martes, 21 de mayo de 2019

El valle de los narcisos, capítulo 11: quedar atrapado.


11.
Mi madre golpeó suavemente a la puerta de mi habitación antes de asomarse.
_ David ¿hoy no piensas comer?
Me pareció una pregunta trivial, yo tenía otras muchas cosas en que pensar. Sin embargo no protesté y me dirigí resignado al comedor. Comí en silencio, bajo la mirada inquieta de mi madre. Un plato de lentejas, un filete con patatas fritas y una naranja. No es que el menú tuviera nada de especial, esto es evidente, pero lo recuerdo con todo detalle. Debía reponer mis fuerzas, me esperaba una tarde llena de interrogantes y probablemente también de riesgos.
_ Estas lentejas están riquísimas_ le dije a mi madre mientras saboreaba un trozo de chorizo que le daba un sabor especial al guiso.
Mi madre sonrió, y pareció relajarse.

Eran las cuatro cuando terminé de ayudarle a recoger la cocina. Estaba impaciente por encerrarme de nuevo en mi habitación para reflexionar en todo lo ocurrido hasta la hora de acudir a la cita con Oscar.
Había estado toda la mañana pensando en Guadalupe, ahora tenía que intentar ordenar mis ideas. El tipo de la melena enmarañada había hablado de drogas que habían sido encontradas en casa de Miguel; yo intentaba recordar si ese asunto había sido mencionado en las noticias de la radio, o en los periódicos, pero hubiese jurado que no se hablaba de ello ¿Cómo podía saberlo aquel tipo? ¿O se lo había inventado? Pero me costaba encontrar un motivo para semejante difamación. 
Fue en 4º de Secundaria cuando Miguel nos expuso su postura sobre la droga. Era el tutor del grupo y un compañero propuso que se debatiera el tema. Yo estaba ya resignado a oír una vez más la misma charla que todos se empeñaban en darnos: mi madre, los profesores, el psicólogo, la televisión con sus campañas antidrogas. Pero Miguel me sorprendió en cuanto empezó a hablar.
_Yo las he probado_ fue lo primero que dijo.
Hubo una reacción inmediata en la clase: guiños y codazos, algunos comentarios (un porrito, y alguna raya, mola colega, dijo alguien a mi espalda). No faltó tampoco la expresión de susto en la cara de otros.
_ ¿Qué drogas has consumido, Miguel?_ preguntó un compañero coreado por la risa de los demás.
_Tabaco. Y, para mi desgracia, sigo siendo fumador. Alcohol, pero de forma moderada: alguna caña y un vaso de tinto en las comidas. Y alguna copa con los amigos. Hachís, y coca, cuando era joven.
Hubo risas y murmullos en la clase. Y algún que otro compañero palideció como si hubiese visto al Diablo.
_ Hace ya mucho tiempo_ continuó y su tono serio nos hizo prestar atención_ Nunca quedé atrapado, fue una aventura. Pero nadie puede saber si quedará  o no atrapado.
Se hizo un silencio doloroso. Yo percibí su dolor y su tristeza, aunque entonces aún no conocía la historia de Guadalupe.
_ ¿Vosotros pensáis que vale la pena correr el riesgo de quedar atrapado?_ nos preguntó con una gran ternura cuando salió de sus reflexiones_ Es importante que conozcáis lo que eso significa. Depende de cada droga. Y nadie puede saber quién será  más fuerte, la droga o él. Ni siquiera un adulto, un hombre maduro en su cuerpo y en su mente. Un niño, un muchacho tiene todas las probabilidades de caer en la trampa.
Los que os inducen a consumirlas no merecen ninguna compasión.
 Las últimas palabras las pronunció con tanto coraje que nos asustó. Hasta los más atrevidos se removieron incómodos en sus pupitres.
Ese día empecé a sentir curiosidad por desvelar el secreto de Miguel. Ahora sé que ese secreto se llamaba Guadalupe. 


