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sábado, 16 de enero de 2021

Recuperar la libertad.

 

Tardamos demasiado tiempo en abrazarnos a nosotras mismas, es un tiempo perdido, sin cimientos. Porque la raíz está en conocerse a una misma y en amarse. De ahí nace el auténtico amor a los demás.

 No te culpes ni te condenes, es lo que me digo ahora. No te castigues. Conócete y corrige tus errores, esfuérzate en mejorar cada día, y acepta las limitaciones de tu naturaleza. Cada día tus ojos verán menos, tus oídos escucharán peor, tus piernas no te sostendrán mucho trecho.



Mejorar es ser capaz de ser feliz con menos vista, menos oído, menos fuerza en tus piernas, con un cuerpo marchito, con menos memoria y menos agilidad mental: ser libre y feliz, amar lo que somos, lo que fuimos y en lo que nos vamos convirtiendo, pero sin buscar la apreciación de los demás, ni premios externos como la riqueza, el poder y la gloria.  Buscar la armonía y el acoplamiento con la imagen de Dios grabada en nosotras.  Dios, escapa a cualquier concepto, idea, o imagen. Porque nos excede. Es la Existencia, es el Amor.  Son balbuceos de un recién nacido. Son anhelos de conocimiento. Solo intento escapar de tantas trampas que vamos encontrando en el camino, como Ulises de vuelta a Ítaca. Escapar del canto de las sirenas. Hoy sus cantos son atronadores, invaden hasta el último rincón de nuestras vidas. Nos pasamos el tiempo buscando jueces que nos aprueben, que nos den like, que nos valoren con 5 estrellas, que nos voten, que nos aplaudan, que nos hagan ganadores. Transformamos a los otros en jueces, público, votantes, o competidores. Hemos perdido el rumbo, hemos perdido la libertad. Y la relación saludable con los otros.

Los otros son nuestros semejantes, nuestros prójimos, participes con nosotras de una misma luz, de una misma existencia, de un mismo amor.

Tenemos que recuperar la libertad y el amor a nosotras mismas para amar del mismo modo a los demás.

 

 

viernes, 30 de marzo de 2012

EN MEDIO DEL CAOS, EL EXPOLIO

Hay noches que nos acostamos sintiendo que nos movemos, o arrastramos, en medio del caos. O de un auténtico desastre, de una realidad perversa. Y nos dormimos preguntándonos con qué mañana nos despertaremos, y si no sería mejor unirnos a una mayoría desesperada, o corrompida,  donde cada uno al grito de “sálvese quién pueda” trepa y se aúpa como puede sobre los cuerpos caídos de los demás.
Aún con los ojos cerrados, antes del amanecer, visualizo la imagen. Si siempre me había cautivado, el verla en la catedral de Toledo me causó un impacto aún mayor. Me refiero al cuadro del Greco “El Expolio”. En la parte superior del cuadro, absorbiendo todo el espacio que rodea a la víctima, el pintor hace el retrato de la perversidad humana más agobiante que recuerdo haber visto. En el centro, el rojo intenso y limpio y la mirada transparente alzada sobre el caos: la imagen de Jesús que tantas veces  ha dado respuesta a mis preguntas. A pesar de todo, atravesando el túnel, ese es el lugar donde encontraremos la puerta de la auténtica felicidad. Ese es el sitio donde cada día decidimos estar: nunca con los verdugos o los indiferentes, sino al lado del que sufre, asumiendo su dolor, luchando por aliviarlo. Con la mirada esperanzada alzada hacia el que es la fuente de toda Bondad y toda Fuerza. La fuente de la auténtica Felicidad.


Imagen:tom-historiadelarte.blogspot.com
http://www.alcorverde.blogspot.com/

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...