sábado, 9 de enero de 2016

Me duele Cataluña.

El acuerdo alcanzado in extremis entre la CUP y Junts pel Sí me produce una extraña sensación, entre vergüenza, perplejidad y enfado. No encuentro lógica en todo el proceso de estos tres meses, ni en el resultado final. Solo entiendo que el interés independentista ha predominado sobre todo otro interés, a sabiendas que no es la mayoría de la sociedad catalana la que desea esta independencia y que unas nuevas elecciones podrían dejarlo en evidencia, además de apartar a los actuales protagonistas del espacio político, dos razones de cuyo orden de importancia podemos dudar.
Me siento perdida, intuyo que la solución a Cataluña, España, Europa, Siria…no está en esta dirección (levantar nuevas fronteras, nuevos muros…¿por ser una nación, por tener una lengua, por creer en un dios?) Intento dirigir mi mirada hacia otra salida, y tropiezo con los dirigentes de la tierra en la que nací que se dirigen en tropel en sentido contrario. Hoy siento una enorme tristeza. He llorado por los refugiados sirios atrapados entre fronteras, y cada nueva frontera me parte en dos.

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