martes, 26 de marzo de 2019

Presentación de "Punto de encuentro, más allá de los mitos" 28 de febrero y 15 de marzo.



   A lo largo de mi vida me he alimentado de la sabiduría de personas que me han inspirado a través de los libros y de la historia, y de personas con las que he compartido mi tiempo.
En este ensayo comparto lo que he recibido. No está concluido, pienso que todo está por terminar. Así lo presento: los pensamientos son libres como las nubes, son de todas. Vuelan, se posan, se transforman, se multiplican. Alivian, consuelan, inquietan, remueven los sentimientos o los apaciguan. Como lo recibí lo entrego. Sencillamente.





   Todas las personas nos hacemos preguntas, la vida no siempre es fácil, muchas veces es  dura y dolorosa, insoportable. Buscamos respuestas y sentido a nuestras vidas, a todo lo que nos rodea, y las encontramos en nuestra cultura, en sus creencias, en sus mitos; la buscamos a lo largo de la vida, a través de nuestras vivencias y experiencias. En este breve ensayo comparto mi búsqueda y las respuestas que encuentro, que intuyo; no se trata de certezas sino de  búsqueda
   Entre los acontecimientos y experiencias de los últimos años, el anillo me ha ayudado mucho en mi búsqueda de sentido. Os hablo de él  en el primer capítulo. Es la historia de un anillo, al que he llamado el anillo del círculo infinito. Cuento como su magia se apoderó de mí, o más bien como proyecté las ancestrales creencias en la magia en él. Había creado un mito, aunque personal y doméstico.  Soy consciente de lo intrascendente que puede resultar esta historia,  sin embargo me ha ayudado a encontrar respuestas y deseo compartirla.
 A partir de esa historia, reflexiono sobre el significado de los mitos. Cada grupo humano, e incluso cada persona, busca y encuentra su propio anillo para transformarlo en mito, sustento y alivio en el transcurrir existencial. El anillo es con frecuencia secuestrado y utilizado para la división y enfrentamiento entre individuos y grupos, convertido en instrumento de poder en manos de los tiranos. Sin embargo,  más allá de todas estas perversiones, llego a la conclusión de que hay un punto de encuentro más allá de todos los mitos, y es ese punto de encuentro hacia donde deberíamos encaminarnos. A superar el enfrentamiento con “los otros”, a la unidad.
 Mi experiencia con el anillo me ha ayudado a comprender mejor el significado de los mitos. Nuestra naturaleza humana, racional y al mismo tiempo imaginativa, emocional, creativa, hace que los necesitemos y los creemos, y que nos agarremos a ellos con fuerza.
Puedo reconocer el valor de los mitos y la necesidad que tenemos de ellos, puedo respetarlos, pero siento la necesidad de señalar el peligro que pueden implicar: el dogmatismo, el fanatismo, la intolerancia. El dogmatismo y el pensamiento único toman muchas caras, a veces incluso rostros que se enfrentan como los mayores enemigos, pero tienen un elemento esencial común: la estrechez de miras que lleva hasta la ceguera. La cruz, la media luna, la estrella roja son muchas veces exponentes de este dogmatismo. La visión distorsionada que nos hace creernos únicos poseedores de la verdad y la bondad, se transforma en ceguera y rechazo del otro. Pero  la verdad y la bondad son patrimonio de la Humanidad, de todas y cada una de las personas que asimilarán y personalizarán esa verdad según sus propios rasgos individuales o culturales.


   En nuestra búsqueda de sentido, podemos encontrarnos con la duda, con el absurdo: es otra opción. En el fondo, se trata de elegir: lo expreso en estos párrafos:  
"¿Y si el Universo fuese una fuerza ciega, la armonía de los números sin música ni poesía, sin el estremecimiento de los sentimientos? ¿Y si yo no fuera más que el más pequeño de los átomos que esta fuerza ciega arrolla en su flujo? ¿Y si el dolor, las lágrimas y la muerte no fueran otra cosa que un minúsculo punto oscuro prescindible en la explosión de la Existencia? El asombro ante la magnitud de la Existencia puede despertar en nosotras estas preguntas, y podríamos optar por la respuesta del absurdo y la negación, de la oscuridad desesperanzada. ¿Dónde encontrar un atisbo de luz, una razón para la afirmación y la esperanza? Podemos encontrarla en nuestro interior, desnudo, en nuestro propio ser. Si podemos descubrir que somos capaces de Amar, ese pequeño núcleo de luz y esperanza nos descubre la mayor fuerza transformadora de la Existencia. Descubrirlo y gestarlo en nuestro interior por un acto positivo de nuestra voluntad, y darlo a luz con cada una de nuestras acciones.
    Puedo preguntarme si le soy indiferente al Universo, pero la pregunta que debo hacerme  es si me es indiferente el Universo, el Otro-no-yo. Si no me es indiferente, por la ley de la reciprocidad puedo soñar que tampoco yo le soy indiferente."

