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martes, 22 de diciembre de 2015

Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra. ¿O no?

Cada día me convenzo más de la continua presencia de opuestos en nuestras vidas y de la necesidad de armonizarlos. Como me explicaron una vez con la teoría del caos, hay una tendencia hacia los extremos y un nuevo movimiento hacia la armonía en el equilibrio entre ellos.
Después de estas agotadoras campañas, elección tras elección, muchas personas sentimos una acuciante necesidad de armonía, de serenidad, de superar los conflictos y comenzar a buscar soluciones a los problemas cotidianos de la gente.
Y en este marco nos encontramos de nuevo con dos opuestos que ensombrecen el horizonte y amenazan tormenta: la postura de una España unida, de una Nación que se siente amenazada de ruptura, y en contraposición, los independentismos en Cataluña principalmente y en el País Vasco.
Si reducimos el conflicto al mínimo común denominador, diría que es el mismo eterno conflicto que existe entre individuo y colectividad, únicamente que en este caso se trata de un individuo colectivo dentro de una colectividad más amplia.
¿Individuo o colectividad? ¿Interés individual o interés colectivo? Pienso que por instinto cada individuo busca su propio interés, es el instinto de supervivencia. Pero al mismo tiempo, somos seres sociales y sólo sobrevivimos en sociedad. Junto con el sentimiento individualista, existen también los sentimientos de empatía, compasión y solidaridad. Sólo armonizando estos sentimientos contrapuestos, nos realizamos como personas. Esto es aplicable también a los conflictos entre identidades colectivas incluidas en entidades más amplias como es el caso del conflicto entre la postura que defiende una España uninacional  y la postura de los independentistas catalanes, vascos o gallegos.
Se trata de aplicar la misma cordura que en el conflicto individuo-colectividad ( reducida al mínimo, por ejemplo en el núcleo familiar). Cada individuo debe ser radicalmente respetado en su unicidad, apreciado en su diferencia, respetando su libertad y permitiéndole hacer sus propias opciones; al mismo tiempo todos los individuos deben mostrar la misma actitud respetuosa que exigen para sí, y el mismo aprecio, Y por último, todos los individuos deben comprender que solo podrán desarrollarse y alcanzar su plenitud en la colectividad, contribuyendo de modo equitativo al Bien Común.
En este difícil momento poselectoral, deseo fervientemente, por el Bien Común de la gente, que la cordura, la armonía, la buena voluntad se impongan al conflicto entre opuestos. Nos jugamos mucho, nos jugamos demasiado. En serio, por la gente.

martes, 30 de septiembre de 2014

EL SENTIMIENTO DE PERTENENCIA A UN GRUPO



Los seres humanos somos animales sociales, y como tales es importante para nosotras el sentimiento de pertenencia a un grupo que nos protege y al que nos debemos. Estos grupos pueden basarse en la consanguinidad, como la familia, o en otras señas de identidad como la raza, las creencias, la lengua, la clase social, la nación. Este sentimiento es innato a nuestra propia naturaleza y como tal debe ser respetado. Sin embargo, puede derivar en un enfrentamiento entre los intereses de los diferentes grupos en vez de en una cooperación y enriquecimiento entre ellos.
En los inicios del siglo XXI, el siglo de la globalización, urge más que nunca establecer lazos de cooperación constructiva entre estos diferentes grupos. El futuro de la Humanidad depende de ello. Se trataría de establecer reglas de juego a nivel global para que la identidad de cada grupo fuese escrupulosamente respetada y al mismo tiempo para blindar a la sociedad ante una posible imposición de los intereses de un grupo sobre el bien general de la Humanidad.
En pocas palabras, se trataría de respeto absoluto por la identidad de cada grupo pero tolerancia cero ante cualquier manifestación o actuación de cualquiera de ellos sobre el bien general. Los derechos universales del hombre deben primar, y aquí hay que señalar el peligro para aquellas sociedades donde la democracia y el respeto a estos derechos constituyen un fundamento (a pesar de todas sus imperfecciones) de  acoger respetuosamente a otros grupos sociales con señas de identidad opuestas al bien general.
Por eso insisto en la importancia de armonizar el respeto a las diferentes identidades con la tolerancia cero para aquellas identidades que supongan un menoscabo del bien general.

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...