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lunes, 25 de enero de 2016

Cómo ser “sanamente egoísta” sin devenir un cáncer.

Se contraponen egoísmo y generosidad, y se identifican muchas veces generosidad e idiotez. Pienso que es un error.
Hay un egoísmo sano, ese amor al pequeño ego, célula mínima del organismo, que somos cada una de nosotras. Ese egoísmo es bueno y necesario cuando se armoniza con el amor a los diferentes egos colectivos en los que nos vamos integrando: nuestros círculos familiares, sociales, nuestro barrio, ciudad, país, el mundo. Nos vamos integrando en sucesivos “egos”, como las células de un organismo en órganos y aparatos cada vez más amplios y complejos, y el bien de cada una es el bien del organismo. No pueden entrar en contradicción. Cuando esto ocurre y el “ego” celular rompe la armonía con el organismo, esa célula se convierte en tumor cancerígeno, se convierte en muerte que puede contagiar a todo el cuerpo.

La generosidad no significa renunciar al propio bien y al amor a sí mismo sino en armonizarlo con el bien común, a sabiendas que solo así alcanzamos la plena realización de nosotras mismas. La generosidad es lucidez y sabiduría. Solo seremos plenamente felices con los demás. El egoísmo cancerígeno es ceguera, infelicidad y muerte.
Conviene hacer una puntualización: la generosidad no significa dar un "sí" sin reserva ante cualquier requerimiento. El amor que nos debemos a nosotras mismas supone proveernos de las defensas necesarias ante el egoísmo cancerígeno con el que sin duda nos encontramos en muchas ocasiones.Esas defensas se construyen con una palabra no menos generosa que el "sí" : "no". Por amor por supuesto, pero "no".

Imagen: Paul Rezendes a traves de facebook de Estela García

miércoles, 11 de diciembre de 2013

APRENDIENDO A VIVIR

Es la asignatura más importante, la que no se suele aprender en las escuelas y por la que en general no mostramos demasiado interés. Hasta que llega el momento de apearnos y entonces nos damos cuenta de que apenas hemos vivido.
No hay mayor tesoro que la sabiduría, la de los grandes hombres cuyos ejemplos y palabras nos conducen a descubrir en nosotras mismas la fuente del conocimiento. Y así, a veces, al amanecer, conseguimos enunciar en unas pocas palabras, lo que de ellos aprendimos. Que en la vida podemos encontrar situaciones de alegría o  de dolor, y que de ambas podemos salir transformadas en mejor o peor personas, depende de nuestra propia opción. Que los trabajos y quehaceres, la vida misma, puede ser una ligera carga cuando los hacemos desde el corazón, o pueden tornarse en un pesado fardo por el miedo al fracaso o el ansia de éxito cuando se nutren de una motivación egoísta.
Que andamos despistadas, en mil afanes, y una sola cosa es importante: vivir, realmente vivir.

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...