una u otra faceta en nuestro entorno, siempre empezando por una misma.
Resultado de imagen de circulos concentricos
La motivación colorea nuestras acciones: la raíz que las alimenta las hace amargas, venenosas o sabrosas y saludables. A la larga, o incluso a corto plazo, esta diferencia se manifiesta. Y esto ocurre en todos los planos: en el plano personal, en las relaciones familiares, o de amistad; en el plano social, económico, político. Se trata de círculos concéntricos, y en el centro la motivación que mueve a cada individuo.
Hay una motivación positiva, que puede sonar manida, por su continuo uso y sus muchas y diferentes acepciones, algo más fuerte que la muerte, algo que nos acompaña desde que nacemos y continúa después de que morimos: el Amor. Y nuestras vidas no son más que un breve instante en el que amamos, o pasamos sin vivir.

Imagen:freepik.es


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