Estamos encerrados. Estamos solos. Pero podemos abrir la puerta. Podemos salir. O dejar entrar. Si abrimos la puerta, Dios entra y lo llena todo, y ya no hay puerta, ni muros. Si abrimos la puerta y salimos de nuestro estrecho yo, saltamos a la inmensidad, nos abrazamos con todos los seres.
Todo puede cambiar. Tenemos la llave, la solución, en el fondo de nuestra conciencia. Es nuestra opción.
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