martes, 14 de marzo de 2017

¿Heteropatriarcada?¿ O evolucionar a un estadio más equitativo y expresarlo con el lenguaje?

En la lengua castellana el masculino plural se considera que incluye al femenino. Por ejemplo, “todos” incluye al masculino y al femenino: así se ha entendido siempre. Hoy hay un movimiento que muestra incomodidad por esta supremacía del masculino, entendiendo que es una expresión más de la supremacía del hombre sobre la mujer. Y comienza un ensayo de cambio: @, +, x….se combinan en los masculinos plurales en lengua escrita. En lengua oral se empieza a utilizar el femenino plural, junto con el uso de masculino/ femenino: todos/todas. Reflexionando sobre este hecho, concluyo que no se trata de algo anecdótico y que las formas tienen más importancia de la que se podría suponer en un principio. Por eso pienso que es un asunto que hay que abordar en profundidad.
Los carteles de la Organización Hogar Social Madrid aparecidos hoy en varias facultades de la Universidad Complutense ridiculizan estos ensayos y reivindican el castellano "de siempre" y critican el feminismo radical. Pero no podemos olvidar que la lengua evoluciona con los cambios sociales, y un cambio hacia un estadio más equitativo e igualitario trae consigo un lenguaje que lo exprese.

Por mi parte, he empezado a feminizar mi lenguaje usando lo que llamo "femenino inclusivo".El empleo del femenino plural, en legua escrita y hablada, “todas”, por ejemplo, no debe ser una expresión de revanchismo y de tomar la supremacía sobre el hombre sino de inclusión femenina. La mujer hace sentir su presencia en la realidad al mismo nivel que el hombre. Así, cuando una mujer habla o escribe, debería emplear el femenino inclusivo, una nueva categoría gramatical que respetando la estructura y la armonía de la lengua castellana, sin desmesuras ridículas, introduce una nueva visión de la realidad. Pero al mismo tiempo, cuando un hombre habla o escribe, debería por la misma razón seguir empleando el masculino plural inclusivo, realmente inclusivo. Femenino inclusivo, masculino inclusivo, conviviendo en plano de igualdad. No se trataría de revertir el plano de supremacía de un género sobre otro sino de conseguir un plano equitativo. Las mujeres hemos estado, y muchas siguen estando en la actualidad, en situación de inferioridad. Pero los seres humanos hemos nacido libres e iguales. Es esta libertad y esta igualdad por la que hay que luchar. Nunca por revertir el orden para establecer otros desequilibrios. Y esto, en lo grande y en lo pequeño, en lo doméstico y en lo público, en el fondo y en la forma, desde el principio. El cambio gramatical del castellano podría ser un buen ejemplo. La magia trasformadora de las palabras, de la gramática, ese podría ser el reto.

Por lo anteriormente expuesto, me permitiré usar en aquellas ocasiones que no supongan deformar la belleza de la lengua ni dificultar su comprensión esta licencia gramatical: el femenino inclusivo, principalmente como sujeto, con el que pretendo hacer emerger la presencia femenina en la realidad. Es un sencillo gesto por la equidad, por la paz, que se construye siempre desde la inclusión. El femenino plural inclusivo es mi aportación.

jueves, 2 de marzo de 2017

La raíz del conflicto: la ceguera que nos impide ver al "otro"