Los capítulos anteriores:


sábado, 11 de mayo de 2019

"El valle de los narcisos", capítulo 10

Oscar, David, Sofía, nuestros protagonistas, se enfrentan al mundo lleno de pasión, intriga y fantasía de la adolescencia. Un mundo en el que se refugian, inaccesible para los adultos
Capítulos anteriores:

10.
Durante unos momentos me quedé aturdido, mirando fijamente a aquel tipo, que me dirigía una sonrisa burlona y desafiante.
_ ¡Eh, tú! ¿Tú no eras amigo suyo? ¿No serás un maricón, eh?_ añadió soltando una carcajada.
Sentí como la sangre me subía hasta las mismísimas puntas de las orejas y un deseo enorme de echarme sobre él. Sé que de dos puñetazos lo hubiese tirado al suelo. Algo me retenía a pesar mío, los ojos aterrados de Oscar y su mano tirándome con fuerza de la manga. Y una mano que se apoyaba en mi hombro con un gesto de simpatía que me hizo estremecer. Era la mano de Sofía, que se había añadido al grupo.
                               
_ No eres legal, tío_ dijo con su tono desafiante_ Está  muerto ¿no? No puede defenderse de todos esos chismes, así que cierra ya tu boca de cotilla.
El tipo de la melena enmarañada se quedó mudo, rojo de rabia. Su auditorio agachó la cabeza avergonzado y se dispersó. Sofía seguía allí, mirándolo con descaro. Él se encogió de hombros fingiendo desprecio y dio media vuelta.
Por un momento nos quedamos solos en el patio. Había sonado el timbre que anunciaba el fin del recreo y todos se dirigían hacia las aulas. Ella me miraba con sus ojos llenos de inteligencia y simpatía. No sé lo que sentí entonces, sólo sé que era tan fuerte que temí caer redondo al suelo.
_ Esto no me gusta- dijo Sofía con su firmeza habitual, su voz me devolvió a la realidad.

lunes, 6 de mayo de 2019

"Espera, tío, que estos van en serio, te la juegas" El valle de los narcisos, capítulo 9.

Los anteriores capítulos:
https://doloresvendrell.blogspot.com/2019/04/el-valle-de-los-narcisos-capitulos-1-al.html
9.
Nunca podré olvidar el horror de la muerte de Miguel. Los periódicos dieron todos los detalles de aquel crimen: el cuerpo desnudo sobre la cama con la cara maquillada, las pintadas obscenas en las paredes. No parecía que faltase nada de valor, por lo que se descartaba el robo y todo apuntaba a un crimen pasional. Yo me sentía destrozado, pero sobre todo indignado. Me rebelaba contra la falta de pudor de los que relataban aquella muerte dando pie a todo tipo de conjeturas, como si se tratara de una profanación. Durante muchas noches me atormentaron mis pesadillas, veía sus huesos esparcidos, y su sombra ultrajada perseguida por los aullidos de los perros y los cazadores. El escorpión y la serpiente envenenaban su recuerdo. Los ojos azules de Miguel intentaban volar, transformarse en mariposa o pájaro, pero el pico cruel del cuervo los arrancaba y dejaba la noche en sus cuencas vacías. Me despertaba sobresaltado, gritando, y mi madre acudía asustada a mi habitación.
El martes no había acudido a su clase de griego, a primera hora de la mañana. Recuerdo que lo estuvimos esperando, nos extrañaba su falta de puntualidad, era algo raro en él. Habitualmente yo lo veía pasar desde mi ventana mientras terminaba de ordenar mi habitación. "Date prisa, vas a llegar tarde- me gritaba mi madre- mira, tu profesor de griego ya va hacia el Instituto". Yo salía corriendo y al llegar a la calle lo veía doblar la esquina del parque. Cuando entraba en el aula, lo encontraba sentado en su pupitre ordenando los libros y las citas clásicas que más tarde nos comentaría durante la clase. Aquel martes llovía y no me asomé a la ventana. Estiré un poco las sábanas y eché la colcha por encima. Metí mis libros y mis cuadernos en la mochila y me encaminé al Instituto. Los rezagados caminábamos deprisa, doblados bajo el peso de nuestros macutos y para protegernos de la lluvia menuda que había comenzado a caer desde la madrugada. Llegué a clase sofocado, sacudiéndome el barro de los zapatos y respiré aliviado al no encontrar a Miguel sentado en su pupitre. No se presentó en el Instituto en todo el día. Tengo que decir que nos alegramos de su ausencia: tuvimos la hora libre y nos dedicamos a charlar y algunos echaron una partida de cartas con las barajas clandestinas que siempre llevaba algún compañero por si se daba el caso de tener algún respiro.
Al día siguiente tampoco acudió a su trabajo. Algunos ya habían sacado la baraja cuando se presentó en el aula el Jefe de Estudios para ponernos alguna tarea. "¿Qué le pasa a Miguel?" le preguntó alguien. "Pues la verdad es que no sabemos" respondió con cierta extrañeza en su tono de voz. En aquel momento me sentí preocupado y decidí acercarme a su apartamento después de las clases.

