viernes, 22 de septiembre de 2017

"Madrid" no existe, ni "Cataluña"

No existe un ente llamado "Madrid", ni "Cataluña". Existen espacios, ciudades con ese nombre donde viven personas, individuos únicos e irrepetibles. Existen circunstancias (territorio, educación, alimentación, clima) que hacen que estos individuos adopten características especiales: idioma, ciertos hábitos, creencias. Pero hay que señalar que las personas no tienen raíces sino piernas y están en continuo movimiento. Así, una persona nacida en Andalucía o Extremadura, o China, puede trasladarse a Cataluña, Madrid o Roma, y viceversa. Cambiarán sus circunstancias, pero esencialmente sera ese individuo único e irrepetible. No existe ningún factor que nos haga pensar que una persona nacida o que viva en un territorio sea mejor o peor que otra que viva o haya nacido en otro lugar.
Y luego existen los políticos, los que olvidan que son personas e intentan aglutinar a aquellos (a quienes tendrían que representar y servir) para fomentar su orgullo nacionalista como pedestal para su propia grandeza y poder. Para ello usan poderosos medios, como la educación a todos los niveles, también en los medios de comunicación, y cada cual cuenta la historia a su manera de modo que aparezcan como héroes frente a los villanos. Esto se da no solo en los políticos, también en líderes religiosos.
Las consecuencias de fomentar este orgullo nacionalista, o religioso, o de cualquier tipo, terminan siendo violentas y destructivas. El único antídoto esta en el sentimiento de pertenecer a una misma especie, el sentimiento y el anhelo de libertad, igualdad y fraternidad, que solo unidas son auténticas, y nos impulsan a construir puentes, casas comunes, sueños y felicidad.
Que los líderes se bajen de sus púlpitos y tribunas, que las personas despierten de esta farsa, y sean capaces de descubrir en el otro a un semejante diferente. Esto no se consigue a fuerza de leyes y decretos ni de la fuerza policial, tiene que nacer desde la conciencia personal.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

No soy extranjera.

     No quiero llamarte extranjera, mi tierra es tu tierra, la misma vida nos sustenta a todas. Es un duro camino la vida, la tierra tiembla, los vientos y el agua nos azotan, y lloramos a nuestros muertos y nuestros hogares destruidos. 
     No quiero construir muros, ni bombas que me hagan sentir más fuerte que tú, que me hagan pensar que puedo destruirte, aniquilar toda tu tierra. Quiero construir puentes, hogares seguros que nos acojan, labrar la tierra para que todos tengamos alimentos, acompañar a los más débiles y disfrutar de cada instante juntas.
     Ellos, los que tienen el poder, se creen dioses, dioses ridículos que rompen la fraternidad y la solidaridad entre nosotras. Son pura farsa. 
      Somos responsable de nuestra rosa, construyamos vida entre todas.


Caminando hacia ese punto de encuentro, ese abrazo con todo, que se traduce en acciones llenas de comprensión y compasión.

Hago una pausa durante un tiempo, para internarme en ese camino en búsqueda de respuestas.  "...somos conscientes de nuestra ...