Mostrando entradas con la etiqueta Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dios. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de enero de 2016

Punto de encuentro.


_ ¿Dios es de todos?
La edad mágica, los cinco años, y sus preguntas maravillosas. Sencillas, directas, impactantes. Como un empujón suyo, jugando, de esos que te hacen caer sentada en el suelo.
_Sí_ respondo después de un instante de asombro.
Un instante en blanco, en el que todos los colores del arco iris se abrazan en uno.

_ De todos, como el sol que sale en lo alto para todos y a todos les da su luz, como la lluvia que cae sobre todas las personas de todas las tierras, como el aire que respiramos y no vemos pero nos da la vida, es todo lo bueno y todo lo bello que hay en nuestros corazones. Aunque hay algunos cabezones que piensan que son los únicos buenos y que Dios es sólo de ellos. Pero Dios es de todos.

Mi pequeño filósofo se queda tranquilo. Y yo abro el libro de un maestro hindú, Swami Sivananda, y copio sus palabras:
“No hay nada que el mundo necesite actualmente más que el entendimiento mutuo. El entendimiento tiene lugar cuando las personas se encuentran al mismo nivel, al mismo tiempo, con auténtico afecto, sinceridad y tolerancia”[1]
Hay que empezar desde dentro, a cambiar. Todas y cada una, todas juntas. Entonces el mundo cambiará.

Reconozco en la pregunta infantil el sentimiento de exclusión que provocan las religiones en tantas personas: exclusión del punto de encuentro que debería suponer el sentimiento religioso, la espiritualidad.
No reniego de la religión, no pretendo que nadie lo haga. Reniego de su perversión, de su manipulación, del carácter exclusivista que hace que una religión se presente como el único camino, hasta el punto de condenar a toda persona que no la admita como la única verdadera.
_ ¿Qué es la yihad?
Me pregunta en otra ocasión (ya sabe leer y lo ha visto en la primera página de un periódico).
Se lo explico como puedo.
_ Pero ¿cómo pueden matar, hacer daño en nombre de Dios, si Dios es una cosa buena?
La lógica implacable de un niño, reconozco, orgullosa de la sabiduría de mi pequeño filósofo.



[1] Swami Sivananda, Iluminación, E.L.A.

sábado, 9 de enero de 2016

Si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros?


He vuelto a oír la frase bíblica en labios de un coro infantil. No eran solo las voces de los niños sino también la expresión de sus ojos lo que me impresionó. Es una hermosa frase que puede infundir una enorme confianza, yo también he experimentado ese sentimiento más de una vez. Pero hoy siento la necesidad de profundizar en esas palabras, porque si pueden ser fundamento para la serenidad también lo pueden ser para el odio y la guerra, palabras para alentar a los guerreros en la batalla. Por desgracia, hoy somos testigos de hasta que punto puede la religión ser tomada como pretexto para enfrentamientos ya sean banales (pongamos el caso de la polémica interminable sobre la Cabalgata de Reyes de Madrid) o sangrientos como las guerras en nombre de Dios.

Hay en la frase tres núcleos: Dios-nosotros-los otros. Si estos tres núcleos se separan y se enfrentan, el resultado es el odio y la muerte; si se funden, el amor y la vida. El núcleo original es Dios, la afirmación positiva, el origen, el amor y la vida, incompatible con el enfrentamiento nosotros-los otros. Es el abrazo universal.

Pienso que esta reflexión, aun de carácter religioso, puede ser extrapolable a otra de carácter más amplio, espiritual o filosófico, incluso me atrevería a decir que no solo puede ser, sino que es importante que lo sea. Si no conseguimos esta amplitud de miras y el discernimiento suficiente para separar lo que nos diferencia (las tradiciones culturales y plurales) de lo esencial que nos une a todas en un núcleo común, estaremos abocadas al desastre.
Imagen.fieeranova.es

miércoles, 3 de abril de 2013

LA MIRADA DE DIOS.


La mirada de Dios es Luz y Bondad, sobre todo y sobre todos. Este es el mensaje de Jesús, que tanto nos cuesta comprender, porque nuestro corazón está lleno de sombras y rencores, que proyectamos a todas nuestras ideas y fabulaciones, creándonos un dios a nuestra imagen y semejanza. Me viene a la imaginación los rostros enfurecidos de creyentes lapidando, crucificando, quemando en la hoguera, escupiendo, maldiciendo a los que no adoran a su dios, a los que no se acomodan a la imagen de dios, pequeño ídolo, que han fabricado; y lo hacen en nombre de ese mismo dios, en nombre del celo por defender a su dios, por defender su honor, por limpiar las ofensas cometidas contra él. ¡Cuánta oscuridad, cuánta ignorancia, cuánto fanatismo! También en los que se consideran no creyentes, cuando atacan con la misma furia a los creyentes.


