sábado, 15 de junio de 2019

Cuando lo extraescolar es el alma de la educación.

El martes pasado, 11 de junio, tuve el privilegio una vez más de disfrutar de lo que significa educar. Educar ha sido y es una pasión en mi vida: mirar con aprecio al otro, al niño y la niña, al más joven, descubrir todo su potencial y hacerlo aflorar. He tenido la inmensa suerte de coincidir con personas que comparten la misma pasión. 



Hoy quiero dedicar estas líneas a esas personas, en especial a María y Francis, que año tras año dedican su tiempo todos los viernes terminadas las clases  a un taller de teatro con alumnos y alumnas que voluntariamente deciden participar en esta actividad. Tuve la suerte de participar en ese taller, recuerdo la última obra en la que tuve el papel de la abuela de la familia antes de jubilarme. En el IES Josefina Aldecoa, en Alcorcón.
El trabajo de muchos viernes, el resultado de risas y enfados, de sueños y mucho esfuerzo de María y Francis con alguna ayuda extra de alguna antigua alumna como Bárbara: todo ello se transformó sobre el escenario en un grupo de chicos y chicas que nos contaban el cuento de sus vidas, que se transformaban en príncipes y princesas, en enanos y brujas, todos en un equipo orgulloso de su trabajo. En el salón de actos del IES Josefina Aldecoa, en Alcorcón, donde el corazón apuesta todos los viernes por la verdadera educación: hacer aflorar lo mejor de la gente joven.

martes, 11 de junio de 2019

¿Crueldad o empatía? Hacia dónde evoluciona nuestra especie

Ante los últimos acontecimientos en la política nacional e internacional, no dejo de hacerme la pregunta.
D.Trump consigue que Méjico bajo la amenaza de la subida de aranceles cierre el paso a los inmigrantes que vienen desde Guatemala. Muchos mejicanos se sentirán aliviados.
Y más cerca, en Madrid: tres partidos de la derecha que juntos suman mayoría de votos ( no hay que olvidarlo: representan el sentir de una mayoría) se alían y señalan posibles acuerdos y coincidencias: revertir Madrid Central, una medida que reduce la contaminación; disminuir los impuestos, ese medio para la redistribución de la riqueza; terminar con el problema de los "manteros"; combatir la okupación. Probablemente estas medidas sean celebradas por sus votantes.

Los problemas existen, son graves y de difícil solución: las guerras comerciales, las migraciones de millones de personas, el cambio climático y un muy posible colapso en un futuro no lejano, la desigualdad creciente. Y ante estos problemas podemos entender el motivo que mueve a las personas a las decisiones que he señalado. Pero entender los motivos no significa aceptarlos. Porque hay otras soluciones, tenemos que luchar por encontrarlas, poner en ello todas nuestras capacidades humanas.
Porque estos motivos nacen de la ceguera que nos hace pensar que salvando nuestra casa hoy estamos salvados, aunque fuera o después solo quede el sufrimiento y la muerte. Hoy les toca a ellos, los otros, quién nos dice que mañana no nos toque a nosotras. Y entre tanto habremos perdido lo que nos hace humanos, el rasgo más noble de nuestra naturaleza evolucionada: la razón y la compasión. La bondad.

Veo un vídeo en el que un hombre trajeado patea a un indigente que duerme acurrucado en un callejón. Violan a una niña de cuatro años. Matan a mujeres. Las maestras de un Centro escolar se burlan de una niña con autismo. Las trabajadoras de una residencia de mayores vejan a unos ancianos indefensos. En la vida cotidiana, la crueldad toma ventaja sobre la compasión y la empatía. Y en las decisiones políticas.
Ojalá no tomemos partido por los indiferentes, los verdugos o los que no ven más allá de su obligo.

lunes, 3 de junio de 2019

El valle de los narcisos, capítulo 13: literatura para adolescentes.


La adolescencia, etapa de la vida para la que cualquier adjetivo carece de suficiente brillo. Emocionante y trágica, muchas veces. Para los adultos, estar a su lado es todo un reto.


