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sábado, 8 de abril de 2023

FRENTE A LA DESESPERACIÓN Y EL ODIO, EL TRIUNFO DEL AMOR Y LA ESPERANZA


¿Cómo puedo decirlo hoy? Amanece con noticias de odio, rencor interminable, espiral de violencia. Los atentados en Cisjordania, los bombardeos de Israel sobre Gaza y Líbano, el atentado en TelAvid. El escenario, ese espacio en el mapa donde ponen su corazón tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo, islám.
Puedo decirlo porque lo que descubro en la historia de Jesús de Galilea, en la historia de su muerte y  en el mensaje de su victoria sobre el odio, el sufrimiento y la muerte, se me aparece como patrimonio de la Humanidad. Más allá de las distintas religiones, de los distintos mitos, el mensaje es de un esplendor deslumbrante. Es el mensaje del triunfo del amor sobre el odio, de la esperanza sobre la desesperación, de la compasión y el amor fraterno sobre cualquier tipo de diferencias.
¿Qué hemos hecho de este mensaje, sea cual sea nuestra ideología, creencias, o religión? ¿Qué hemos hecho?
¿Qué estamos haciendo?
Y descubro una respuesta: no basta con anunciar tu creencia, hazla realidad con tu vida, cada día, cada instante, a cada respiración, haz realidad el triunfo del amor, haz realidad el triunfo de la esperanza.
Con todo mi cariño, lo comparto con todas las personas que lean estas líneas, de modo especial con los jóvenes, porque el futuro es vuestro, de vuestra respuesta vital depende que sea un futuro de amor y esperanza. No os rindáis. El amor siempre gana, tu construyes esa victoria con tu resistencia.



sábado, 19 de abril de 2014

PUNTO DE ENCUENTRO


“¿Dios es de todos?” me preguntó con cinco años. Sí, Dios es de todos, le contesté. Y aprendí mucho de su pregunta infantil.

Aprendí el sentimiento de exclusión de tantas personas que provocan las religiones: exclusión del punto de encuentro que debería suponer el sentimiento religioso, la espiritualidad.


No reniego de la religión, no pretendo que nadie lo haga. Reniego de su perversión, de su manipulación, del carácter exclusivista que hace que una religión se presente como el único camino, hasta el punto de condenar a toda persona que no la admita como la única verdadera. Me horrorizan los crímenes cometidos en nombre de Dios, a lo largo de toda la historia hasta nuestros días.

Soy cristiana, creo en Dios, creo en Jesús. Agradezco a las instituciones que han conservado y trasmitido a lo largo del tiempo el Evangelio, pero es justamente esta buena noticia la que me hace comprender que Dios es todo eso que me han enseñado, y es mucho más: y en ese más nos encontramos todas. No puedo pensar en Jesús más que como ese infinito, inmenso, gozoso, punto de encuentro.

Más allá  de las distintas percepciones e intentos de explicar lo inexplicable, más allá de todo lo que nos diferencia y nos enfrenta, más allá de tanto dolor y sufrimientos que padecemos y que también provocamos, más allá está ese punto de encuentro, ese abrazo que nos devuelve la inocencia. Nos devuelve la esperanza, el coraje de seguir, de aceptar nuestra tarea y hacerla de corazón sabiendo que no estamos solas. Yo le llamo Jesús, pero sé que hay tantos nombres como estrellas en el cielo. Porque sé que es de todas.
                                  

Feliz Pascua.

sábado, 30 de marzo de 2013

FELIZ PASCUA, HERMANOS

Un año más, con la primavera y el renacer de la vida, celebramos la Pascua. Y cada año nos llenamos de la esperanza de que, más allá de la oscuridad, el dolor y la muerte, la vida renace. Por eso seguimos en pie, seguimos caminando, con todas nuestras limitaciones, porque nos sentimos señalados por Jesús como sus hermanos, como hijos de Dios. Nadie proclamó como Jesús la dignidad del ser humano, nadie señaló como él cuál era nuestra tarea en la tierra, nadie puso por encima de todas las leyes y tradiciones el amor a nuestros semejantes.

Por eso, en un mundo corrompido por la avaricia, por el culto al dinero, al poder, a la gloria, al disfrute desenfrenado frente al olvido y la indiferencia ante los sufrimientos de los demás, la figura y el mensaje de Jesús es un soplo potente que nos sostiene y nos empuja a seguir luchando por la dignidad de todos los seres humanos.
Hacer de cada una de nuestras vidas esa contribución a un mundo más fraternal, más equitativo, más gozoso, esa es nuestra humilde tarea y la fuente de la auténtica felicidad. 

imagen: maricruzpe.blogspot.com

sábado, 7 de abril de 2012

FELIZ PASCUA, HERMANOS

Presencié la escena hace años, en el metro de Paris. En la superficie los franceses celebraban elecciones, izquierda y derecha se unían sobresaltadas ante el avance de Le Pen y su discurso xenófobo. En los túneles los hombres y mujeres se apretujaban grises en los vagones. De todos los colores, de todas las razas, así eran los viajeros. No de todas las clases sociales, eso no. Trabajadores la mayoría.
La mujer sentada enfrente de mí tenía el aspecto desaliñado de una mendiga. Palpaba con dedos amoratados el dobladillo de su chaqueta en el que se adivinaba el contorno de unas monedas. Al levantarse para salir, una moneda resbaló al suelo. Un muchacho de aspecto magrebí la recogió e hizo un gesto para devolvérsela, pero demasiado tarde: la mujer se alejaba por el andén. Las puertas del vagón se cerraron. El muchacho volvió a sentarse con la moneda entre sus dedos. Otro muchacho había entrado en aquella estación: alto y encorvado, pálido de piel y de mirada, muy azul, con el pelo rubio y ondulado cayéndole sobre los hombros. Extendió la mano y avanzó entre los viajeros desgranando la retahíla de sus desdichas, entonces el joven magrebí le entregó la moneda, y sus manos se rozaron.
      Ese es el infierno, ese es el cielo. Ese es el mensaje, esa es la respuesta. Los cristianos celebramos la Pascua. Pero la Pascua, la auténtica Pascua, es de todos. Es atravesar el infierno alargando la mano al otro, sintiendo su pena y compartiendo lo mucho o poco que tengamos. Así caminó Jesús, así nos enseñó a tejer el puente para atravesar este valle de lágrimas, la mano en la mano, hombro con hombro. Así nos hizo descubrir la esperanza y la fuerza.
            Feliz Pascua, hermanos.

NO SOMOS LA LUZ, PERO PODEMOS REFLEJARLA


“Llévame de la oscuridad a la luz, de la irrealidad a la realidad, de la mortalidad a la inmortalidad” suplica un mantra budista. La súplica ha sido escuchada, hoy lo celebramos los cristianos. A través de la oscuridad, el sinsentido, el dolor y la muerte, se abre paso la luz y la esperanza. Hoy y cada día en cada una de nuestras existencias.
Existencia, Conocimiento, Plena Felicidad, así se nombra a Dios en el hinduismo. Felicidad Plena, ese es también el mensaje de la Pascua, a pesar de todo.
Nuestra existencia, como espejo limpio que refleja la luz. No somos la luz, la reflejamos si nuestro yo no empaña el espejo. Nuestra existencia, como una fuente de la que mana el agua. No somos el agua, la dejamos brotar limpia si nuestro yo no la enturbia. Nuestro yo no se anula, se expande, se funde en un abrazo. Existencia, Conocimiento, Felicidad Plena.
Feliz Pascua.

Imagen:www.fondos ypantallas.com
http://www.alcorverde.blogspot.com/

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...