jueves, 18 de febrero de 2016

La guerra, el olvido y la memoria.


La guerra deja la tierra colectiva sembrada de minas. El olvido es el peor remedio, cubrir de arena o ramajes esas semillas destructivas es un error: tarde o temprano pisamos el nido de la serpiente y saltamos por los aires.
Nada se cura sin el recuerdo de las heridas. Cada persona, cada colectividad, necesita la catarsis de la memoria y el recuerdo de lo ocurrido, la historia. La memoria de nuestra historia nos hace conocernos y nos ayuda a prever y construir el futuro.

Pero la memoria puede hacernos una mala jugada: la memoria selectiva o parcial no nos curará sino que será otra cara del olvido. La memoria nos curará cuando aceptemos recordar y reconstruir toda la historia, sus claros y sus sombras. Escuchar a todas las personas, entenderlas, comprender la ira que nace del dolor, sentir que nadie es inocentes y que de una vez por todas no queremos estar del lado de los verdugos sino de las víctimas, de tantas personas inocentes. Difícil tarea.

En las actuaciones que se llevan a cabo por la Ley de Memoria Histórica existe el peligro de promover una memoria selectiva o parcial. Sería un error y la paz verdadera perdería una ocasión de afianzarse. El terreno seguiría minado.

Imagen: ViviendoSanos.com
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