jueves, 14 de enero de 2016

No me avergüenzo de ser un mamífero.


¿O quizás lo habíamos olvidado? ¿Acaso preferimos el Mundo Feliz del que nos habló Aldous Huxley? Aquel mundo que se horrorizaba de la vejez, la decrepitud o la maternidad natural de un mamífero, frente a ser concebido en una probeta.
Somos mamíferos, nos gestamos en el vientre de una mujer, nos alimentamos de leche materna.


El primer día de Carolina Bescansa como diputada amamantando a su bebé en el hemiciclo no ha suscitado una amplia e interesante polémica. En mi opinión, ha sido un pequeño gesto que puede tener un impacto muy positivo. En primer lugar, por devolverle todo su esplendor a la maternidad y normalizar acciones llenas de belleza como amamantar a un bebé. En muchas culturas menos deshumanizadas que la occidental es algo natural y aceptado. En segundo lugar, muestra la posibilidad de que la mujer se integre y participe en la vida pública, hasta el más alto nivel, sin renunciar a sus privilegios de ser madre. Y en tercer lugar, pienso que la nueva política que pretende una mayor participación de la ciudadanía en la vida pública por el Bien General de la sociedad tiene que ser consciente de que esto requiere una larga y profunda pedagogía. Un bebé en el Parlamento, puede ser ese primer pequeño gesto que señale un nuevo estilo. Porque en política, las formas son también el fondo.

Imagen: elcorreoweb.es

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