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sábado, 27 de abril de 2013

NUNCA AHOGARÁN LA RAÍZ DE LA VIDA

Siguiendo con lo que escribí hace unos días, supongo que me diréis que del amor no se come. Algunos han ido incluso más lejos. Nietzche decía que los débiles y fracasados debían perecer, o Hobbes que el hombre es un lobo para el hombre; la compasión, la empatía es para muchos una debilidad. Sin embargo me reafirmo en mi opinión de que amar es lo que realmente nos beneficia y lo que realmente beneficia a los demás. Claro que para entender bien lo que afirmo es necesario que explique lo que entiendo por “amar”. Amar puede tener muchas manifestaciones, muchos modos de expresarse, de revestirse: desde el beso de una madre a su hijo, o de una persona a su amante, desde la lucha y el compromiso por aliviar a otro, por el bien común, desde la alegría de compartir con los amigos grandes o pequeñas cosas, o penas, dudas o fracasos. Todo esto puede ser expresión de amor, pero en todo caso el amor es la raíz profunda de todo ello. Y en su núcleo el amor es la mayor grandeza, la mayor belleza, el mayor poder y fuerza, y la más profunda sabiduría que el ser humano pueda desear.
No se trata de ignorar hasta que punto los seres humanos podemos llegar a ser egoístas, crueles, ambiciosos, necios; se trata de mirar de frente y sin miedo este lado oscuro de todos nosotros, con la suficiente lucidez para descubrir el núcleo positivo de nuestra existencia y la enorme potencia que se desencadena cuando lo liberamos, cuando no nos avergonzamos de sentir, de reír, de llorar. De amar.
Porque siempre habrá una madre que abrace a su hijo, un amante que se entregue a su amante, un amigo que abrace a un amigo, un hombre, una mujer que asuma su compromiso y su responsabilidad vital por el bien común. Y las guerras, las tiranías, los abusos, las injusticias se sucederán, bañarán de dolor nuestra tierra. Pero nunca ahogarán la raíz de la vida.

Imgen:maricruzpe

lunes, 24 de septiembre de 2012

COMPASIÓN Y EMPATIA ¿DEBILIDAD O FUERZA?

Compadecer: (del latín cum juntamente y pati: sufrir, soportar); empatía (del vocablo griego antiguo εμπαθεια, formado εν, 'en el interior de', y πάθoς, 'sufrimiento, lo que se sufre'), capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra. Ambas palabras están muy próximas entre si según su etimología. La nueva palabra, empatía, (que no está recogida en muchos antiguos diccionarios) supone un paso más en lo que supone la compasión: ya no es sólo sufrir con, sino sufrir en.
            “El cristianismo ha sido considerado por algunos filósofos como la religión de los débiles_ escribí en mi ensayo La opción positiva_ Nietzche decía que los débiles y los fracasados deben perecer y que más perjudicial que cualquier vicio es la obra de misericordia con toda suerte de desgraciados y débiles, el cristianismo.[1] Y no lo consideran así únicamente él y aquellos filósofos que teorizaron sobre ello, sino que esta idea está presente en el pensamiento moderno aunque no siempre se explicite. Basta con observar cómo se considera signo de estupidez actos de bondad y por el contrario como se aprecia la astucia del que sabe medrar aún a costa de un comportamiento deshonesto. El ejemplo de líderes políticos, de hombres públicos, los constantes escándalos de corrupción y abuso de poder no hacen más que poner de manifiesto lo que acabo de señalar”.
            El dilema entre la compasión y la empatía por una parte y el “sálvese quien pueda” por otra,  es más apremiante en momentos de crisis como el actual, y aquí quisiera volver a insistir en la fuerza y la lucidez que supone la auténtica compasión y la empatía.
            Lucidez, porque presuponen el conocimiento profundo de ser parte de un todo, como las células son parte de un organismo unitario. El bien de uno es el bien de todos, el sufrimiento de uno es el sufrimiento de todos. Lo contrario nos transforma en tumores malignos que nos destruyen. La misma naturaleza nos ha dotado de mecanismos para “sentir” esta realidad, y se ha demostrado científicamente que el altruismo, la generosidad, desencadenan mecanismos que producen satisfacción. Pero, por desgracia, tenemos ojos y no vemos, tenemos oídos y no oímos; tenemos corazón y no sentimos. O consideramos debilidad el hecho de sentir.
            La verdadera compasión y la empatía no son debilidad, son la mayor fuerza que existe. No es el sentimiento de plañideras y cobardes, es el  motor que nos hace salir de nosotros mismos para identificarnos con el Motor que mueve el mundo: la Fuerza Creadora del Amor. Es la Fuerza Maternal que no sabe de obstáculos ni barreras, que no se rinde jamás. No, no es el dinero el que mueve el mundo. El dinero es un ídolo perverso que ha embrutecido nuestro corazón y abotargado nuestra conciencia. Los que están esclavizados a él se creen los amos del mundo. Pero solo es libre el que es el amo de su propio corazón.
Imagen: blogdecine.blogspot.com



[1] “…los débiles y los fracasados deben perecer, primer principio de nuestro amor a los hombres. Y hay que ayudarles a ello. ¿Qué es más perjudicial que cualquier vicio? La obra de misericordia con toda suerte de desgraciados y débiles, el cristianismo…” Johannes Hirschberger, Nietzsche, segundo aforismo del Anticristo. Historia de la Filosofía, , Editorial Herder,   Barcelona 1967, pag.333

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...