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viernes, 8 de mayo de 2020

El infierno de las categorías duales.


Nuestras mentes estrechas se han entretenido en dividirnos en categorías duales, unas contra otras:
Neoliberales- comunistas.
Fachas- rojos.
Empresarios- trabajadores.
Chinos -negros.
Negros- blancos.
Católicos -  herejes.
Musulmanes- infieles.
Judíos - infieles.
Hombres - mujeres
Pobres – ricos.
Estas son las categorías más frecuentes, aunque existen otras y siempre se pueden establecer criterios para clasificar a los individuos.
Si pertenecemos a alguna de estas categorías, nos enseñan pronto que todos los individuos que pertenecemos a ella somos los poseedores de la verdad, los buenos, los inocentes y las víctimas de la ignorancia y maldad de los otros. Todos los otros son los malos a los que no hay que dar ni agua. Tenemos el deber y el derecho de aplastarlos, o aprovecharnos de ellos.
Y dicho esto, ya tenemos los ingredientes necesarios para hacer de nuestras vidas un infierno, en el que el infierno son los otros, como dijo Sartre.
Pero si miramos desde cierta altura, aunque solo sea desde un décimo piso, constatamos que no se puede apreciar diferencia entre los componentes de las distintas categorías, más bien nos parecen todos hormigas. Me imagino la carcajada cósmica si se nos contempla desde un poco más alto.
Necesitamos abrir nuestras mentes a una nueva era, la era de después de todos los confinamientos. Y salir al exterior por otra puerta, la que da al punto de encuentro más allá de todos nuestros mitos. Porque la otra opción es salir por la misma que entramos, la del animal salvaje, el depredador de su propia especie. Y todo por  el absurdo de las categorías duales.


sábado, 1 de noviembre de 2014

EL LAICISMO ¿ESPERANZA O AMENAZA?


¿En nombre de qué dios inventaremos el futuro?
Se llama libertad, igualdad, fraternidad. Felicidad, y Dios si quieres. Y está dentro de cada ser humano, más allá de todas sus circunstancias y accidentes.
Como ser social que es esta criatura, se agrupa con sus semejantes para sentirse arropado y seguro. Y          reviste de mitos, dogmas y ritos ese dios que lleva dentro. Cada grupo lo colorea y lo envuelve con las melodías de su tierra, de su cielo y sus ríos. Distinto cada uno, pero en el fondo es el mismo si lo despojamos de los adornos con los que cada tribu lo ha revestido.
Es un sentimiento profundamente arraigado, por eso los tiranos saben que dominándolo dominarán a sus semejantes. De este modo las religiones y todos los totalitarismos son secuestrados una y otra vez para someter a los individuos.
Hoy se anuncia en nuestro país un cambio profundo que muchos miran esperanzados y otros con temor. En este cambio la religión no ocupa un lugar tangencial. Puede ser un factor de fractura social o un elemento para la convivencia pacífica. Para esto último es imprescindible que tanto los creyentes, especialmente los católicos, como los que se rebelan con amargura por la imposición del poder de la Iglesia Católica en la sociedad española, distingan la diferencia entre la religión cristiana y el instrumento de poder en el que ha sido convertida por sus secuestradores.
Los católicos deben ver con alegría el fin del secuestro que ha posicionado a su Iglesia al lado de los poderosos, que la han utilizado a cambio de privilegios y dádivas. Es una ocasión única de volver a las fuentes del Evangelio, ese hermoso mensaje de fraternidad universal, de entrega y amor a todas las personas, de estar siempre al lado del que nos necesita. Aunque nos quitasen nuestras subvenciones, nuestros templos, nuestros palacios, si es para dar de comer a los que tienen hambre o dar un techo a los que no tienen casa ¿no habríamos de alegrarnos por sentirnos más próximos a lo que Jesús nos enseñó? ¿no sería más reconocible su mensaje?
Y los que sienten la injusticia de los privilegios concedidos a la Iglesia Católica en España,  deben también ser capaces de reconocer la diferencia entre los poderes ocultos que manejan a una Iglesia secuestrada y la fe de muchas personas, y no atacar sus creencias sino a los cómplices del secuestro. El corazón de las personas y sus creencias deben ser siempre tratados con el máximo respeto.
La religión es el opio del pueblo según algunos. ¿También el arte, la música, la poesía? El buscar lo bello y lo bueno más allá de nosotras mismas, o más acá, en lo más profundo de nuestros corazones. Somos así, los seres humanos, racionales, y también emocionales, sensoriales, creativos, imaginativos. Capaces de inventar a dios, o una razón y un sentido a la vida, o descubrirlo.

Necesitamos encontrar un sentido a la vida, una razón a la fraternidad, algo que nos transcienda y nos una: religión, conciencia social, conciencia colectiva… El marxismo y el cristianismo tienen tantas cosas en común, al fin y al cabo.

Hemos inventado el futuro, tantas veces. Y podemos seguir haciéndolo, construyendo sobre los errores y divisiones un espacio donde cada una pueda ser libre y única, donde todas seamos iguales y fraternales. El nombre de tu dios, a mí no me importa. Sólo necesito algo para sentirte mi hermano.

P.D.
Quiero añadir la reflexión de un amigo: el paralelismo con el fútbol. Cuando lo expuso, hubo quien señaló que se trataba de algo distinto. Y sin embargo es distinto en su esencia, fútbol y religión son distintas realidades, pero no lo son como instrumentos del poder político y económico. Del mismo modo que el poder secuestra y convierte a la religión en un instrumento de dominio, el fútbol se convierte en otro magnífico medio de control de masas. Y como todo medio potente, en un medio caro para el Estado. No tengo los datos de la cuantía del dinero obtenido de nuestros impuestos que se dedican a cubrir los privilegios de la Iglesia Católica y de los clubes de fútbol, pero es indudable el paralelismo. O lo empleado en la exaltación del líder en los países de régimen totalitario.



Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...