-         En los siguientes capítulos hablo de espiritualidad, de religión, de mitos; de economía, de educación, porque la realidad se constituye no de espacios paralelos sino de planos que se cruzan, confluyen... De la concepción del propio yo, del mundo y de la transcendencia, depende el sistema social y económico que construyamos.
   Todo se reduce a la elección de patrón de pensamiento y actitud que determina la conducta a todos los niveles: la elección del patrón “soy el centro”, domino y poseo a los otros, o “soy parte del círculo infinito”, nos cuidamos unas a otras y compartimos.

-          Este ensayo es una invitación a la acción. Nos hacemos preguntas, encontramos respuestas y fabricamos nuestros mitos. Damos el salto, y pasamos a la acción. A actuar según nuestras respuestas, si queremos ser coherentes. “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo” (Gandhi)
   Para este cambio tenemos que empezar por dominar a nuestros propios dragones. A veces hacemos planteamientos muy simples: los malos son los otros, los otros son los dragones.
    A estas alturas me he dado cuenta de que "yo" no voy a cambiar el mundo. La verdad es que me quito un peso de encima. No soy el centro, ni la piedra angular, soy una entre infinitas personas. También me he dado cuenta de que, lo quiera o no, soy una ínfima parte de ese cambio. Soy parte. "Los sueños dejan de ser sueños cuando son soñados por muchos que empiezan a moverse en una misma dirección. Esto está ocurriendo ya"

-          Ese punto de encuentro, más allá de los mitos, implica ponerse en marcha hacia la paz, la libertad, la igualdad, hacia un mundo más fraternal, donde las relación entre las personas a todos los niveles sea de cuidados y cooperación, no de poder y utilización, donde se respete la dignidad de todas las personas.  Podemos preguntarnos si esta meta es una ilusión, una Utopía: La paz, la democracia, la libertad, la igualdad. Y la fraternidad, por supuesto. Metas no alcanzadas, quizás inalcanzables para cada una de nosotras, pero destino irrenunciable de todas nosotras. Sé que no las alcanzaré, pero sé que no puedo renunciar a ellas, que debo ser parte de este camino.
“La paz es el camino” (Gandhi)
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar” (Eduardo Galeano).
   Junto a la aceptación de la Utopía, el compromiso y la resistencia.

-          Y como síntesis de este caminar hacia la Utopia, la evolución.
   La razón y la palabra son nuestras mejores señas de identidad: somos capaces de razonar, hablar, escuchar,  contrastar, y entendernos, compartiendo la parte de verdad que cada persona descubre; somos capaces de sentir con los otros, de empatizar, de cuidar del bien común: esa es nuestra fuerza, no nuestra debilidad.
   Sobrevivir dignamente como humanos presupone que estas facetas positivas de nuestra naturaleza se desarrollen, que evolucionemos y dejemos atrás la naturaleza depredadora e irracional primitiva.
   El mundo está cambiando a velocidad vertiginosa, la IA está ya aquí y esta revolución es mucho más profunda que la revolución industrial. Cada avance técnico requiere un avance ético.   
   Creerse el centro del círculo, acumular riqueza y poder en detrimento del bien común, desgajarse de los otros, nos convierte en el ojo del huracán con efectos devastadores para la comunidad humana, para el planeta y para nosotras mismas. Las consecuencias de la visión distorsionada de la realidad son especialmente nefastas en el ámbito de la economía y la política. De nada nos servirá ganar el mundo entero si perdemos nuestra humanidad, la última etapa de la evolución de las especies.

   Termino con los últimos párrafos de mi ensayo:
   Sentí…”que toda nuestra efímera existencia se transformaba en un impulso vital hacia ese punto de encuentro, la casa común, hacia ese abrazo con todo, que se traduce en acciones llenas de comprensión y compasión por todo lo que existe.
No se trata de una certeza, se trata de un acto decidido de voluntad, una opción positiva, aun en medio de la oscuridad. Elijo ser feliz, aceptando vivir en armonía con lo que descubro en mi conciencia: consciente finalmente de mi profunda ignorancia, decido dejarme arrastrar por ese impulso vital que me empuja y levanta a través de la oscuridad hacia el punto de encuentro, más allá de los mitos y los sueños”.


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