Mostrando entradas con la etiqueta 8 de marzo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 8 de marzo. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de marzo de 2021

EL FEMINISMO Y LA REVOLUCIÓN RADICAL

Si la lucha feminista pretende un cambio radical y conseguir la igualdad auténtica entre hombres y mujeres, es preciso cambiar el arquetipo humano, el modelo original y sus valores. Los valores arquetípicos del hombre, la fuerza y el dominio, los sitúan en puestos de mando. Los que se atribuyen a la mujer, la ternura y la empatía, la relegan al ámbito del hogar y los cuidados.

Imagen: https://masdemx.com/wp-content/uploads/2017/09/central-2.jpg

Hay que admitir que hombres y mujeres somos diferentes, desde el principio. Cuestión de cromosomas, XX para las mujeres, XY para los hombres, y de esta quiniela se engendra un hombre o una mujer.  Pero los factores culturales han condicionado la conducta humana. Se ha dado prioridad a los valores que han predominado y se han considerado masculinos. Antes de la Historia, en la Prehistoria, a los hombres se les asignaba la tarea de salir de la cueva a cazar por su fuerza, mientras la mujer se quedaba al cuidado del fuego y las crías. Pero se supone que hemos evolucionado. Hoy más que fuerza se necesita habilidad para manejar las máquinas, y eso debería igualar los roles de hombres  y mujeres.

En mi opinión, la gran subversión iría más allá de la rebelión feminista, sería dar el lugar de honor a los valores que se han atribuido a la mujer y reprimido en los hombres: la ternura y la empatía, porque la inteligencia, la fuerza y resistencia a las mujeres no nos falta. Así las relaciones humanas pasarían a fundamentarse no en el dominio y la sumisión sino en los cuidados mutuos y la colaboración, con el cambio social y económico que esto supondría. Porque los cuidados no son una carga que hay que arrojar a la espalda de los otros. Los cuidados mutuos, desde los cuidados de una misma y hasta el cuidado de la Naturaleza, son un privilegio a compartir. Y el dominio de los otros, una lacra a extirpar. 

 La gran subversión consistiría en desinhibir a los hombres. Se los ha sometido a una castración emocional, no llores, los niños no lloran, se les ha enseñado con más de un tortazo. En la etapa actual de la evolución humana ese arquetipo masculino de macho salvaje debe aparecer como lo que es: la reminiscencia del hombre de las cavernas, a un paso de la fiera salvaje.

 Queda mucho que hacer. La educación es fundamental, en las escuelas, en la familia, en los medios de comunicación. Las mujeres debemos luchar porque así sea, con lucidez y amplitud de miras, no cayendo en la trampa de asumir el rol masculino, incluso su estética y su agresividad salvaje. No quiero asumir ese rol, ese no es el arquetipo humano que sueño. Ni quiero excluir a los hombres de esta revolución, esto nos llevaría al fracaso.

Hay un principio común en muchas revoluciones: que el miedo cambie de bando. Es un error, perpetuar el miedo es perpetuar la sinrazón y la fuerza. "Darle la vuelta a la tortilla" como se dice en lenguaje popular, esa no es la solución, todo lo contrario, eso sería lo más continuista que podemos imaginar, significaría perpetuar el modelo de alguien arriba, alguien abajo, alguien dominante, alguien sumiso.

Y hoy no quiero olvidarlas a ellas, las mujeres que sufren la exclusión y el sometimiento porque al factor de género se añaden otros factores de marginación: la pobreza, la raza, la cultura. Mujeres sometidas, apaleadas, excluidas, mutiladas, vendidas, sacrificadas, esclavizadas. Mis hermanas, en todos los pueblos de la tierra. La lucha feminista debe ser generosa y abierta, radical, ir contra cualquier principio que niegue la dignidad humana de las personas, de todas las personas.

Me siento orgullosa de ser mujer. Me siento comprometida con la lucha feminista por la igualdad.

 


domingo, 11 de marzo de 2018

Algún día alcanzaremos un nivel de civilización donde libertad, igualdad y sororidad estén en todas las banderas.


Fuerza y ternura son sin duda los dos rasgos predominantes de la mujer. Son en realidad los rasgos naturales predominante en las hembras de todas las especies, ellas son las depositarias de la trasmisión y cuidado de la vida. La imagen de la leona cuidando a sus cachorros, tan llena de belleza, fuerza y ternura lo expresa de la mejor forma posible.
La mujer es fuerte y tierna por naturaleza. Buscando una imagen que lo exprese, encuentro la de esa abuela boliviana cuidando de sus nietos mientras los padres se matan a trabajar al otro lado del océano.
A lo largo de la historia, las distintas civilizaciones han educado a la mujer para desarrollar la ternura, sin que fuese consciente de su fuerza. El hombre era el depositario del poder y la fuerza.


El 8 de marzo de 2018 es sin duda un momento trascendental en la historia, supone el despertar de la conciencia de la fuerza femenina. El 8 de marzo las mujeres se han mirado entre ellas, han volcado su fuerza y su ternura en sus hermanas, se han unido, han levantado la frente al hermoso grito de sororidad, y han comenzado una revolución como solo las mujeres son capaces de hacerlo: de forma pacífica. Aman demasiado la vida para abrir un resquicio a la guerra. Y son demasiado fuertes para rendirse. Sus detractores dicen que esto pasará, pero los que así piensan no conocen a las mujeres: las mujeres son resistentes por naturaleza.
A todo esto solo tengo un “pero”: el temor al maniqueísmo que nos haría pensar que todas las mujeres son buenas y todos los hombres malos, para decirlo de manera simplona. El maniqueísmo de “los justos” contra los malvados, para acabar siendo como ellos, es la raíz del fracaso de toda revolución. Pienso que todas las personas poseemos en nuestra esencia el principio femenino y el masculino, con sus luces y sus sombras. El deseo de poder y el abuso de poder, la crueldad, están larvados en todas las personas, hombres y mujeres. Y del mismo modo la ternura, la generosidad, la sororidad. La cultura y la educación, y la opción personal de cada una, harán que se desarrolle una u otra cara.
El 8 de marzo muchos hombres dejaron de reprimir su rasgo más humano, la ternura, y cuidaron a los pequeños y ancianos para que sus mujeres  pudieran manifestar su fuerza. Muchos lo hacen a diario, y nos hacen confiar en que la humanidad podrá algún día alcanzar un nivel de civilización donde la libertad, la igualdad y la sororidad estén escritas en todas las banderas.


Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...