jueves, 19 de noviembre de 2015

Radicales: tenemos que anclarnos en nuestra raíz.

No es la hora de la guerra, ni es la hora de rendirse: es la hora de la razón y la voluntad férrea por la justicia y la paz.
Por encima de toda diferencia, somos humanos; esa es la patria común, la casa de todas las personas: contra el fanatismo y el integrismo.
El tesón de cada una por seguir, cada una en su parcela, la suma de todos los pequeños pasos por la justicia y la paz, esa es la esperanza.
Cuanta más oscuridad haya en el túnel, más coraje y tenacidad tenemos que tener para caminar hacia la salida. Y en este camino es preciso afianzarnos en una profunda motivación, en una raíz anclada en el núcleo de nuestro ser que nos haga resistir y mantenernos firmes ocurra lo que ocurra a nuestro alrededor. En la era de la superficialidad y la inmediatez, hay que insistir en la necesidad de esta radicalidad ( de raíz) y en la necesidad de un cultivo lento y duradero, desde la infancia. La educación es la pieza fundamental, la educación en valores y en una nueva "espiritualidad", que no es un concepto ligado a "religión" sino a humanidad. Y en esta educación, todas somos responsables, comenzando por una revisión de nuestra propia raíz.

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