sábado, 28 de enero de 2017

No se pueden construir muros, ni hay fronteras para la maldad.

No se pueden construir muros, ni hay fronteras para la maldad. El fanatismo, la crueldad, la violencia, los abusos, la locura, la sociopatía, la depravación, no discriminan a la hora de anidar en la mente humana: ni la raza, ni la inclinación sexual, ni la religión, ni la clase social es factor determinante. 


Las últimas medidas adoptadas por el Presidente de los Estados Unidos se fundamentan en el principio contrario y por ello además de inútiles son tremendamente injustas y ofensivas.
Son inútiles, porque entre los actuales ciudadanos de los Estados Unidos, también entre los de raza blanca y religión cristiana, los habrá capaces de ser dañinos para sus conciudadanos.
Son injustas y ofensivas, porque excluyen a innumerables personas honradas, buenas, que contribuyen al bien común de la sociedad, sean de la raza que sea, de la nacionalidad o religión que sean: iraníes, sirios, mejicanos, musulmanes...
Son despiadadas, porque cierran la puerta a miles y miles de personas que vienen justamente huyendo de la guerra o la miseria, la peor maldad.
No puedo evitar expresar el profundo dolor que siento por las personas que sufrirán las consecuencias de estas medidas. Pero por oscuro que sea el horizonte, debemos seguir esperando que la luz de la razón y la compasión humana acabe imponiéndose.

Caminando hacia ese punto de encuentro, ese abrazo con todo, que se traduce en acciones llenas de comprensión y compasión.

Hago una pausa durante un tiempo, para internarme en ese camino en búsqueda de respuestas.  "...somos conscientes de nuestra ...