sábado, 10 de agosto de 2013
BENDICIÓN
"La auténtica felicidad, nadie ni nada nos la puede dar o arrebatar. Es un don, como la misma existencia. Pero esto no significa que es algo definitivamente alcanzado: la podemos enturbiar, empañar, apagar y cada día, cada amanecer, tenemos que decidir ser felices, ser libres, ser auténticos. Entonces nuestras vidas podrán ser una bendición para los demás, no un estorbo o un obstáculo que les vele la auténtica felicidad".
Lo escribí en abril del año pasado y hoy lo releo y lo copio como continuación de mi anterior entrada.
No serán los bienes que acumulemos, ni lo conocidos o famosos que seamos, sino lo que realmente hayamos conseguido llegar a ser. Desnudos, no hay lugar para el engaño. Ni hay nada grande o pequeño. Lo grande puede ser insignificante y lo pequeño grandioso.
Y me digo cuánto camino me queda por delante para alcanzar esta bendición.
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