13.
Me encaminé hacia el parque y esta vez tomé la precaución de comprobar que nadie me seguía: me detenía de vez en cuando fingiendo mirar un escaparate y observaba de reojo a los demás transeúntes; cruzaba de acera, incluso por dos veces entré en un portal y desde la penumbra aceché la calle (eso es lo que había visto hacer en varias películas policiacas). Me sentía extrañamente alerta, mi vista parecía haberse agudizado, y sobre todo mi oído: percibía con claridad las voces y el ruido de pasos, ruido de tacones, o de pies cansados que se arrastraban, y a cada instante temía oír el crujir de unos zapatos nuevos. Conforme me acercaba al lugar de nuestra cita, redoblaba mis precauciones. Poco antes de llegar al parque, entré en una heladería. Era mi heladería preferida, Los Pingüinos. Los domingos por la tarde solía comprarme allí un gran cucurucho de chocolate con la propina que me daba mi madre, y me lo iba comiendo poco a poco mientras volvía a casa. Esa tarde pedí uno pequeño ( no era domingo y sólo tenía unas monedas en el bolsillo) y me senté en la mesa del rincón, la que estaba junto al ventanal desde donde se podía observar la calle. El camarero me dirigió una fugaz mirada de extrañeza, quizás se dio cuenta del cambio en mi habitual comportamiento, pero siguió lavando vasos sin prestarme más atención. No había nadie en el establecimiento exceptuando una anciana que sorbía una horchata en la mesa contigua a la mía. Su pelo cuidadosamente peinado era de un blanco azulado, del mismo tono que su vestido. Tenía la mirada perdida a lo lejos, como si estuviese ensimismada en sus pensamientos. Yo la estaba observando cuando ella se volvió hacia mí y me sonrió. Tuve la sensación de que su sonrisa era también azul. Me dirigió un ligero saludo, pagó su horchata y salió. La vi alejarse con pasitos cortos por la calle desierta. Y, no sé por qué, yo también salí precipitadamente detrás de ella.
Al llegar al parque vi a un grupo de chicos jugando al balón, pero Oscar no estaba entre ellos. Me acerqué al seto y entonces lo oí.
_ ¡Eh, David!_ susurró _ Siéntate en el banco, estoy escondido aquí detrás.
Obedecí como un autómata, estaba demasiado aturdido para cuestionarme lo
excéntrico de la situación.
_ Escúchame, pero que no se te note_ continuó en el mismo tono.
Por un momento no supe si estábamos jugando a ladrones y policías o si realmente nos estábamos jugando la vida, y me pregunté si era sensato dejarme conducir por aquel muchacho de apenas doce años.

Oscar había llegado al Instituto ese mismo año, a primero de Secundaria, dos meses después de que el curso hubiese empezado. Alguien me dijo que lo habían expulsado de otro Centro, y ya el primer día organizó una pelea en el recreo.
_Dos chavales de Primero se han dado una paliza_ comentaban
mis compañeros_ Ese crío nuevo es un navajero, tío. El primer día y ya han tenido que llevarlo al despacho del Director.
_ Mira, es ese_ me dijeron al día siguiente_ ¡Vaya pinta!
Estaba apoyado en la valla del Instituto, con una litrona en la mano. Cuando pasamos a su lado dio un trago y eructó.
_ ¿Qué pasa, pringaos?_ nos dijo con tono retador.
Oscar no tenía miedo. Al contrario. Y en menos de un mes consiguió tener atemorizados a todos sus compañeros. Era un alivio, pensé entonces, no estar en el lugar de aquellos niños de Primero a los que Oscar amedrentaba con sus bravuconadas, sus amenazas y sus provocaciones. Pero cuál fue mi sorpresa cuando una mañana Miguel se presentó con él en nuestra clase de Griego.
_Siéntate allí, junto a David_ le dijo señalando el pupitre contiguo al mío.
Durante toda la clase, Oscar no pestañeó: estuvo escuchando con los ojos muy abiertos como Miguel nos hablaba de Homero, de la Iliada y la Odisea.
_ ¿No te importa que ese crío se siente a tu lado, verdad?_ me preguntó Miguel al terminar la clase_ No sabemos qué hacer con él, y estamos intentando que se integre en la vida escolar. Hemos pensado que alguna hora al día la pase en un grupo de mayores como el vuestro.
Me fui acostumbrando a verlo sentado en aquel pupitre una vez por semana, y a sus cambios de humor: había días en que era incapaz de permanecer sentado y se removía inquieto durante toda la hora, o hacía lo posible por atraer la atención de Miguel de las más diversas maneras; otras veces se mostraba tranquilo y dócil y realizaba las tareas que le habían marcado. Alguna vez lo vi hojeando libros que Miguel le prestaba. Yo mismo le pasé un día mi libro de mitología y durante toda la hora no levantó la cabeza, sólo de vez en cuando me daba un codazo señalando alguno de los personajes de las ilustraciones. “Este se parece a Fulanito o Menganito", me susurraba mencionando extraños apodos, como el Culebra, o el Picao.
_ Apenas sabe leer- me explicó más tarde Miguel_ Ha vivido prácticamente en la calle. Ahora la madre se empeña en que venga al Instituto porque los Servicios Sociales la amenazan con quitarle la custodia del muchacho si no se ocupa de que acuda a las clases. Es difícil imaginar lo que este crío puede haber soportado en sus once años de vida, él y otros muchos como él.

