martes, 22 de marzo de 2016

La sangre de los inocentes.



Los cristianos celebran la pasión, muerte y resurrección de Jesús. En estos días me gusta alejarme del ruido para entender su significado más allá de las creencias religiosas. Y esta creencia para unos, o mito para otros, se vuelve hoy más real que nunca. El grito del dolor y la sangre de los inocentes llega hasta el último rincón de la tierra. La sangre y el dolor de los inocentes, de esos hombres, mujeres y niños que son tratados como mercancía incómoda y con los que se negocia por un puñado de monedas, por unos millones de euros, los refugiados que huyen de la guerra. Lesbos, Moira, Siria…
Imagen: infromaria.com

 La sangre y el dolor de hombres, mujeres y niños que se despiertan aterrorizados por las bombas terroristas en el metro y en el aeropuerto. Bruselas. Rabia, odio, indiferencia, brutalidad salvaje. La dignidad humana pisoteada. La espiral de violencia y muerte desatada. Y en medio de todo ello, la sangre de los inocentes. Y un grito potente, un grito de esperanza  pesar de todo: solo hay un camino: la Paz es el camino, la paz construida sobre la justicia, la solidaridad, la fraternidad. Un grito desgarrado. Que no nos callen, que no nos hielen el corazón. Que no nos paren.

Imagen: elperiodico.com

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