Imagen: https://foter.com/re2/6db1c0">Foter.com

El apartamento de Miguel estaba a dos manzanas del nuestro, en un sencillo bloque de ladrillos rojos de ocho alturas. Las terrazas rompían la monotonía de la fachada con sus variopintos arreglos: algunas habían sido acristaladas para ganar espacio interior, en otras se habían instalado armarios y estanterías, donde se almacenaban los más diversos objetos; en algunas se habían acondicionado tendederos donde las sábanas y demás ropa ondeaba al viento. Las había coquetas y aseadas, que lucían macetas pintadas de verde, o de rojo, o de azul, donde los geranios y las gitanillas competían con otras especies populares. La terraza de Miguel era de estas últimas. "A Guadalupe le encantaban las flores", nos había explicado. Y en las tres jardineras junto a la barandilla y las seis macetas adosadas a la pared lucían todo tipo de flores: margaritas blancas y amarillas, claveles, pensamientos, petunias, dalias, lirios, que iban alternándose según las estaciones. Aquel miércoles pasé de largo delante de mi casa y continué hasta el portal de Miguel. Crucé a la acera de enfrente. No había nadie en la calle en ese momento. Desde allí podía observar la terraza y las dos ventanas que daban a la calle. Vi las manchas azules y blancas de las petunias, y la puerta que daba al salón desde la terraza. Estaba cerrada, y las persianas de las dos ventanas, bajadas. Me sentía paralizado, como si estuviese clavado en el suelo con la vista puesta en aquel segundo piso. Tenía una extraña opresión en el pecho. Alguien se acercaba calle abajo, me percaté cuando lo vi pasar debajo de la terraza de Miguel. Era un hombre joven, trajeado, con zapatos lustrosos que chirriaban al andar. Me miró de reojo y me hizo ser consciente de lo sospechosa que podría parecer mi actitud. Entonces decidí volver a casa, con la esperanza de encontrar a Miguel al día siguiente sentado en su pupitre. No fue así. A primera hora de la mañana, la radio dio la noticia, que se repitió a lo largo del día. Y los periódicos recogían lo ocurrido en las páginas de sucesos. El cadáver había sido descubierto a media tarde del miércoles por la asistenta que acudía dos veces por semana. En cuanto entró en el piso tuvo la sensación de que ocurría algo extraño: por las voces y música que se oían (era la televisión), y por un desagradable olor. Miguel llevaba muerto desde la tarde del lunes.
No se hablaba de otra cosa en el Instituto. La mayoría estábamos apenados por lo ocurrido, Miguel era un buen profesor, y todos sus alumnos lo apreciábamos. Pero no podíamos dejar de estar perplejos por los rumores sobre su muerte. Y alguien se estaba encargando de difundir y agrandar aquellos rumores. El mismo día que se tuvo noticias de su muerte, vi al tipo de la melena enmarañada rodeado de un grupo que lo escuchaba asombrado.
_ El muy maricón, con la excusa de ayudar a los más pequeños se los llevaba a su casa. Era un marica de mierda. Y además, está  el asunto de la droga. Se ha encontrado en su casa, en los cajones de su despacho.
Yo me había acercado movido por la curiosidad y al oír semejante mentira estuve a punto de saltar sobre aquel farsante. Alguien me detuvo: estaba tirándome de la manga con fuerza. "Espera, tío, que estos van en serio, te la juegas". Me volví con los puños apretados, rojo de rabia, dispuesto a sacudirme a aquel inoportuno. Pero la expresión del muchacho me dejó paralizado: era Oscar y nunca había visto tanto terror en unos ojos. "Luego hablamos, te espero esta tarde en el parque. Que no te vea nadie", añadió disimuladamente y desapareció antes de que yo pudiese darme cuenta.

