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sábado, 8 de noviembre de 2014

Los pilares: la gente. Ni mesías ni caudillos.

Los pilares: la gente.

La sociedad no se sostiene, ni sigue caminando porque tal o tal partido gobierne un país: se sostiene por la gente, la gente que trabaja, que gana su pan y mantiene a los suyos y de rebote a los demás. Los maestros, los panaderos, los conductores de autobús, los ingenieros, los médicos, los enfermeros, los músicos, los abogados, los comerciantes, los fabricantes de zapatos, los camareros, los cocineros, los investigadores, los empresarios, los obreros, los escritores, los abogados, los agricultores, los camioneros,  los peluqueros, las personas que se ocupan de las tareas domésticas, de los mayores, de los niños…tantas y tantas personas, tantas y tantas maneras de ganar su pan y ofrecer a las demás personas un servicio. Esa es la gente, esa es la sal de la tierra y el fuego del hogar humano, ese es el motor del cambio.
Y luego están los políticos: los que fastidian a  la gente de un modo u otro, los que ni fú ni fa, y, como un sueño, los que son gente para la gente: los únicos que tienen legitimidad.

Estamos en un momento de cambio, pero solo avanzaremos si el cambio es radical, y para eso hace falta la suficiente honradez y lucidez para decir: nos equivocamos, nos corrompimos; los sistemas políticos que creamos han caducado. Hay que crear algo nuevo, aprovechando los restos del naufragio.
De un lado los sistemas comunistas: han fracasado porque han olvidado la unicidad de cada persona, su libertad, su capacidad de ser diferente y de aportar desde su diferencia. Demasiados disidentes en campos de reeducación, en cárceles…No han estimulado la iniciativa privada, el esfuerzo, el mérito. Todos iguales, todos subvencionados, todos mediocres, adorando a un Mesías Rojo que les solucionará todos sus problemas, un papá Estado que les mantendrá en la inmadurez perpetua, y un profundo desprecio hacia los que consideran casta, cualquiera que destaque.
Del otro lado, los sistemas liberales, que han estimulado el individualismo atroz y despiadado, el crecer y alimentarse como un depredador que sabe que come o es comido y elige devorar a los más débiles y contemplar a los otros como un instrumento para su propio beneficio. Un sistema que crea cada vez más y más profundas desigualdades y que margina cada vez a más personas con un  profundo desprecio (que apenas disimula)  hacia los que considera chusma en vez de lo que son: sus semejantes.

Pero otro modo de hacer política, de ser representante de la gente, es posible. Una nueva conciencia de que la gente es lo primero y lo último: no necesitamos Mesías ni Caudillos,  hemos madurado,  hemos superado la infancia,  somos capaces, tenemos hoy herramientas potentes para comunicarnos y participar. Cada una es única y diferente, y  nadie tiene derecho a cerrarnos la boca o a hacernos pensar de un mismo modo; cada una tiene el deber social de contribuir al bien común con todas sus capacidades, todas las personas tienen que ser respetadas y su dignidad ser el objetivo primordial de los gobiernos que tienen que velar por que así sea: el esfuerzo y el merito deben tener su justa recompensa, pero debe existir la redistribución de bienes que evite la acumulación de estos en unas pocas manos y la exclusión de una mayoría. Hemos contemplado en una foto que ocupó las portadas de los periódicos la imagen más clara de hasta qué punto el ser humano puede perder su dignidad: la de unas personas jugando tranquilamente al golf frente a la valla de Melilla donde permanecían encaramados decenas de africanos. Y al hablar de personas que han perdido su dignidad de ser humano, me refiero a los golfistas.


Libertad, Igualdad, Fraternidad: solo unidas son auténticas.
Soy chusma, soy casta, soy gente.

Imagen: menorca.info

domingo, 7 de octubre de 2012

YO TAMBIÉN SOY CHUSMA



De chusma ha calificado Alfonso Ussía a los ciudadanos que se manifestaron junto al Parlamento en Madrid el pasado 25 y 29 de septiembre. Si esos ciudadanos que expresaron su indignación, según sus derechos democáticos, ante un gobierno y unos representantes del pueblo que parecen ciegos y sordos a los problemas de aquellos a los que representan, y lo hicieron de forma pácifica y comprometida, entonces  yo también soy chusma. Por supuesto no lo soy si se refería a la minoría violenta que siempre aparece en las manifestaciones y que agredieron a la policia, o si se hubiese podido referir a los que empleando una fuerza desproporcionada aporrearon y patearon a ciudadanos, o a los que dieron la orden de reprimir violentamente a los que ejercían su derecho, o incluso llevaron ante la justica a los "golpistas"   (  afortunadamente, la justicia ha dado carpetazo al asunto, que bastante tiene con perseguir a corruptos y dilucidar dónde está el dinero robado al pueblo por el fraude fiscal).
Hoy lo he vuelto a ver, entre sus compañeros al salir sonriente del juzgado: no han dicho su nombre, no es una estrella. El hombre de pelo largo y alborotado, un tanto canoso, con una bolsa de plastico en la muñeca, cazadora tejana, y las manos blancas levantadas, entre los manifestantes y el cordón policial, pidiendo calma: me pregunto si es por esto por lo que lo detuvieron. Hoy sonreía. Y sí, si personas como él es a quienes se refiere   Alfonso Ussía como chusma, entonces yo también soy chusma

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...