Lo que más me emociona cuando recuerdo a Miguel es cómo hablaba de sus alumnos, y su forma de mirarlos. Para él éramos personas, Oscar era una persona, y Alí, y Alberto. Después de que me hablase de Guadalupe, comprendí que así la habría mirado y hablado a ella. Me era fácil imaginar lo que habría sentido todo el tiempo que la cuidó, me bastaba con pensar en Tito para comprenderlo. Cuando terminaba su horario de clases, Miguel dedicaba algún tiempo libre a colaborar con los Servicios Sociales del Ayuntamiento. Tenía a su cargo a un grupo de chiquillos a los que intentaba ayudar en sus tareas escolares para así compensar sus deficiencias. Entre ellos estaba Oscar.
Yo fui testigo de la metamorfosis que se iba produciendo en Oscar día a día, se trataba de un cambio de imprevisibles resultados lleno de sobresaltos y sorpresas. Pero lo que era indudable es que aquel muchacho estaba empezando a asimilar elementos que hasta ese momento habían sido ajenos a su mundo: el respeto y la estima. También yo, casi sin darme cuenta, empecé a imitar las maneras de Miguel hacia él. Y él nos respondía con sus modales salvajes desbordantes de un agradecimiento que no sabía cómo expresar.
Y ahora me encontraba sentado en aquel banco, escuchando con disimulo sus confidencias.

Capítulos anteriores:

lunes, 27 de mayo de 2019

Capítulo 12 "El valle de los narcisos". En una sociedad narcisista, educar para la empatía.


12.
Fingí dormir la siesta cuando mi madre se asomó a mi habitación antes de marchar a su trabajo, y esperé con los ojos cerrados hasta que oí la puerta de la calle.

