domingo, 30 de agosto de 2015

Un día perfecto, magnífica película.



Cuando contemplar la realidad se hace insoportable, con todo el dolor y sufrimiento de pueblos enteros frente a la codicia y crueldad de grupos dominantes, películas como "Un día perfecto", de Fernando León de Aranoa, nos devuelven la esperanza en el ser humano.

Actores como Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Eldar Residovic, encarnan lo mejor del ser humano, esos héroes polvoriento y sudorosos, hundidos voluntariamente hasta la cintura en la miseria humana, movidos por la empatía sin fronteras. Enfrentados a la burocracia sin alma, luchan por ayudar a resolver los problemas cotidianos de la gente. Frente a la irrealidad de lo abstracto y general, grandes palabras de grandes organismos, ellos se juegan la vida porque un pueblo tenga agua o un niño recupere su balón. 
Capaces de sonreír en el infierno, caldean el alma y renuevan el impulso de seguir luchando por la dignidad humana. A veces he pensado que toda la bondad de tantos hombres y mujeres, millones, que en la vida cotidiana tienden sus manos por los demás, podría volcarse en la política y cambiar el ejercicio del poder; otras veces he dudado y temido que la burocracia sin alma ahogase este impulso de servicio. No lo sé. Pero mientras haya personas como los cooperantes, habrá esperanza.

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