lunes, 27 de octubre de 2014

HABRÁ UN DÍA...SIEMPRE ISABEL GÓMEZ


Ayer murió nuestra compañera, Isabel Gómez. Hoy nos hemos reunido en el salón del Instituto ALDECOA, en Alcorcón, para dedicarle un sencillo y emotivo homenaje.
Isabel fue mi compañera, una profesora ejemplar, una profesional de una pieza, una persona de una humanidad impresionante. Valiente, luchadora contra el cáncer durante años, siempre a pie de aula, siempre a pie de pizarra o en su querida biblioteca, esa casa de los libros que a tantos jóvenes hizo amar.
Gente como Isabel son los auténticos motores del cambio, los auténticos pilares que mantienen la sociedad en pie.
Gracias, Isabel, mi amiga que nunca olvidaré.
Hoy hemos oído en tu honor la canción de Labordeta, aragonés como tú. Y no he podido evitar emocionarme. Ojalá esos sentimientos que te movían nos muevan a todas.


Habrá un día
En que todos
Al levantar la vista
Veremos una tierra
Que ponga libertad!

Hermano, aquí mi mano

Será tuya mi frente
Y tu gesto de siempre
Caerá sin levantar
Huracanes de miedo
Ante la libertad!

Haremos el camino
En un mismo trazado
Uniendo nuestros hombros
Para así levantar
A aquellos que cayeron
Gritando libertad!

Sonarán las campanas
Desde los campanarios
Y los campos desiertos
Volverán a granar
Unas espigas altas
Dispuestas para el pan!

Para un pan que en los siglos
Nunca fue repartido
Entre todos aquellos
Que hicieron lo posible
Por empujar la historia
Hacia la libertad



También será posible
Que esa hermosa mañana
Ni tú, ni yo, ni el otro
La lleguemos a ver
Pero habrá que empujarla
Para que pueda ser!

Que sea como un viento
Que arranque los matojos
Surgiendo la verdad,
Y limpie los caminos
De siglos de destrozos
Contra la libertad!


Habrá un día
En que todos
Al levantar la vista,
Veremos una tierra
Que ponga libertad!

sábado, 25 de octubre de 2014

CARTA ABIERTA A PABLO IGLESIAS: P.D.

P.D. Las mayorías también se equivocan.

Entre democracia o dictadura, ya sea la dictadura de un tirano o de un grupo, siempre elegiré democracia, porque me parece el mejor recipiente para acoger la libertad del individuo, la igualdad de las personas y la solidaridad entre ellas.
A lo largo de su evolución, ese animal social y racional que somos, ha inventado maravillas, entre ellas el lenguaje y la democracia. Lenguaje y democracia van muy unidos, son increíbles tesoros que hay que cuidar, porque como todo lo vivo están siempre amenazados.
La democracia tiene serios enemigos y los peores son internos. Es el gobierno del pueblo frente al gobierno del tirano. Pero el problema es que el pueblo también puede llegar a ser un tirano.
Siempre habrá grupos minoritarios, e individuos disidentes en todos los grupos. La salud de una democracia, en mi opinión, se mide por su reacción ante esta realidad. Ante el “disidente” hay una solución rápida y eficaz: anularlo (herejes a la hoguera, o reaccionarios a la cárcel o campos de reducación, al fin y al cabo, lo mismo). Solo con escribirlo me estremezco de horror. Porque soy un ser libre, que se remueve inquieta dentro de cualquier uniforme que se me pretenda imponer. Pienso que es desde la riqueza de la variedad como se construye la sociedad. El disidente, individuo o grupo minoritario, nunca debe verse como una amenaza a aplastar sino como un elemento de contraste a tener en cuenta para rectificar si es necesario. Por supuesto que las decisiones adoptadas por la mayoría deben llevarse a cabo, y el individuo y las minorías deben aceptar el bien general, pero este bien general no lo será si no tiene mecanismos que respeten y consideren la postura y el bien de todas y cada una de las minorías, de todos y cada uno de los individuos.
Las mayorías también se equivocan, sobre todo cuando adoran a los tiranos.
Dad un repaso a la historia.

viernes, 24 de octubre de 2014

¿HUÉRFANOS SIN LÍDER?



Siempre ha costado hacerse mayor, a nivel individual y a nivel colectivo.
Sentirse libre y dueño de la propia vida.
Los buenos padres son los que educan a sus hijos para que sean autónomos. Lo mismo ocurre con los buenos educadores. Y con los buenos líderes.
Un buen líder no es el que nos lleva a la adoración, a arrodillarnos y seguir con los ojos cerrados sus pasos. Un buen líder nos ilumina para descubrir nuestra propia grandeza. Un buen líder nos hace grandes, nos hace camiar a su lado. Y un día incluso da un paso atrás y nos deja ocupar su puesto; su puesto no es un trono de piedra, es un río vivo en el que todas confluimos.
La vida es evolución, la sociedad también. Inventamos la democracia, un sueño que parecía imposible, tan débil que se deforma y marchita con facilidad. Pero no muere, es capaz de regenerarse. Y eso exige que aceptemos el reto de hacernos mayores, de descubrir al líder que todas y cada una llevamos dentro y caminemos de la mano en equidad y libertad.

