lunes, 20 de julio de 2015

La corrupción sistémica, la raiz de la crisis.

La política, y las personas que la ejercen, son puro instrumento al servicio del bien común de la sociedad. Pero si el instrumento se corrompe ¿para qué servirá? ¿no se convertirá más bien en un instrumento de dominación?
La corrupción, en su más amplio sentido entendida como abuso de poder, es la raíz de todas las crisis y solo la regeneración política conseguirá reconducir el rumbo de un sistema moribundo. La regeneración política, la exigencia de una ética política y de unos mecanismos que la garanticen no es algo tangencial en la nueva política: es su raíz.
Estamos en un sistema político donde la corrupción es sistémica, a nivel nacional e internacional. Reconocerlo es el primer paso, empeñarse en la regeneración un deber: cualquier persona que decida participar en política debe ser consciente de que el sistema es corrupto y acaba corrompiendo, que es necesario disponer de mecanismos de defensa suficientemente eficientes.


Me ha parecido interesante el siguiente artículo de Robert Klitgaard, alguno de cuyos párrafos copio.

Robert Klitgaard1
Presidente, Claremont Graduate University. E-mail: robert.klitgaard@cgu.edu

 "....En algunos casos, el aparato para contener la corrupción es inefectivo o incluso perverso. Lo que podría llamarse niveles normales de corrupción—esto es, los niveles de corrupción que implican las compensaciones óptimas—pueden escalar rápidamente. La corrupción sistémica o anormal –o hipercorrupción para utilizar un término acuñado por el argentino Luis Moreno Ocampo-, resulta en instituciones enfermas. Por ejemplo, existen situaciones donde algunos o la mayoría de los líderes políticos y empresariales  se combinan para sacar utilidades y rentas ilícitas a expensas del ciudadano corriente. En estos casos, el aparato anticorrupción puede corromperse. La corrupción sistémica depende tanto de condiciones sociales como de la calidad del aparato anticorrupción, incluyendo el liderazgo político...
 Las consecuencias de la corrupción sistémica incluyen la desmoralización de ciudadanos y empresarios, inestabilidad política, gobiernos que fracasan en proveer justicia y servicios así como un sector privado que debe participar en un entorno de corrupción generalizada para poder sobrevivir...
Cuando la corrupción se vuelve sistémica el gobierno se vuelve muy ineficiente y las políticas para estimular el progreso económico fracasan..."

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