Cuando llegamos a comprender el mensaje de Jesús,  aunque sólo sea por un ínfimo instante y sólo un poco, todo cambia. Nos anuncia un Dios que no condena sino que salva. No condena, porque Dios no es ofendido por nuestra maldad. Dios es la Felicidad plena.  Somos nosotros los que nos ofendemos, los que nos dañamos, cuando nos alejamos del objetivo de nuestra existencia: esa misma bondad, esa misma felicidad, ese abrazo con el que es. Por eso la mirada de Dios es compasiva, no condena sino que salva. Y no hay infierno comparable con la conciencia de sentir que nos hemos alejado de aquello para lo que existimos. Pero él es la espera abierta a nuestro retorno. El es la Felicidad que nos espera al cabo del camino. No hay ira, no hay castigo: es sólo un padre que espera todos los días la vuelta del hijo. Ese es el Dios de Jesús. Y es la mirada de Dios la que los demás deben descubrir en nuestros ojos.

Imagen: maricruzpe.blogspot

viernes, 19 de octubre de 2012

MÁS ALLÁ DE LA IRA DE DIOS

La ira de Dios ha oscurecido el cielo del creyente con la amenaza del infierno. En los textos sagrados se hace referencia a este lugar o estado de sufrimiento al que son abocados los pecadores. Y sin embargo, cuanto más se busca el conocimiento de Dios más difícil resulta aceptar esta ira. Si abrimos, aunque sólo sea un poco, la puerta de nuestro ego encadenado y dejamos que penetre la Luz  podemos intuir, o presentir, (aunque sea a través de las sombras de nuestra ignorancia) el Bien, la Belleza, la Compasión Poderosa, el Amor del que es y en el que todo existe. Y en esta Luz no hay sombra de ira. Entonces podemos deducir que la ira de Dios no es más que la torpe proyección de nuestra propia ira, de nuestra propia sombra.
Todos los textos sagrados, aún admitiendo su carácter de revelación, están escritos en un contexto cultural determinado. Incluso en el Nuevo Testamento encuentro textos que nos hablan de esta ira de Dios que arroja al infierno al pecador. Pero a pesar de esto, lo que descubro en la esencia del mensaje me hace atreverme a pensar que el Dios que se nos revela está más allá de la ira.
Hay un infierno que temer, el infierno al que nosotros mismos podemos arrojarnos. Para un amante, no hay infierno comparable a perder el amor del amado. Pero ante la Bondad Suprema esto no es posible: existimos por ese amor y ese amor es eterno e inmutable. Somos nosotros mismos los que podemos darle la espalda y alejarnos de él. Ese es el infierno.
Esforzarnos cada segundo por vivir con honestidad y rectitud,  intentando reflejar y realizar en nuestro ser esa misma Bondad, ese es el camino del cielo. El cielo y el infierno están dentro de nosotros. Es a nosotros mismos y a nuestra capacidad de autoengaño a quien hay que temer hasta nuestro último aliento, y atravesar confiados todas las sombras que nuestro ego pueda interponer entre nosotros y Dios. En Dios no hay sombra de ira. Es luz cálida, es vida y belleza.
Los hombres siguen alzándose unos contra otros  en nombre de la ira de Dios, como lo han hecho desde siglos, para desagraviar a su Dios o a su Mesías ante las ofensas de los no creyentes. Si contemplásemos su verdadero rostro y limpiásemos nuestro corazón de nuestra propia ira, contemplaríamos la luz de la misericordia y la paz, la luz que ilumina a todos los hombres con el sello de la fraternidad.

Imagen: Daniel Vendrell Oduber

jueves, 5 de abril de 2012

¿EN QUÉ PUEDES SEGUIR CREYENDO?

Cuando la vida se convierte en un infierno (¡tantas veces, para tantos y tantos seres humanos!) ¿en qué puedes seguir creyendo? ¿en qué palabras, en qué promesas, en qué proyectos? ¿en qué personas? ¿en qué dios?
En el que te estrecha la mano, a tu lado, se estremece contigo, contigo llora y pelea, contigo sufre y muere. En esa palabra sí, en ese hombre o mujer, sí. En ese dios, sí puedes seguir creyendo.

Imagen: revistadeletras.net
http://www.alcorverde.blogspot.com/

lunes, 20 de febrero de 2012

HAY QUE EMPEZAR DESDE DENTRO


_ ¿Dios es de todos?
La edad mágica, los cinco años, y sus preguntas maravillosas. Sencillas, directas, impactantes. Como un empujón suyo, jugando, de esos que te hacen caer sentada en el suelo.
_Sí_ respondo después de un instante en blanco.
Un instante en blanco, en el que todos los colores del arco iris se abrazan en uno.
_ De todos, como el sol que sale en lo alto para todos y a todos les da su luz, como la lluvia que cae sobre todos los hombres de todas las tierras, como el aire que respiramos y no vemos pero nos da la vida, es todo lo bueno y todo lo bello que hay en nuestros corazones. Aunque hay algunos cabezones que piensan que son los únicos buenos y que Dios es sólo de ellos. Pero Dios es de todos.
Mi pequeño filósofo se queda tranquilo. Y yo abro el libro de un maestro hindú, Swami Sivananda, y copio sus palabras:
“No hay nada que el mundo necesite actualmente más que el entendimiento mutuo. El entendimiento tiene lugar cuando las personas se encuentran al mismo nivel, al mismo tiempo, con auténtico afecto, sinceridad y tolerancia”[1]
Hay que empezar desde dentro, a cambiar. Todos y cada uno, todos juntos. Entonces el mundo cambiará.



[1] Swami Sivananda, Iluminación, Ediciones Librería Argentina, pag.72

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de e...