martes, 30 de abril de 2019

"El valle de los narcisos" capítulos 1 al 9.

He decidido compartir en mi blog algunos manuscritos que no han sido publicados. Hace tiempo comencé compartiendo capítulos de mi novela "El valle de los narcisos".  Esta novela fue finalista en el XLVII certamen Ateneo Ciudad de Valladolid. Recuerdo mi viaje para el fallo, hace ya años, los nervios y la ilusión. Hoy releo mi manuscrito, y revivo los sentimientos y las experiencias que me llevaron a escribir esta historia, que duerme en un cajón y que he decidido compartir en redes. Para jóvenes, adolescentes y todas las personas que los acompañan en esa apasionante etapa de la vida. Empiezo compartiendo los 8 primeros capítulos que ya publiqué anteriormente, antes de añadir otros nuevos.

Imagen: Photo on Foter.com

PROLOGO
Cuando David se presentó en mi despacho con su manuscrito, no me sorprendí: hacía tiempo que venía observando sus dotes de escritor a pesar de no ser más que un alumno de Bachillerato. Y tengo que reconocer que no podía evitar un cierto sentimiento de envidia. A mis cincuenta y dos años, yo tenía guardados en un cajón de mi despacho los manuscritos de cinco novelas que habían recorrido un largo peregrinaje de editorial en editorial sin conseguir salir a la luz. Sin contar la pila de versiones corregidas que amontonaba sobre el armario de mi habitación y que luego reciclaba usando el reverso en blanco de las hojas como borrador para mis nuevas novelas. Aquello estaba resultando un largo y doloroso parto.

lunes, 22 de abril de 2019

No te doy el poder



No te doy el poder.
Esa es la auténtica democracia, esa utopía hacia la cual avanzar. Porque el poder es nuestro. Y el pueblo debe eligir con su voto a quienes van a representarnos , pero no debe declinar su poder y su compromiso social. Elige a quienes van a administrar y gestionar los bienes comunes, para el bien de todas las personas, quienes van a legislar para que esta administración y gestión sea justa y eficaz. No elige a tiranos ni a caudillos, el pueblo no es un niño que se abandona al arbitrio de su gobernante, el pueblo debe trabajar y construir la ciudad de todas las personas. No elige a quien le va a decir qué pensar, cómo vivir, qué sentir, qué expresar. Eso lo decide él, porque es libre y diverso. No elige a quien va a gobernar en beneficio de unas personas o de otras, sino a quien va a gobernar con justicia y equidad para todas, para que nadie use ni abuse de nadie en ningún ámbito, para que nadie sea esclava ni mendiga. Todas empoderadas, el poder es nuestro.
La libertad y la igualdad, la equidad, solo son auténticas si van unidas.
Voy a votar a quien pueda garantizar mejor la libertad y la igualdad, porque si no voto, otros deciden por mí.

martes, 9 de abril de 2019

Mi hermosa Ruanda, hoy y siempre.

Estos días se conmemora el 25 aniversario del genocidio de Ruanda. Son días de perdón y reconciliación, en ese camino tortuoso de la historia de un pueblo donde las diferencias raciales han sido excusa para enfrentamientos atroces. Excusas, porque no hay razones para esos enfrentamientos.
Ruanda es un gran pueblo, un pueblo de una inmensa dignidad humana, capaz de resurgir del odio y el resentimiento en un abrazo. Muy grande, el espíritu ruandés. Conviví con la gente de Ruanda muy estrechamente durante 4 años. Nunca podrán salir de mi corazón. Mi hermosa Ruanda.

