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martes, 30 de septiembre de 2014

EL SENTIMIENTO DE PERTENENCIA A UN GRUPO



Los seres humanos somos animales sociales, y como tales es importante para nosotras el sentimiento de pertenencia a un grupo que nos protege y al que nos debemos. Estos grupos pueden basarse en la consanguinidad, como la familia, o en otras señas de identidad como la raza, las creencias, la lengua, la clase social, la nación. Este sentimiento es innato a nuestra propia naturaleza y como tal debe ser respetado. Sin embargo, puede derivar en un enfrentamiento entre los intereses de los diferentes grupos en vez de en una cooperación y enriquecimiento entre ellos.
En los inicios del siglo XXI, el siglo de la globalización, urge más que nunca establecer lazos de cooperación constructiva entre estos diferentes grupos. El futuro de la Humanidad depende de ello. Se trataría de establecer reglas de juego a nivel global para que la identidad de cada grupo fuese escrupulosamente respetada y al mismo tiempo para blindar a la sociedad ante una posible imposición de los intereses de un grupo sobre el bien general de la Humanidad.
En pocas palabras, se trataría de respeto absoluto por la identidad de cada grupo pero tolerancia cero ante cualquier manifestación o actuación de cualquiera de ellos sobre el bien general. Los derechos universales del hombre deben primar, y aquí hay que señalar el peligro para aquellas sociedades donde la democracia y el respeto a estos derechos constituyen un fundamento (a pesar de todas sus imperfecciones) de  acoger respetuosamente a otros grupos sociales con señas de identidad opuestas al bien general.
Por eso insisto en la importancia de armonizar el respeto a las diferentes identidades con la tolerancia cero para aquellas identidades que supongan un menoscabo del bien general.

domingo, 24 de junio de 2012

EN LO ÍNTIMO DE NUESTROS GENES

Ayer participé en un encuentro con personas de diferentes creencias cristianas de mi ciudad, dentro de un programa de acercamiento entre diferentes culturas. Un largo camino, en un mundo deshumanizado y fragmentado. Un intento, sencillo pero lleno de esperanza. Distintos modos de expresarse, de explicarse lo inexplicable, de buscar una respuesta al sufrimiento. Nos dimos las manos, nos abrazamos, y en el abrazo a la mujer gitana, o la la guineana, sentí lo que trasciende a toda creencia: la corriente profunda que nos une a todos. Podemos llamarlo Dios, podemos llamarlo Amor, o Energía, pero ahí está, en el recuerdo íntimo de nuestros genes.
Imagen: estres.comocombatir.com

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...