Es joven, con gafas. Me fijo en sus manos y sus uñas pequeñas, cortas y sin pintar, mientra teclea mis datos en el ordenador. Pelo corto. Sin maquillaje. No lleva pendientes, ni pulseras, ni collares. Bata blanca. Mi doctora. Amable, eficiente, responsable de mi salud. Me siento segura y cuidada. También aliviada. Mientras esperaba a ser atendida me había fijado en otras dos pacientes: incluso me comparé con ellas al observar sus uñas de pies y manos perfectamente esmaltadas de rojo, la armonía entre bolsos, zapatos, y accesorios (pañuelos, joyas...). Pensé que yo era y había sido toda mi vida un desastre. Pero al entrar en la consulta, ante la sonrisa de mi doctora, todos mis complejos desaparecieron.
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martes, 9 de mayo de 2017
martes, 18 de agosto de 2015
Nadie es más que nadie.
Si comprendiésemos que nadie es más que nadie se
solucionarían muchos problemas. Por un lado se terminaría con la arrogancia de
los que desprecian a los otros con un fatuo complejo de superioridad; por otro,
con el resentimiento y la insatisfacción, a veces llena de envidia, de personas
acomplejadas y descontentas consigo mismas. En lugar de estas dos actitudes
erróneas todas las personas deberían desarrollar la humilde sabiduría y la
aceptación gozosa de las propias cualidades y debilidades, y el profundo y
sincero respeto por las de las demás.
Muchas brechas sociales se podrían subsanar con este cambio
de mentalidad, como por ejemplo el enfrentamiento entre intelectuales vs
trabajadores manuales.
Por un lado, entre
muchas personas, que podríamos calificar como intelectuales por su formación y
profesión, existe una soberbia que les hace menospreciar a aquellas que no
pertenecen a su clase. Esta actitud demuestra una profunda ignorancia vital, el
desconocimiento de las infinitas cualidades y capacidades que permiten realizar
tareas absolutamente necesarias para el bien de la comunidad. La inteligencia
abstracta es solo una parte de la asombrosa capacidad humana.
Po otro lado, entre los
trabajadores manuales y artesanos, se da con frecuencia un sentimiento de
resentimiento contra la clase “intelectual”. Por desgracia, no son pocos los
episodios de revancha que se han dado a lo largo de la historia. Llevar gafas o
no tener callos en las manos ha llegado a ser motivo de ser considerado un
enemigo en algunos lamentables casos.
Si realmente entendiésemos que
todas las personas poseen la misma dignidad, que todas son diferentes, valiosas
y necesarias, los complejos de superioridad e inferioridad, igualmente dañinos,
no tendrían cabida. Que cada uno se dedique a aquello para lo que está más
capacitado: eso no es clasismo ni elitismo, es simplemente sentido común, y en
el fondo auténtico respeto por la dignidad de todas las personas sea cual sea
su oficio o profesión. No pretendamos que el zapatero nos opere de apendicitis,
ni que el cirujano se dedique a hacer zapatos. Los necesitamos a los dos, los
dos son valiosos, los dos dignos de todo respeto. Pero, como dice el refrán
popular, “zapatero a tus zapatos”.
imagen: pontepalabras.blogspot.com
lunes, 15 de abril de 2013
COMPLEJOS
Las relaciones humanas están cargadas de complejos, y esto es algo que las daña profundamente.
Complejos de inferioridad, que nos anulan y nos encogen.
Complejos de superioridad, que nos hacen atropellar y pisar a los otros.
Y sin embargo, ambos complejos carecen de fundamento.
Porque nadie es inferior, nadie superior ¿en qué, cuándo, en relación a qué, bajo qué criterio? ¿ en dinero, poder, fama, conocimientos...o felicidad, bondad ? ¿ en el breve periodo de madurez, en los años de junventud, y luego, en la ancianidad, o antes, en la infancia? ¡Todo es fugaz! ¿ bajo qué medidor o indicador, qué mide la felicidad, la dignidad humana, el auténtico valor del ser humano?
Toda la vida es un largo camino, un arduo aprendizaje, un enorme esfuerzo por alcanzar la sabiduria. Y la sabiduria es necesariamente humilde. Se ha asociado humildad a encogimiento, abatimiento; para mí es algo asociado a grandeza humana, a ver las cosas no desde el suelo sino desde lo alto, para apreciar su auténtica medida. Y desde lo alto se aprecia mejor lo pequeño que es todo y lo insignificante que son las diferencias entre las personas. Se descubre la igualdad, que nos hace respetarnos a nosotros mismos y respetar a los otros.
Imagen:parroquiavilladelrio.blogspot.com
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