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martes, 5 de noviembre de 2013
LOBOS
"El hombre es un lobo para el hombre, según el filósofo Thomas Hobbes.
El individuo (o un grupo con carácter definido como individuo, ya se llame pueblo, nación, secta) se configura desgajado y sin sustrato que le una al resto. La finalidad del individuo, o de ese grupo, es su propia vida y todos los medios están justificados. Según esta opción, es perfectamente lógico el abuso de poder de cualquier tipo; el poder es un instrumento de dominio para el propio provecho, se impone y cualquier medio está justificado. Las tiranías, las falsas democracias o demagogias ¿por qué condenarlas? Su único fallo sería ser débil. ¿Y qué decir de los escándalos financieros, la corrupción política, las mafias, la delincuencia organizada? Su único fallo sería el ser descubierto. Y por supuesto, cualquier guerra y la aniquilación de lo que nos estorba sería perfectamente lógico. ¿Por qué no destruir un pueblo para apoderarnos de sus bienes? O exterminar por pasiva o por activa a pueblos o grupos indigentes de los que no se puede obtener ningún provecho. O dominar y subyugar al sexo opuesto. El único fallo aquí también sería ser débil y la única meta, ser el más fuerte.
Si esta es nuestra opción, debajo de cualquier careta de civilización o humanidad no existe otra cosa que el rostro cruel y sin piedad del lobo, la compasión es una debilidad y los que optan por ella acabarán por ser destruidos. Sólo sobrevivirán los individuos o grupos crueles y sin piedad; a veces tendrán que fingir y disfrazarse de corderos, pero en el fondo siempre serán lobos. Estos individuos, estos grupos tenderán a definirse y cerrarse en sus señas de identidad para así acorazar su individualidad; tendrán terror al mestizaje y la indefinición. Para ellos el infierno son los otros.
Se perpetúan los errores, y vencedores y vencidos alternan sus papeles en una continua lucha por el poder, y esto supone la peor lacra de la humanidad. ¿Qué opción tomar ante estos hechos? Es evidente cuál es la opción por la que se inclinan mayoritariamente los pueblos y los estados, de levante a poniente: fortificarse, armarse, acecharse, y si llegara el momento, enfrentarse. ¿Cuáles podrán ser las consecuencias de esta opción? La victoria de uno u otro polo, hasta que al cabo de un tiempo se repita el fenómeno a la inversa, y en este caso cabría preguntarse hasta cuándo podrá la Humanidad soportar esta tensión antes de llegar a su aniquilamiento.
Siguiendo esta hipótesis, un grupo instrumentaliza o incluso elimina al grupo opuesto. Pero nada impide que cada subgrupo busque su propio interés, y cada individuo, por encima de cualquier interés común. ¿Hasta dónde puede llevar esta hipótesis? En todo caso, el último monstruo acabará devorando su propio corazón. Será este el término del viaje desde una estación de partida en la que se nos prometía toda satisfacción a nuestra individualidad. Como decía Schopenhauer, cada hombre está dispuesto a aniquilar todo un mundo con tal de prolongar un poquito su propio ser.
Y al final, de nuevo el vacío, la nada. La soledad".
LA OPCIÓN POSITIVA, Editorial Absalón, página 149
lunes, 23 de septiembre de 2013
GRACIAS, HERMANO FRANCISCO
Gracias, hermano Francisco, por devolvernos la esperanza. Gracias por reconocerte pecador, por señalar como Jesús que sólo Dios es bueno. Gracias por poner en el centro al hombre y la mujer, en igual plano, y la dignidad de la persona; por respetar las diferencias y no condenar a nadie por ellas. Gracias por anunciarnos a Jesús, y su palabra regeneradora: aquellas palabras de las bienaventuranzas, de la parábola del buen samaritano o del juicio final en el que se nos preguntará si nos compadecimos de los que sufren y actuamos en consecuencia. Gracias por devolvernos la esperanza a tantos hombres y mujeres que, con todas nuestras limitaciones, nos esforzamos por vivir lo que Jesús nos enseñó. Gracias por confesar ingenuamente que no eres de derechas, y entiendo que te refieres a poner el dinero y el beneficio por encima del ser humano. No podéis servir a Dios y al dinero, nos decía el Evangelio de ayer. Jesús les salió respondón a los escribas y fariseos y sumos sacerdotes de su tiempo, y tú, querido hermano, les has salido respondón a los grandes y poderosos que tantas veces han secuestrado a la Iglesia para conseguir sus fines y a aquellos miembros de la Iglesia que aceptan este secuestro por mantener sus privilegios. Desde mi tierra, te doy las gracias. Porque lloré cuando personas desamparadas se refugiaron en la catedral de Madrid para pedir el respaldo de la Iglesia, y la Iglesia recurrió a las autoridades que enviaron a un número increíble de policías armados que llenaron el templo y desalojaron a los pobres. Quizás has emprendido un duro camino, caminamos como ovejas entre lobos, el poder del dinero es tremendo y la maldad del ser humano puede ser espantosa. Pero es el camino que Jesús anduvo, el camino que queremos seguir los que creemos en él. Quizás perdamos nuestros privilegios, quizás ya no seamos el socio complaciente y útil de los poderosos, pero nuestra fuerza está en el Dios que Jesús nos anunció. Gracias, Papa Francisco, por caminar a nuestro lado y devolvernos la esperanza.
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