Escucho estos días dos conflictos aparentemente opuestos pero en el fondo semejantes. La raíz de ambos conflictos es la incapacidad de mirar "al otro" con aprecio y respeto, con curiosidad incluso por descubrir la riqueza que nos puede aportar desde su diferencia, con deseo de entendimiento y empatía.
Me atrevo a decir que este es el denominador común de todos los conflictos.
A lo largo de mi vida he acumulado una preciosa riqueza: encuentros con "otros", personas de otras culturas, de otras razas, de otras creencias, y el sentirme acogida por ellas con el mismo aprecio y cariño con el que yo las he acogido. 
Hay que desmontar los conflictos, la espiral conflictiva que los engorda y que nos envenena, es necesario un "desarme" de agravios y desagravios.
Quiero compartir aquí algunos párrafos de un ensayo en el que llevo tiempo trabajando: "Punto de encuentro, más allá de los mitos":
"Jesús significa dignidad humana, hasta límites insospechados.
 Para Jesús no existe “el otro”, no existen las barreras. Camina entre nosotras, camina entre pequeños y es uno de ellos. Es conmovedor leer como le acusan y reprochan por su proximidad con los que son considerados pecadores, proscritos. En la mirada de Jesús descubro su mensaje vital: somos uno, no existe el otro.
Jesús significa proximidad,  por más que en su afán por divinizarlo la Iglesia haya tratado de alejarlo, de ocultarlo bajo el velo del misterio. 
Es el infinito corazón maternal, para el que no hay hijos mejores o peores, todos son infinitamente amados. 
Jesús no puede significar exclusión, menosprecio, odio o condena, de aquellos que eligen otro nombre, el que han recibido de otras tradiciones o de otras creencias,  para nombrar el sentido de sus vidas".
Mi percepción de lo que significa la figura de Jesús me hace incomprensible los acontecimientos de estos días: el mensaje ampliamente difundido de la asociación católica "Haztoír" que hiere a las personas, especialmente niños y niñas que puedan tener orientación sexual LGTBI por un lado, y el espectáculo ganador de la Gala de Drag Queen del Carnaval de las Palmas de Gran Canarias, que hiere la sensibilidad de muchas personas para los que la Figura de María y Jesús tiene un profundo significado en sus vidas.
No pretendo atacar la libertad de expresión, simplemente quiero expresar mi opinión: yo no lo haría. 
No es el camino para la convivencia pacífica.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Las guerras no se ganan, las guerras son la mayor derrota de la Humanidad.

Escucho estos días las palabras del recién proclamado Presidente de los Estados Unidos: “Tenemos que volver a ganar guerras”. Me produce tal impresión que me cuesta reaccionar, por lo brutal y primitivo de la afirmación. Las guerras no se ganan, las guerras en si son la mayor derrota de la humanidad, y cuanto más complejo es el orden mundial y más refinada la tecnología armamentística más profunda e irreversible es la derrota.

Imgen: cultura.biografieonline.it

sábado, 28 de enero de 2017

No se pueden construir muros, ni hay fronteras para la maldad.

No se pueden construir muros, ni hay fronteras para la maldad. El fanatismo, la crueldad, la violencia, los abusos, la locura, la sociopatía, la depravación, no discriminan a la hora de anidar en la mente humana: ni la raza, ni la inclinación sexual, ni la religión, ni la clase social es factor determinante. 


Las últimas medidas adoptadas por el Presidente de los Estados Unidos se fundamentan en el principio contrario y por ello además de inútiles son tremendamente injustas y ofensivas.
Son inútiles, porque entre los actuales ciudadanos de los Estados Unidos, también entre los de raza blanca y religión cristiana, los habrá capaces de ser dañinos para sus conciudadanos.
Son injustas y ofensivas, porque excluyen a innumerables personas honradas, buenas, que contribuyen al bien común de la sociedad, sean de la raza que sea, de la nacionalidad o religión que sean: iraníes, sirios, mejicanos, musulmanes...
Son despiadadas, porque cierran la puerta a miles y miles de personas que vienen justamente huyendo de la guerra o la miseria, la peor maldad.
No puedo evitar expresar el profundo dolor que siento por las personas que sufrirán las consecuencias de estas medidas. Pero por oscuro que sea el horizonte, debemos seguir esperando que la luz de la razón y la compasión humana acabe imponiéndose.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Buscando ventajas de ser anciana.