                            Imagen : https://tinyurl.com/y6axsual
Desde que mi padre murió, mi madre trabajaba como dependienta en unos grandes almacenes, en turno de tarde. Lo había preferido así para poder ocuparse de mi hermano por las mañanas. Yo la relevaba al salir del Instituto. Ahora que Tito había muerto, seguía con la misma rutina: trabajaría toda la tarde y luego ayudaría al encargado a hacer el inventario y la caja, y volvería a casa cerca de las diez. Yo me iba acostumbrando a las horas vacías, sin voces, a veces sentía deseos de pegar el oído al tabique para oír las de los vecinos. O entraba en la habitación de Tito y cerraba los ojos para imaginarme que él aún estaba allí, riendo y hablándome de mil cosas. Déjame estudiar ya, le tenía que decir algunas veces. Ahora añoraba su voz y su risa como nada en el mundo. Sin embargo, esta tarde agradecía el silencio y la soledad de nuestro piso.
Salí a la terraza, quería volver a ver la maceta que me regaló la mujer. Allí estaba, golpeando mi incredulidad y haciéndome sentir una enorme nostalgia por volver a aquel lugar desconocido. Faltaban varias horas para mi encuentro con Oscar, así que pensé que me tranquilizaría dar una vuelta en vez de quedarme encerrado en mi habitación.
Llegué hasta el parque, atravesé la avenida. Recordaba haber pasado por allí con mi maceta en las manos; en la parada del autobús una anciana con un vestido de lunares azules se había quedado mirando mis flores, de eso estaba seguro. El parque de los dos Chopos, y la floristería, la mujer y el jilguero debían de estar cerca. Recorrí todas las calles de los alrededores, ninguna me era desconocida, comprobé entonces. Y ninguna llevaba a mi parque. Empecé a pensar en aquel lugar como algo que me pertenecía, un lugar al que hubiese accedido desde mi interior y al que ahora se me negaba la entrada, y esto avivó mi nostalgia. Había estado pensando en estas cosas mientras continuaba caminando sin rumbo y así llegué a las afueras, a los últimos bloques de pisos de protección oficial: el barrio de Oscar. La visión de aquellos balcones de barandillas oxidadas me hizo volver a la realidad y sentirme avergonzado por dejarme arrastrar por mis fantasías. No era el mejor momento para los sueños, había que estar alerta y despierto. No se trataba de un juego, el miedo de los ojos de Oscar me lo hacía presentir. 
Aún quedaba alguna hora de luz, pero me encontraba bastante lejos del lugar de nuestra cita y decidí emprender el camino hacia allí. No hacía falta apresurarse, podría caminar tranquilamente y así intentar aclarar mis ideas y mis sentimientos. Es cierto que mi fantasía puede hacerme viajar muy lejos en algunas ocasiones, aunque por otro lado mi mente también es a veces capaz de ser fría y calculadora ( esto es otro de los aspectos contradictorios de mi personalidad). Mientras caminaba, esta faceta de mi carácter iba despertando. Analizaba la situación y mi reacción ante lo ocurrido. Habían asesinado a Miguel, mi profesor y mi amigo. Un gran hombre. Todo lo que se decía sobre él y su muerte era mentira, yo estaba seguro de ello. Tenía datos, que los difamadores desconocían, que ponían en evidencia la falsedad de los rumores. No eran sólo sueños, como quizás lo fuesen la sonrisa de la mujer de la floristería y el canto del jilguero, o los dedos de los chopos trenzando hilos de colores. Yo conocía a Miguel, sabía cómo pensaba, lo que sentía. Yo conocía a la mujer del cuadro, a Guadalupe. Y si aquellos rumores eran falsos, era de suponer que los mismos que le causaron la muerte los estaban divulgando para borrar las huellas de los verdaderos culpables. Los difamadores y los culpables eran los mismos. Y no estaban dispuestos a dejarse descubrir. Eran capaces de todo para impedirlo, eso es lo que me dijeron los ojos aterrorizados de Oscar. Oscar tenía miedo, porque Oscar sabía demasiado. Estaba en peligro, y yo lo estaría también en cuanto supiese lo que él sabía. Mi conclusión me hizo estremecer, volví la cabeza con aprehensión. Me di cuenta de que no estaba teniendo ningún cuidado de asegurarme que nadie me seguía, y por un momento pensé que aquello no era más que una locura, que lo mejor que podía hacer era volver a casa y olvidarme de todo. Olvidarme de Miguel. Y de Oscar. Tuve miedo y dudé, como si dos personas estuviesen luchando en mi interior. Cerré los ojos y vi todos los ojos que intentaba olvidar, los ojos azules de Miguel, siempre brillantes, los ojos almendrados de la mujer del cuadro, y ahora veía también los ojos de la mujer de la floristería, eran los mismos ojos almendrados, azules y llenos de luz; y los ojos castaños y espantados de Oscar. Estarían acechando desde algún rincón escondido del parque esperando verme aparecer. Tenía que darme prisa para que no se impacientara.

Capítulos anteriores:

https://doloresvendrell.blogspot.com/2019/05/el-valle-de-los-narcisos-capitulo-11.html


martes, 21 de mayo de 2019

El valle de los narcisos, capítulo 11: quedar atrapado.


11.
Mi madre golpeó suavemente a la puerta de mi habitación antes de asomarse.
_ David ¿hoy no piensas comer?
Me pareció una pregunta trivial, yo tenía otras muchas cosas en que pensar. Sin embargo no protesté y me dirigí resignado al comedor. Comí en silencio, bajo la mirada inquieta de mi madre. Un plato de lentejas, un filete con patatas fritas y una naranja. No es que el menú tuviera nada de especial, esto es evidente, pero lo recuerdo con todo detalle. Debía reponer mis fuerzas, me esperaba una tarde llena de interrogantes y probablemente también de riesgos.
_ Estas lentejas están riquísimas_ le dije a mi madre mientras saboreaba un trozo de chorizo que le daba un sabor especial al guiso.
Mi madre sonrió, y pareció relajarse.

