viernes, 2 de diciembre de 2011

AVANZAMOS, A TROMPICONES, PERO AVANZAMOS.

A lo largo de la Historia la Humanidad ha atravesado épocas de caos y desesperación y momentos de regeneración y esperanza, siempre avanzando en zigzag, sin haber llegado nunca a la meta soñada, lo mismo que cada uno de nosotros en su historia personal. Cualquier logro es frágil, cualquier derrota susceptible de transformarse en victoria.
Hoy nuestro mundo (nuestra sociedad y nuestro planeta) parece hundirse en el caos y la degeneración, aplastado por la ambición ciega y destructora de unos cuantos. Y ante ellos, un puñado de obstinados soñadores oponen sus manos desnudas y sus palabras como sus únicas armas. Multitud de seres insignificantes ( así los consideran los poderosos, pero son grandiosos ) hombres y mujeres, personas mayores y jóvenes, aportan todo lo que tienen en infinidad de organizaciones que sienten el sufrimiento de los demás como el suyo propio y no son capaces de permanecer indiferentes sin dar un paso por aliviarlo, como dice el DalaiLama. Me encuentro con algunos que desde su barrio organizan un sistema de microcréditos que durante 15 años ha conseguido apoyar a cultivadores de arroz en Madagascar (Oh, sí, y siempre han recuperado el dinero prestado, sin intereses, claro, y sólo mediante una anotación en un cuaderno. Me pregunto si no podrían dar algunas clases, si no de economía sí de dignidad humana, a los que manejan el entramado financiero que gobierna el mundo, que mucho tienen que aprender, tengo la impresión)  Otros se unen en las calles, en las plazas, junto a los que van a ser echados de sus casas, son ellos: “los perro flautas” (y a mí su música me parece sublime). Y no puedo evitar sentirme llena de ilusión y esperanza: avanzamos, a trompicones, pero avanzamos. Pero atentos, siempre vigilantes para mantener la llama de la grandeza humana que se mantiene y avanza a pesar de todo lo que se le opone y la corrompe una y otra vez.
Hubo un hombre que anunció la fraternidad universal, que compartió su vida con los pobres y se enfrentó a los poderosos. Se llamaba Jesús y lo mataron. Muchos creyeron en su mensaje y lucharon por él, pero su mensaje fue secuestrado para crear una religión opaca y condescendiente frecuentemente con los  opresores. A pesar de todo, hubo hombres y mujeres que entregaron sus vidas a la realización de este mensaje, que siguió vivo hasta nuestros días y para innurables personas de hoy Jesús es un Maestro y un Guía, independientemente de las creencias religiosas de unos y otros.
Hubo revoluciones en nombre del pueblo, se acuñó la más hermosa consigna: libertad, igualdad, fraternidad; y los pueblos oprimidos lucharon con dolor por su dignidad, y de nuevo el sueño se corrompió. Pienso en la corrupción en Rusia, o en China donde están proliferando los nuevos millonarios frente a un aumento de la pobreza, y me pregunto qué quedó de aquel sueño.
Surge una nueva primavera, la primavera árabe, y los tiranos caen. Hay esperanza, y recelo. Sabemos que todo es frágil, susceptible de corromperse y suponer un retroceso en la lucha por la conquista de la dignidad humana, pero hay que seguir avanzando.
Y aquí, en mi país, la primavera española sigue floreciente a la entrada del invierno.

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