domingo, 15 de noviembre de 2015

Estamos en guerra, hagamos la paz.

Hemos oído estos días declaración de guerra. Estamos en guerra.La guerra se presenta como el medio para salvaguardar la civilización. Pero la guerra es la antítesis de la civilización.La guerra, cualquier guerra, es la mayor expresión de la barbarie.

Ante lo ocurrido en París la noche del viernes 13, entiendo las reacciones de miedo, desconfianza, ira y venganza, pero creo que estos sentimientos pueden provocar la verdadera derrota: la noche de la razón y la civilización y el imperio de la guerra. Entiendo que usemos todos los medios para defender y proteger a los ciudadanos ( a todos los ciudadanos) pero no podemos dejarnos derrotar, desgarrar, crear muros de ira e intolerancia, de integrismo de uno u otro color.

Si quieres la paz, prepara la guerra, defienden los belicistas. Pero se olvidan que la paz es el camino, el único camino para la civilización humana.
No es la hora para declarar la guerra, es la hora para trabajar por la paz. Todas las personas somos responsables, nadie puede quedar indiferente: todos somos vulnerables, vulnerables de ser atacados por los lobos salvajes, vulnerables de convertirnos en lobos sanguinarios.
Construir, reconstruir la paz en un mundo herido, es la responsabilidad de todos los líderes mundiales, los líderes de todas las religiones, los líderes políticos o culturales, todas las personas capaces de conducir a otras, de modo muy especial los profesionales de la educación, los padres y madres, todas las personas anónimas. Construir la paz significa trabajar por la justicia y la igualdad, por la libertad y solidaridad entre todas las personas, el respeto a los Derechos Humanos Universales, el respeto a la diversidad cultural y religiosa, el profundo respeto a la dignidad de todas las personas.
Las guerras, lo sabemos, son semillas de guerras. La justicia, la libertad, la fraternidad, son las únicas semillas de la paz.


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