Eran las cuatro cuando terminé de ayudarle a recoger la cocina. Estaba impaciente por encerrarme de nuevo en mi habitación para reflexionar en todo lo ocurrido hasta la hora de acudir a la cita con Oscar.
Había estado toda la mañana pensando en Guadalupe, ahora tenía que intentar ordenar mis ideas. El tipo de la melena enmarañada había hablado de drogas que habían sido encontradas en casa de Miguel; yo intentaba recordar si ese asunto había sido mencionado en las noticias de la radio, o en los periódicos, pero hubiese jurado que no se hablaba de ello ¿Cómo podía saberlo aquel tipo? ¿O se lo había inventado? Pero me costaba encontrar un motivo para semejante difamación. 
Fue en 4º de Secundaria cuando Miguel nos expuso su postura sobre la droga. Era el tutor del grupo y un compañero propuso que se debatiera el tema. Yo estaba ya resignado a oír una vez más la misma charla que todos se empeñaban en darnos: mi madre, los profesores, el psicólogo, la televisión con sus campañas antidrogas. Pero Miguel me sorprendió en cuanto empezó a hablar.
_Yo las he probado_ fue lo primero que dijo.
Hubo una reacción inmediata en la clase: guiños y codazos, algunos comentarios (un porrito, y alguna raya, mola colega, dijo alguien a mi espalda). No faltó tampoco la expresión de susto en la cara de otros.
_ ¿Qué drogas has consumido, Miguel?_ preguntó un compañero coreado por la risa de los demás.
_Tabaco. Y, para mi desgracia, sigo siendo fumador. Alcohol, pero de forma moderada: alguna caña y un vaso de tinto en las comidas. Y alguna copa con los amigos. Hachís, y coca, cuando era joven.
Hubo risas y murmullos en la clase. Y algún que otro compañero palideció como si hubiese visto al Diablo.
_ Hace ya mucho tiempo_ continuó y su tono serio nos hizo prestar atención_ Nunca quedé atrapado, fue una aventura. Pero nadie puede saber si quedará  o no atrapado.
Se hizo un silencio doloroso. Yo percibí su dolor y su tristeza, aunque entonces aún no conocía la historia de Guadalupe.
_ ¿Vosotros pensáis que vale la pena correr el riesgo de quedar atrapado?_ nos preguntó con una gran ternura cuando salió de sus reflexiones_ Es importante que conozcáis lo que eso significa. Depende de cada droga. Y nadie puede saber quién será  más fuerte, la droga o él. Ni siquiera un adulto, un hombre maduro en su cuerpo y en su mente. Un niño, un muchacho tiene todas las probabilidades de caer en la trampa.
Los que os inducen a consumirlas no merecen ninguna compasión.
 Las últimas palabras las pronunció con tanto coraje que nos asustó. Hasta los más atrevidos se removieron incómodos en sus pupitres.
Ese día empecé a sentir curiosidad por desvelar el secreto de Miguel. Ahora sé que ese secreto se llamaba Guadalupe. 


Los capítulos anteriores:


sábado, 11 de mayo de 2019

"El valle de los narcisos", capítulo 10

Oscar, David, Sofía, nuestros protagonistas, se enfrentan al mundo lleno de pasión, intriga y fantasía de la adolescencia. Un mundo en el que se refugian, inaccesible para los adultos
Capítulos anteriores:

10.
Durante unos momentos me quedé aturdido, mirando fijamente a aquel tipo, que me dirigía una sonrisa burlona y desafiante.
_ ¡Eh, tú! ¿Tú no eras amigo suyo? ¿No serás un maricón, eh?_ añadió soltando una carcajada.
Sentí como la sangre me subía hasta las mismísimas puntas de las orejas y un deseo enorme de echarme sobre él. Sé que de dos puñetazos lo hubiese tirado al suelo. Algo me retenía a pesar mío, los ojos aterrados de Oscar y su mano tirándome con fuerza de la manga. Y una mano que se apoyaba en mi hombro con un gesto de simpatía que me hizo estremecer. Era la mano de Sofía, que se había añadido al grupo.
                               
_ No eres legal, tío_ dijo con su tono desafiante_ Está  muerto ¿no? No puede defenderse de todos esos chismes, así que cierra ya tu boca de cotilla.
El tipo de la melena enmarañada se quedó mudo, rojo de rabia. Su auditorio agachó la cabeza avergonzado y se dispersó. Sofía seguía allí, mirándolo con descaro. Él se encogió de hombros fingiendo desprecio y dio media vuelta.
Por un momento nos quedamos solos en el patio. Había sonado el timbre que anunciaba el fin del recreo y todos se dirigían hacia las aulas. Ella me miraba con sus ojos llenos de inteligencia y simpatía. No sé lo que sentí entonces, sólo sé que era tan fuerte que temí caer redondo al suelo.
_ Esto no me gusta- dijo Sofía con su firmeza habitual, su voz me devolvió a la realidad.

lunes, 6 de mayo de 2019

"Espera, tío, que estos van en serio, te la juegas" El valle de los narcisos, capítulo 9.

