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viernes, 8 de febrero de 2019

Gritando no se entiende la gente.

Una de las mejores películas que he visto últimamente es "La llegada". Una invasión extraterrestre, que tiene como objetivo entregar a los humanos una "herramienta". El error humano de los diversos países es traducirlo por "un arma". No es un arma, es el lenguaje. La mejor herramienta.
La razón y la palabra son nuestras mejores señas de identidad, no la fuerza y los aullidos, ni las banderas de cualquier color. Estamos hechos para razonar, hablar, escuchar,  contrastar, empatizar y entendernos, compartiendo la parte de verdad que cada persona descubre: esa es nuestra fuerza. No estamos hechos para gritarnos, rugir, enseñar los colmillos y las garras: eso se corresponde a una etapa anterior de la evolución de las especies.


Sobrevivir dignamente como humanos presupone que la razón y el lenguaje sean nuestras herramientas, y la empatía, el cuidar del bien común de todas las personas. Evidentemente, si el objetivo de nuestras acciones primitivas es marcar el territorio y dejar claro que tenemos el poder, entonces sí: gritar, aullar, enseñar los colmillos y las garras es lo que corresponde.

lunes, 11 de enero de 2016

Cuanto más oscura sea la caverna, más debemos velar para que no se apague el fuego.

Cuanto más oscura sea la caverna, más debemos velar para que no se apague el fuego. El fuego de la razón, el entendimiento y la concordia; de la compasión y la solidaridad, de la fraternidad universal y el respeto a la dignidad de todas las personas. Frente a la barbarie y los enfrentamientos viscerales, las bombas que se arrojan contra personas indefensas, o las que se prueban bajo tierra y cuya capacidad destructora se aplaude con orgullo; frente a la indiferencia ante tanto sufrimiento insoportable de tantos hombres y mujeres despojados de todo; frente a tantos –ismos enfrentados (¡españolismo, catalanismo!). Frente a ese lobo que despierta en las noches oscuras de la Historia, nuestro principal deber es velar porque no se apague el fuego.

Imagen: Miguel Gil

martes, 5 de enero de 2016

El tercer ojo.


Son varias las religiones que hablan de un tercer ojo, un concepto místico que hace referencia a un hipotético ojo invisible que proporcionaría una percepción más allá de lo que se podría percibir con la vista ordinaria. Este concepto, como otros muchos ligados a creencias religiosas, es aceptado sin dificultad por creyentes pero fuertemente rechazado por agnósticos o ateos.

Sin embargo, pienso que esta idea puede separarse sin necesidad de forzarla de su carácter religioso. “He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos” decía el Principito, de Saint-Exupèry. Siglos antes, el matemático, físico y filósofo Blaise Pascal afirmó: ”El corazón tiene razones que la razón no entiende”. En estos casos no se habla de un tercer ojo, pero sí de otro órgano perceptor de lo esencial.
Ojo, corazón, son metáforas que intentan expresar otro modo de percibir la esencia de las cosas.


En la era de las prisas y la superficialidad, de las apariencias y el espectáculo, de la acción desenfrenada a veces sin rumbo ni coherencia, de las relaciones con las otras personas y con la Naturaleza sin empatía, como puros objetos para la satisfacción personal e individual, necesitamos un antídoto para la ceguera. El tercer ojo, o el corazón, o la inteligencia emocional, o la empatía, como queramos llamarlo; concepto religioso, o psicológico, o sociológico, pero una perspectiva nueva que suponga un paso hacia la realización de un modelo distinto de individuo y de sociedad.


Es preciso el silencio y la quietud para desarrollar este tercer ojo, sin él la acción se transforma en un barco sin timón arrastrado por los caprichos del mar. Pero es preciso que esta nueva mirada se transforme en acción positiva. La raíz y los frutos deben ir unidos. Sin raíz, el árbol no dará frutos que alimenten al viajero. Sin frutos, la raíz es estéril.

miércoles, 24 de abril de 2013

A LOS JÓVENES DETENIDOS EN VALLECAS, Y A SUS MADRES

          Cuanto menos racional y veraz es un comportamiento,más se recurre a la represión; cuanta más violencia y represión ejerce un individuo o grupo, más en evidencia queda su iracionalidad y falsedad.Y el peor daño que puede causar un sistema represivo es inocular su germen en aquellos que reprime, impulsándolos a reaccionar con la misma violencia.

   Nuestras armas deben ser la fuerza de la razón y la palabra, la unión, participación y cooperación de todxs los que deseamos un sistema económico y social más equitativo. No abandonemos la lucha pacífica y obstinada.


Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...