domingo, 11 de marzo de 2018

Algún día alcanzaremos un nivel de civilización donde libertad, igualdad y sororidad estén en todas las banderas.


Fuerza y ternura son sin duda los dos rasgos predominantes de la mujer. Son en realidad los rasgos naturales predominante en las hembras de todas las especies, ellas son las depositarias de la trasmisión y cuidado de la vida. La imagen de la leona cuidando a sus cachorros, tan llena de belleza, fuerza y ternura lo expresa de la mejor forma posible.
La mujer es fuerte y tierna por naturaleza. Buscando una imagen que lo exprese, encuentro la de esa abuela boliviana cuidando de sus nietos mientras los padres se matan a trabajar al otro lado del océano.
A lo largo de la historia, las distintas civilizaciones han educado a la mujer para desarrollar la ternura, sin que fuese consciente de su fuerza. El hombre era el depositario del poder y la fuerza.


El 8 de marzo de 2018 es sin duda un momento trascendental en la historia, supone el despertar de la conciencia de la fuerza femenina. El 8 de marzo las mujeres se han mirado entre ellas, han volcado su fuerza y su ternura en sus hermanas, se han unido, han levantado la frente al hermoso grito de sororidad, y han comenzado una revolución como solo las mujeres son capaces de hacerlo: de forma pacífica. Aman demasiado la vida para abrir un resquicio a la guerra. Y son demasiado fuertes para rendirse. Sus detractores dicen que esto pasará, pero los que así piensan no conocen a las mujeres: las mujeres son resistentes por naturaleza.
A todo esto solo tengo un “pero”: el temor al maniqueísmo que nos haría pensar que todas las mujeres son buenas y todos los hombres malos, para decirlo de manera simplona. El maniqueísmo de “los justos” contra los malvados, para acabar siendo como ellos, es la raíz del fracaso de toda revolución. Pienso que todas las personas poseemos en nuestra esencia el principio femenino y el masculino, con sus luces y sus sombras. El deseo de poder y el abuso de poder, la crueldad, están larvados en todas las personas, hombres y mujeres. Y del mismo modo la ternura, la generosidad, la sororidad. La cultura y la educación, y la opción personal de cada una, harán que se desarrolle una u otra cara.
El 8 de marzo muchos hombres dejaron de reprimir su rasgo más humano, la ternura, y cuidaron a los pequeños y ancianos para que sus mujeres  pudieran manifestar su fuerza. Muchos lo hacen a diario, y nos hacen confiar en que la humanidad podrá algún día alcanzar un nivel de civilización donde la libertad, la igualdad y la sororidad estén escritas en todas las banderas.


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