Es la hora de la gente, o volveremos a vernos arrodillados.

lunes, 20 de octubre de 2014

CARTA ABIERTA A PABLO IGLESIAS

El cielo no se conquista por asalto, amigo Pablo.
El cielo está dentro da cada una de nosotras.

Apelar a sentimientos negativos nunca nos hará conquistar el cielo. Demasiadas veces se ha hecho, y nunca ha resultado a largo plazo, solo ha procurado victorias temporales pero nunca la justicia universal y la paz duradera. Es demagogia y marketing que vende ciertamente: recurrir a la rabia y a la envidia desde la izquierda, o a la soberbia, la vanidad, el querer ser y tener más que los demás desde la derecha, o al miedo a que nos quiten lo que tenemos, en cualquier caso recurrir al sentimiento de grupo que busca un chivo expiatorio: los empresarios, los trabajadores, los ricos, la casta, la clase, la raza, la creencia, los fieles, los infieles, los judíos, los cristianos, los moros, los ateos, los negros, los chinos, los americanos, los comunistas. Cualquiera, menos nosotras mismas.
Hoy estamos expectantes y renace la esperanza: por encima de todo, de las banderas, las creencias, las castas, las clases: por encima de todo, las personas y su dignidad, enraizada en la libertad, la igualdad,la fraternidad.
Amigo Pablo, sé una voz más en esta dirección hacia algo nuevo que se alza sobre las ruinas de lo viejo, que se alimenta de todo lo bueno que el ser humano ha sembrado en la historia y se libera de tantos y tantos errores y crímenes cometidos de un extremo a otro.

Hay mucha desesperación, y mucho miedo. Y estas circunstancias propician la aparición de Mesías, rojos o azules, Califas o laicos, pero Mesías que pueden apagar la esperanza de esta nueva era: la era de la gente. Porque la bondad y la lucidez están dentro de cada una de nosotras y al mismo tiempo nos trasciende; no es patrimonio de pueblo, credo, nación, o raza: es el legado de la Humanidad, de esos seres prodigiosos, racionales y sociales que somos cada una de nosotras. Y es nuestra hora.

No podemos trazar una línea en el suelo para separar a los buenos de los malos, y colocarnos por supuesto del lado de los buenos. No. Porque cada una de nosotras somos capaces de actos llenos de grandeza, pero también somos capaces de las mayores atrocidades, y nadie es más peligroso que aquel que no es consciente de ello. La sociedad tiene que crear los diques de contención para evitar que el lado salvaje y depredador de todos los individuos se imponga: esa es la labor principal de la política: velar por el bien común. Y aquellos que la ejercen deben ser las mejores personas, pero estar en todo momento sometidas al juicio de sus conciudadanos.
 Y volviendo al principio de mi entrada, el cielo está dentro da cada una de nosotras y el cambio comienza ahí: en cada una. Eso es lo que tenemos que enseñar en el calor de nuestras casas, y gritar a los cuatro vientos en todas las plazas de la tierra.


 “Sé tú mismo el cambio que deseas ver en el mundo” dijo el gran hombre, alma de Dios, Gandhi.

sábado, 11 de octubre de 2014

KAILASH Y MALALA, OTRO MOTIVO PARA LA ESPERANZA EN MEDIO DE LA CRISIS DEL ÉBOLA.

Hay razones para la esperanza, porque hay personas como Kailash Satyarthi y Malala que trabajan con valentía y una generosidad sin límites, por la justicia, la libertad, la fraternidad. Por los oprimidos, por los olvidados, por los más pequeños. Se les ha otorgado el Premio Nobel de la Paz 2014, en un momento en el que el mundo llora lágrimas de sangre. 


Hoy el mundo llora lágrimas de sangre: en países azotados por la crueldad de la guerra, por una yihad enloquecida que prende con facilidad entre los marginados; por todo un continente asolado por guerras, hambrunas y enfermedades: no olvidemos que en África mueren muchas más personas por hambre, malaria o diarreas, entre otras muchas enfermedades, que por ébola. Pero el ébola llora lágrimas de sangre, y eso nos asusta cuando también nuestros ojos occidentales se ven amenazados. Estos últimos días hemos asistido al lamentable espectáculo de la crisis del ébola en España, en Madrid, en Alcorcón. Un cúmulo de disparates, de desidia, de prepotencia por parte de nuestros responsables políticos. Pero en esta crisis deberíamos también preguntarnos la parte de responsabilidad de cada una de nosotras.

En medio de los debates televisivos, me impresiona el lenguaje corporal de algunas invitadas a ellos: cooperantes, médicas que trabajan en Sierra Leona, en Liberia. Me impresiona la mirada y la sonrisa de esas mujeres, percibo un enorme contraste entre ellas y el resto de los tertulianos, de los políticos, de los portavoces. Es la misma mirada de Malala, de Kailash: es la mirada de un ser humano, compasivo, valiente, auténtico.

Siento una enorme gratitud hacia esas personas, nos devuelven la esperanza que se abre a través de tantas lágrimas de sangre.





Caminando hacia ese punto de encuentro, ese abrazo con todo, que se traduce en acciones llenas de comprensión y compasión.

Hago una pausa durante un tiempo, para internarme en ese camino en búsqueda de respuestas.  "...somos conscientes de nuestra ...