Los anteriores capítulos:
https://doloresvendrell.blogspot.com/2019/04/el-valle-de-los-narcisos-capitulos-1-al.html
9.
Nunca podré olvidar el horror de la muerte de Miguel. Los periódicos dieron todos los detalles de aquel crimen: el cuerpo desnudo sobre la cama con la cara maquillada, las pintadas obscenas en las paredes. No parecía que faltase nada de valor, por lo que se descartaba el robo y todo apuntaba a un crimen pasional. Yo me sentía destrozado, pero sobre todo indignado. Me rebelaba contra la falta de pudor de los que relataban aquella muerte dando pie a todo tipo de conjeturas, como si se tratara de una profanación. Durante muchas noches me atormentaron mis pesadillas, veía sus huesos esparcidos, y su sombra ultrajada perseguida por los aullidos de los perros y los cazadores. El escorpión y la serpiente envenenaban su recuerdo. Los ojos azules de Miguel intentaban volar, transformarse en mariposa o pájaro, pero el pico cruel del cuervo los arrancaba y dejaba la noche en sus cuencas vacías. Me despertaba sobresaltado, gritando, y mi madre acudía asustada a mi habitación.
El martes no había acudido a su clase de griego, a primera hora de la mañana. Recuerdo que lo estuvimos esperando, nos extrañaba su falta de puntualidad, era algo raro en él. Habitualmente yo lo veía pasar desde mi ventana mientras terminaba de ordenar mi habitación. "Date prisa, vas a llegar tarde- me gritaba mi madre- mira, tu profesor de griego ya va hacia el Instituto". Yo salía corriendo y al llegar a la calle lo veía doblar la esquina del parque. Cuando entraba en el aula, lo encontraba sentado en su pupitre ordenando los libros y las citas clásicas que más tarde nos comentaría durante la clase. Aquel martes llovía y no me asomé a la ventana. Estiré un poco las sábanas y eché la colcha por encima. Metí mis libros y mis cuadernos en la mochila y me encaminé al Instituto. Los rezagados caminábamos deprisa, doblados bajo el peso de nuestros macutos y para protegernos de la lluvia menuda que había comenzado a caer desde la madrugada. Llegué a clase sofocado, sacudiéndome el barro de los zapatos y respiré aliviado al no encontrar a Miguel sentado en su pupitre. No se presentó en el Instituto en todo el día. Tengo que decir que nos alegramos de su ausencia: tuvimos la hora libre y nos dedicamos a charlar y algunos echaron una partida de cartas con las barajas clandestinas que siempre llevaba algún compañero por si se daba el caso de tener algún respiro.
Al día siguiente tampoco acudió a su trabajo. Algunos ya habían sacado la baraja cuando se presentó en el aula el Jefe de Estudios para ponernos alguna tarea. "¿Qué le pasa a Miguel?" le preguntó alguien. "Pues la verdad es que no sabemos" respondió con cierta extrañeza en su tono de voz. En aquel momento me sentí preocupado y decidí acercarme a su apartamento después de las clases.

