miércoles, 21 de octubre de 2020

Hasta que el respeto por el pensamiento y la libertad de los otros sea universal.

 Samuel Paty, profesor de historia de un Instituto francés, ha sido decapitado en plena calle este 16 octubre por un joven de 18 años al grito de Alá es grande. Me ha costado asimilar la noticia, hasta hoy no he sido capaz de poner en palabras el profundo dolor que me causa lo sucedido. Dolor por la muerte cruel de un inocente, Samuel, por pensar en libertad e intentar enseñar a los jóvenes a ser libres, dolor por su familia y amistades. Dolor por la ceguera y el fanatismo del joven Abdoulakh A, envenenado por la frustración, la ira, y la ignorancia. Y por tantos como él, víctimas de los peores verdugos: los maestros del integrismo religioso. Son estos últimos los que no merecen ningún perdón, sea cual sea el nombre del dios que invocan para promover el odio. Sí, también dolor por los musulmanes que aman la paz, contra los que integristas de otro signo encontrarán en lo ocurrido una excusa para atacarlos y denigrarlos.



Declaraba el Presidente francés que el miedo va a cambiar de bando. No es la primera vez que lo escucho. Es cierto que hay que sobreponerse al miedo. Pero la raíz para combatir la lacra del terrorismo de cualquier signo no está en que el miedo cambie de bando, sino en que el respeto por el pensamiento y la libertad de los otros sea universal. 


Copio algunas de las reflexiones de mi ensayo "Punto de encuentro, más allá de los mitos" 

(página 32 a 36)

6. 

“La ira de Dios” ha oscurecido el cielo del creyente con la amenaza del infierno, pero “la ira de Dios” no es más que la torpe proyección de nuestra propia ira, de nuestra propia sombra.

_Cuando los hombres han pintado la cara de un dios enfurecido, han pintado su propio retrato. 

Hay un infierno que temer, el infierno al que nosotras mismas podemos arrojarnos. Para un amante, no hay infierno comparable a perder el amor del amado. Pero ante la bondad suprema esto no es posible: existimos por ese amor y ese amor es eterno e inmutable. Somos nosotras mismas las que podemos darle la espalda y alejarnos de él. Ese es el infierno. 

Esforzarnos cada segundo por vivir con honestidad y rectitud, intentando reflejar y realizar en nuestro ser esa misma bondad, ese es el camino del cielo. El cielo y el infierno están dentro de nosotras. Es a nosotras mismas y a nuestra capacidad de engañarnos a quien hay que temer toda nuestra vida, y atravesar confiadas todas las sombras que nuestro ego pueda interponer entre nosotras y la realidad.  

Los hombres siguen alzándose unos contra otros en nombre de “la ira de Dios”, como lo han hecho desde siglos, para desagraviar a su Dios o a su Mesías ante las ofensas de los no creyentes. Si  limpiásemos nuestro corazón de nuestra propia ira, contemplaríamos la luz de la misericordia y la paz, la luz que ilumina a todos los hombres con el sello de la fraternidad.  

 

7. 

La religión divide, domina y engaña a las personas, dicen algunos.

Es cierto, y al mismo tiempo es todo lo contrario. Las religiones han sido y siguen siendo un arma poderosa para dominar a los hombres, y el dominar siempre implica engaño, pues ningún ser humano consciente de su dignidad aceptaría ser dominado. Y el ejercicio del poder y el dominio acarrean el enfrentamiento entre aquellos que quieren alzarse sobre sus semejantes y que terminan manipulando a “sus creyentes” contra los creyentes de sus competidores. Así es, y sin embargo es todo lo contrario. “La religión debe llevar al hombre de la diversidad a la unidad, de la separación a la unión, de la esclavitud a la emancipación” afirma Swami Sivananda, maestro hindú. “La

espiritualidad es la base de la auténtica civilización. Establece la paz entre los hombres…la espiritualidad debería ser la religión más importante del hombre”,

señala en otro lugar.  

En nuestros días se buscan los rasgos que nos diferencian de los otros (y no sólo los basados en las creencias religiosas) y  los grupos humanos se blindan unos contra otros,  resaltan y subrayan lo que los identifica y separa del resto. 

La espiritualidad profunda nos hace encontrar en el fondo de nuestro corazón el motivo fundamental para abrazar a todas las criaturas, el asombro del don gratuito y compartido de la existencia: ese sentimiento no divide, ni engaña ni domina, sino que une, libera e ilumina el camino de la vida. 

 

8.

El equilibrio de nuestro mundo actual es muy delicado. La religión puede jugar un papel muy importante, para bien o para mal. Si las distintas creencias dan paso a integrismos radicales se convertirán en poderosos instrumento de tiranos y podrán ser un desencadenante de odios y luchas, pero si se profundiza en dichas creencias, buscando lo que nos une, el sentimiento de gratitud hacia el origen bondadoso de la vida que se nos da, y un sentimiento de empatía hacia todos los seres, entonces la religión podrá ser un motor para un cambio positivo, para la construcción de un mundo mejor. 



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