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sábado, 25 de octubre de 2014

CARTA ABIERTA A PABLO IGLESIAS: P.D.

P.D. Las mayorías también se equivocan.

Entre democracia o dictadura, ya sea la dictadura de un tirano o de un grupo, siempre elegiré democracia, porque me parece el mejor recipiente para acoger la libertad del individuo, la igualdad de las personas y la solidaridad entre ellas.
A lo largo de su evolución, ese animal social y racional que somos, ha inventado maravillas, entre ellas el lenguaje y la democracia. Lenguaje y democracia van muy unidos, son increíbles tesoros que hay que cuidar, porque como todo lo vivo están siempre amenazados.
La democracia tiene serios enemigos y los peores son internos. Es el gobierno del pueblo frente al gobierno del tirano. Pero el problema es que el pueblo también puede llegar a ser un tirano.
Siempre habrá grupos minoritarios, e individuos disidentes en todos los grupos. La salud de una democracia, en mi opinión, se mide por su reacción ante esta realidad. Ante el “disidente” hay una solución rápida y eficaz: anularlo (herejes a la hoguera, o reaccionarios a la cárcel o campos de reducación, al fin y al cabo, lo mismo). Solo con escribirlo me estremezco de horror. Porque soy un ser libre, que se remueve inquieta dentro de cualquier uniforme que se me pretenda imponer. Pienso que es desde la riqueza de la variedad como se construye la sociedad. El disidente, individuo o grupo minoritario, nunca debe verse como una amenaza a aplastar sino como un elemento de contraste a tener en cuenta para rectificar si es necesario. Por supuesto que las decisiones adoptadas por la mayoría deben llevarse a cabo, y el individuo y las minorías deben aceptar el bien general, pero este bien general no lo será si no tiene mecanismos que respeten y consideren la postura y el bien de todas y cada una de las minorías, de todos y cada uno de los individuos.
Las mayorías también se equivocan, sobre todo cuando adoran a los tiranos.
Dad un repaso a la historia.

lunes, 20 de octubre de 2014

CARTA ABIERTA A PABLO IGLESIAS

El cielo no se conquista por asalto, amigo Pablo.
El cielo está dentro da cada una de nosotras.

Apelar a sentimientos negativos nunca nos hará conquistar el cielo. Demasiadas veces se ha hecho, y nunca ha resultado a largo plazo, solo ha procurado victorias temporales pero nunca la justicia universal y la paz duradera. Es demagogia y marketing que vende ciertamente: recurrir a la rabia y a la envidia desde la izquierda, o a la soberbia, la vanidad, el querer ser y tener más que los demás desde la derecha, o al miedo a que nos quiten lo que tenemos, en cualquier caso recurrir al sentimiento de grupo que busca un chivo expiatorio: los empresarios, los trabajadores, los ricos, la casta, la clase, la raza, la creencia, los fieles, los infieles, los judíos, los cristianos, los moros, los ateos, los negros, los chinos, los americanos, los comunistas. Cualquiera, menos nosotras mismas.
Hoy estamos expectantes y renace la esperanza: por encima de todo, de las banderas, las creencias, las castas, las clases: por encima de todo, las personas y su dignidad, enraizada en la libertad, la igualdad,la fraternidad.
Amigo Pablo, sé una voz más en esta dirección hacia algo nuevo que se alza sobre las ruinas de lo viejo, que se alimenta de todo lo bueno que el ser humano ha sembrado en la historia y se libera de tantos y tantos errores y crímenes cometidos de un extremo a otro.

Hay mucha desesperación, y mucho miedo. Y estas circunstancias propician la aparición de Mesías, rojos o azules, Califas o laicos, pero Mesías que pueden apagar la esperanza de esta nueva era: la era de la gente. Porque la bondad y la lucidez están dentro de cada una de nosotras y al mismo tiempo nos trasciende; no es patrimonio de pueblo, credo, nación, o raza: es el legado de la Humanidad, de esos seres prodigiosos, racionales y sociales que somos cada una de nosotras. Y es nuestra hora.

No podemos trazar una línea en el suelo para separar a los buenos de los malos, y colocarnos por supuesto del lado de los buenos. No. Porque cada una de nosotras somos capaces de actos llenos de grandeza, pero también somos capaces de las mayores atrocidades, y nadie es más peligroso que aquel que no es consciente de ello. La sociedad tiene que crear los diques de contención para evitar que el lado salvaje y depredador de todos los individuos se imponga: esa es la labor principal de la política: velar por el bien común. Y aquellos que la ejercen deben ser las mejores personas, pero estar en todo momento sometidas al juicio de sus conciudadanos.
 Y volviendo al principio de mi entrada, el cielo está dentro da cada una de nosotras y el cambio comienza ahí: en cada una. Eso es lo que tenemos que enseñar en el calor de nuestras casas, y gritar a los cuatro vientos en todas las plazas de la tierra.


 “Sé tú mismo el cambio que deseas ver en el mundo” dijo el gran hombre, alma de Dios, Gandhi.

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...