Imagen: https://foter.com/re2/6db1c0">Foter.com

El apartamento de Miguel estaba a dos manzanas del nuestro, en un sencillo bloque de ladrillos rojos de ocho alturas. Las terrazas rompían la monotonía de la fachada con sus variopintos arreglos: algunas habían sido acristaladas para ganar espacio interior, en otras se habían instalado armarios y estanterías, donde se almacenaban los más diversos objetos; en algunas se habían acondicionado tendederos donde las sábanas y demás ropa ondeaba al viento. Las había coquetas y aseadas, que lucían macetas pintadas de verde, o de rojo, o de azul, donde los geranios y las gitanillas competían con otras especies populares. La terraza de Miguel era de estas últimas. "A Guadalupe le encantaban las flores", nos había explicado. Y en las tres jardineras junto a la barandilla y las seis macetas adosadas a la pared lucían todo tipo de flores: margaritas blancas y amarillas, claveles, pensamientos, petunias, dalias, lirios, que iban alternándose según las estaciones. Aquel miércoles pasé de largo delante de mi casa y continué hasta el portal de Miguel. Crucé a la acera de enfrente. No había nadie en la calle en ese momento. Desde allí podía observar la terraza y las dos ventanas que daban a la calle. Vi las manchas azules y blancas de las petunias, y la puerta que daba al salón desde la terraza. Estaba cerrada, y las persianas de las dos ventanas, bajadas. Me sentía paralizado, como si estuviese clavado en el suelo con la vista puesta en aquel segundo piso. Tenía una extraña opresión en el pecho. Alguien se acercaba calle abajo, me percaté cuando lo vi pasar debajo de la terraza de Miguel. Era un hombre joven, trajeado, con zapatos lustrosos que chirriaban al andar. Me miró de reojo y me hizo ser consciente de lo sospechosa que podría parecer mi actitud. Entonces decidí volver a casa, con la esperanza de encontrar a Miguel al día siguiente sentado en su pupitre. No fue así. A primera hora de la mañana, la radio dio la noticia, que se repitió a lo largo del día. Y los periódicos recogían lo ocurrido en las páginas de sucesos. El cadáver había sido descubierto a media tarde del miércoles por la asistenta que acudía dos veces por semana. En cuanto entró en el piso tuvo la sensación de que ocurría algo extraño: por las voces y música que se oían (era la televisión), y por un desagradable olor. Miguel llevaba muerto desde la tarde del lunes.
No se hablaba de otra cosa en el Instituto. La mayoría estábamos apenados por lo ocurrido, Miguel era un buen profesor, y todos sus alumnos lo apreciábamos. Pero no podíamos dejar de estar perplejos por los rumores sobre su muerte. Y alguien se estaba encargando de difundir y agrandar aquellos rumores. El mismo día que se tuvo noticias de su muerte, vi al tipo de la melena enmarañada rodeado de un grupo que lo escuchaba asombrado.
_ El muy maricón, con la excusa de ayudar a los más pequeños se los llevaba a su casa. Era un marica de mierda. Y además, está  el asunto de la droga. Se ha encontrado en su casa, en los cajones de su despacho.
Yo me había acercado movido por la curiosidad y al oír semejante mentira estuve a punto de saltar sobre aquel farsante. Alguien me detuvo: estaba tirándome de la manga con fuerza. "Espera, tío, que estos van en serio, te la juegas". Me volví con los puños apretados, rojo de rabia, dispuesto a sacudirme a aquel inoportuno. Pero la expresión del muchacho me dejó paralizado: era Oscar y nunca había visto tanto terror en unos ojos. "Luego hablamos, te espero esta tarde en el parque. Que no te vea nadie", añadió disimuladamente y desapareció antes de que yo pudiese darme cuenta.

martes, 30 de abril de 2019

"El valle de los narcisos" capítulos 1 al 9.

He decidido compartir en mi blog algunos manuscritos que no han sido publicados. Hace tiempo comencé compartiendo capítulos de mi novela "El valle de los narcisos".  Esta novela fue finalista en el XLVII certamen Ateneo Ciudad de Valladolid. Recuerdo mi viaje para el fallo, hace ya años, los nervios y la ilusión. Hoy releo mi manuscrito, y revivo los sentimientos y las experiencias que me llevaron a escribir esta historia, que duerme en un cajón y que he decidido compartir en redes. Para jóvenes, adolescentes y todas las personas que los acompañan en esa apasionante etapa de la vida. Empiezo compartiendo los 8 primeros capítulos que ya publiqué anteriormente, antes de añadir otros nuevos.

Imagen: Photo on Foter.com

PROLOGO
Cuando David se presentó en mi despacho con su manuscrito, no me sorprendí: hacía tiempo que venía observando sus dotes de escritor a pesar de no ser más que un alumno de Bachillerato. Y tengo que reconocer que no podía evitar un cierto sentimiento de envidia. A mis cincuenta y dos años, yo tenía guardados en un cajón de mi despacho los manuscritos de cinco novelas que habían recorrido un largo peregrinaje de editorial en editorial sin conseguir salir a la luz. Sin contar la pila de versiones corregidas que amontonaba sobre el armario de mi habitación y que luego reciclaba usando el reverso en blanco de las hojas como borrador para mis nuevas novelas. Aquello estaba resultando un largo y doloroso parto.

lunes, 22 de abril de 2019

No te doy el poder



No te doy el poder.
Esa es la auténtica democracia, esa utopía hacia la cual avanzar. Porque el poder es nuestro. Y el pueblo debe eligir con su voto a quienes van a representarnos , pero no debe declinar su poder y su compromiso social. Elige a quienes van a administrar y gestionar los bienes comunes, para el bien de todas las personas, quienes van a legislar para que esta administración y gestión sea justa y eficaz. No elige a tiranos ni a caudillos, el pueblo no es un niño que se abandona al arbitrio de su gobernante, el pueblo debe trabajar y construir la ciudad de todas las personas. No elige a quien le va a decir qué pensar, cómo vivir, qué sentir, qué expresar. Eso lo decide él, porque es libre y diverso. No elige a quien va a gobernar en beneficio de unas personas o de otras, sino a quien va a gobernar con justicia y equidad para todas, para que nadie use ni abuse de nadie en ningún ámbito, para que nadie sea esclava ni mendiga. Todas empoderadas, el poder es nuestro.
La libertad y la igualdad, la equidad, solo son auténticas si van unidas.
Voy a votar a quien pueda garantizar mejor la libertad y la igualdad, porque si no voto, otros deciden por mí.

martes, 9 de abril de 2019

Mi hermosa Ruanda, hoy y siempre.