Estoy haciendo una lista de estas ventajas:
Sin gafas me miro al espejo y apenas distingo arrugas al rededor de los ojos.
En el metro me ceden el asiento, por más que yo insista en que no estoy cansada.
¡Y soy abuela!
¿Por qué a todos los niños les encanta ir a casa de sus abuelos? me pregunta mi nieto.
Pues porque los abuelos caminamos despacio, ya no tenemos tanta prisa, y somos blanditos.
Es cierto, somos blanditos por dentro y por fuera: a los bebés les encanta dormirse entre los brazos de una abuela, como en un cojín mullido.
Y hay muchas más.
Si me siento un rato al sol, se me ocurrirán muchas más.

Imagen:

jueves, 29 de diciembre de 2016

Entre abuelas anda el juego

Me encanta compartir con todas las personas que entréis en mi blog el trabajo de mi amiga Lu Anciano y os ánimo a poneros en contacto con ella. He tenido la suerte de compartir con ellas muy buenos momentos y una experiencia común: la de ser abuelas, abuelas vitales y creativas, que miran la vida de frente. 

"También los reyes pueden traer estos cuadernitos que hace Lu Anciano y que sirven para que los peques aprendar a sumar con los dedos. Están impresos en cartulina, plastificados y encuadernados. El tamaño es 21x14,8 cm. Se personalizan con el nombre del peque"



domingo, 18 de diciembre de 2016

Después de un breve parón, continúo compartiendo capítulos de mi novela "El valle de los narcisos. En anteriores entradas podéis encontrar los primeros capítulos. Releer estos capítulos me trae recuerdos de mis años en las aulas, aquel tiempo increíble que no cambiaría por nada.

                                                  -8-
Quizás hubiese debido empezar mi relato hablando de Miguel, él estuvo en el inicio de la aventura. Aunque hay un momento en que ya no se sabe bien dónde estuvo el comienzo, ni en qué punto se llegó al final.
            Miguel fue mi profesor de Griego y Latín en Bachillerato. Y antes, de Cultura Clásica en cuarto de Secundaria. Ese fue el primer año que lo tuve como profesor. Yo tenía entonces trece años. Éramos un grupo reducido de alumnos (se trataba de una asignatura optativa y la mayoría de los compañeros  preferían otras opciones). El primer día de clase yo llevaba el libro de Mitología de Tito en mi cartera. Lo estaba hojeando cuando Miguel entró en clase. Al pasar junto a mí, se detuvo y miró sobre mi hombro.
-¿Te interesa la mitología?
-¿Eh?- yo me sobresalté, no lo había oído entrar.
- Es una publicación interesante- añadió, echando una rápida ojeada a mi libro y dándome una palmada de simpatía en el hombro.
- Me llamo Miguel García- dijo al llegar al pupitre del profesor.
            No se sentó, sino que se quedó de pie, en medio de la clase. Era alto y delgado, de hombros estrechos y algo caídos. Tenía el pelo revuelto, abundante y rizado (pronto le pusimos el apodo de "La Escarola") y los ojos azules y saltones con un brillo húmedo, como si hubiese acabado de estar llorando o muriéndose de risa. Pronto descartamos lo del llanto: nuestro nuevo profesor era un hombre alegre, de excelente humor, que enrojecía al reír a carcajadas ante cualquiera de nuestras ocurrencias, o ante las suyas propias.
Decididamente había hecho una buena elección al optar por la asignatura de Cultura Clásica, pensé al terminar la clase. Miguel (él quería que  le llamásemos así) se detuvo de nuevo junto a mí cuando iba a salir de la clase.
-¿Me permites?- me rogó señalándome mi libro de Mitología.
            Yo se lo tendí.
-¿Es tuyo?
            - No. Es de mi hermano.
- ¿En qué curso está  tu hermano?
            - No. Mi hermano no viene al Instituto.
Miguel me miró con sus simpáticos ojos azules. Había algo en ellos que me hacía sentir confiado.
- No puede- le expliqué- Está  inválido. Tuvo un accidente.
-¡Muy interesante!- me dijo al devolverme el libro- Me alegro de que te guste la Mitología.