"...una historia de amor, de dolor, de sacrificio, de esperanza y de superación...un libro que nos hará reflexionar sobre cómo el amor puede lograr que no existan las distancias entre las razas, denunciando al mismo tiempo unos hechos que jamás debieron suceder"


martes, 26 de marzo de 2019

Presentación de "Punto de encuentro, más allá de los mitos" 28 de febrero y 15 de marzo.



   A lo largo de mi vida me he alimentado de la sabiduría de personas que me han inspirado a través de los libros y de la historia, y de personas con las que he compartido mi tiempo.
En este ensayo comparto lo que he recibido. No está concluido, pienso que todo está por terminar. Así lo presento: los pensamientos son libres como las nubes, son de todas. Vuelan, se posan, se transforman, se multiplican. Alivian, consuelan, inquietan, remueven los sentimientos o los apaciguan. Como lo recibí lo entrego. Sencillamente.





   Todas las personas nos hacemos preguntas, la vida no siempre es fácil, muchas veces es  dura y dolorosa, insoportable. Buscamos respuestas y sentido a nuestras vidas, a todo lo que nos rodea, y las encontramos en nuestra cultura, en sus creencias, en sus mitos; la buscamos a lo largo de la vida, a través de nuestras vivencias y experiencias. En este breve ensayo comparto mi búsqueda y las respuestas que encuentro, que intuyo; no se trata de certezas sino de  búsqueda
   Entre los acontecimientos y experiencias de los últimos años, el anillo me ha ayudado mucho en mi búsqueda de sentido. Os hablo de él  en el primer capítulo. Es la historia de un anillo, al que he llamado el anillo del círculo infinito. Cuento como su magia se apoderó de mí, o más bien como proyecté las ancestrales creencias en la magia en él. Había creado un mito, aunque personal y doméstico.  Soy consciente de lo intrascendente que puede resultar esta historia,  sin embargo me ha ayudado a encontrar respuestas y deseo compartirla.
 A partir de esa historia, reflexiono sobre el significado de los mitos. Cada grupo humano, e incluso cada persona, busca y encuentra su propio anillo para transformarlo en mito, sustento y alivio en el transcurrir existencial. El anillo es con frecuencia secuestrado y utilizado para la división y enfrentamiento entre individuos y grupos, convertido en instrumento de poder en manos de los tiranos. Sin embargo,  más allá de todas estas perversiones, llego a la conclusión de que hay un punto de encuentro más allá de todos los mitos, y es ese punto de encuentro hacia donde deberíamos encaminarnos. A superar el enfrentamiento con “los otros”, a la unidad.
 Mi experiencia con el anillo me ha ayudado a comprender mejor el significado de los mitos. Nuestra naturaleza humana, racional y al mismo tiempo imaginativa, emocional, creativa, hace que los necesitemos y los creemos, y que nos agarremos a ellos con fuerza.
Puedo reconocer el valor de los mitos y la necesidad que tenemos de ellos, puedo respetarlos, pero siento la necesidad de señalar el peligro que pueden implicar: el dogmatismo, el fanatismo, la intolerancia. El dogmatismo y el pensamiento único toman muchas caras, a veces incluso rostros que se enfrentan como los mayores enemigos, pero tienen un elemento esencial común: la estrechez de miras que lleva hasta la ceguera. La cruz, la media luna, la estrella roja son muchas veces exponentes de este dogmatismo. La visión distorsionada que nos hace creernos únicos poseedores de la verdad y la bondad, se transforma en ceguera y rechazo del otro. Pero  la verdad y la bondad son patrimonio de la Humanidad, de todas y cada una de las personas que asimilarán y personalizarán esa verdad según sus propios rasgos individuales o culturales.

El valle de los narcisos, capítulo 11: quedar atrapado.

11. Mi madre golpeó suavemente a la puerta de mi habitación antes de asomarse. _ David ¿hoy no piensas comer? Me pareció una pr...