viernes, 31 de julio de 2015

Y cuando los extremos se unen: un sistema global sin libertad ni justicia social

Cuando el sistema degenera y globaliza la injusticia, la desigualdad y el sometimiento, podemos preguntarnos si hay alguna salida.
La falta de igualdad y justicia social ya sea en sistemas declaradamente individualistas o en aquellos otros que defienden una igualdad teórica pero que permiten enriquecimientos inauditos de las clases dominantes; el aumento continuo de las desigualdades entre los pueblos y los seres humanos, la acumulación de riqueza en unas pocas manos y el aumento de la pobreza en la mayoría de la personas, pueblos enteros destrozados por las guerras y el hambre buscando un refugio y una patria que se les niega; personas reducidas a la mendicidad por falta de trabajo, el paraíso prometido en la tierra sustituido por el dominio mafioso de gobiernos corruptos; la falta de libertad ya sea por sistemas declaradamente totalitarios o por sistemas que proclamándose garantes de las libertades manipulan a las masas con medios de comunicación que controlan entre las sombras: esta confluencia de los extremos en un mismo sistema político, social y económico degenerado nos hace preguntarnos si hay alguna esperanza.
Un calculo frío de posibilidades y de fuerzas puede hacernos pensar que no hay salida. Pero la voluntad humana puede empujarnos a buscar esa salida. La voluntad de la especie humana, la voluntad de la gente.

Es la hora de la gente. No de remendar un sistema, o de sustituir uno por otro. Es la hora de la gente, no la hora de las ideas y de los -ismos, la hora de la gente, de la vida, de la tierra.

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