Estos días se conmemora el 25 aniversario del genocidio de Ruanda. Son días de perdón y reconciliación, en ese camino tortuoso de la historia de un pueblo donde las diferencias raciales han sido excusa para enfrentamientos atroces. Excusas, porque no hay razones para esos enfrentamientos.
Ruanda es un gran pueblo, un pueblo de una inmensa dignidad humana, capaz de resurgir del odio y el resentimiento en un abrazo. Muy grande, el espíritu ruandés. Conviví con la gente de Ruanda muy estrechamente durante 4 años. Nunca podrán salir de mi corazón. Mi hermosa Ruanda.

"...una historia de amor, de dolor, de sacrificio, de esperanza y de superación...un libro que nos hará reflexionar sobre cómo el amor puede lograr que no existan las distancias entre las razas, denunciando al mismo tiempo unos hechos que jamás debieron suceder"


martes, 26 de marzo de 2019

Presentación de "Punto de encuentro, más allá de los mitos" 28 de febrero y 15 de marzo.



   A lo largo de mi vida me he alimentado de la sabiduría de personas que me han inspirado a través de los libros y de la historia, y de personas con las que he compartido mi tiempo.
En este ensayo comparto lo que he recibido. No está concluido, pienso que todo está por terminar. Así lo presento: los pensamientos son libres como las nubes, son de todas. Vuelan, se posan, se transforman, se multiplican. Alivian, consuelan, inquietan, remueven los sentimientos o los apaciguan. Como lo recibí lo entrego. Sencillamente.





   Todas las personas nos hacemos preguntas, la vida no siempre es fácil, muchas veces es  dura y dolorosa, insoportable. Buscamos respuestas y sentido a nuestras vidas, a todo lo que nos rodea, y las encontramos en nuestra cultura, en sus creencias, en sus mitos; la buscamos a lo largo de la vida, a través de nuestras vivencias y experiencias. En este breve ensayo comparto mi búsqueda y las respuestas que encuentro, que intuyo; no se trata de certezas sino de  búsqueda
   Entre los acontecimientos y experiencias de los últimos años, el anillo me ha ayudado mucho en mi búsqueda de sentido. Os hablo de él  en el primer capítulo. Es la historia de un anillo, al que he llamado el anillo del círculo infinito. Cuento como su magia se apoderó de mí, o más bien como proyecté las ancestrales creencias en la magia en él. Había creado un mito, aunque personal y doméstico.  Soy consciente de lo intrascendente que puede resultar esta historia,  sin embargo me ha ayudado a encontrar respuestas y deseo compartirla.
 A partir de esa historia, reflexiono sobre el significado de los mitos. Cada grupo humano, e incluso cada persona, busca y encuentra su propio anillo para transformarlo en mito, sustento y alivio en el transcurrir existencial. El anillo es con frecuencia secuestrado y utilizado para la división y enfrentamiento entre individuos y grupos, convertido en instrumento de poder en manos de los tiranos. Sin embargo,  más allá de todas estas perversiones, llego a la conclusión de que hay un punto de encuentro más allá de todos los mitos, y es ese punto de encuentro hacia donde deberíamos encaminarnos. A superar el enfrentamiento con “los otros”, a la unidad.
 Mi experiencia con el anillo me ha ayudado a comprender mejor el significado de los mitos. Nuestra naturaleza humana, racional y al mismo tiempo imaginativa, emocional, creativa, hace que los necesitemos y los creemos, y que nos agarremos a ellos con fuerza.
Puedo reconocer el valor de los mitos y la necesidad que tenemos de ellos, puedo respetarlos, pero siento la necesidad de señalar el peligro que pueden implicar: el dogmatismo, el fanatismo, la intolerancia. El dogmatismo y el pensamiento único toman muchas caras, a veces incluso rostros que se enfrentan como los mayores enemigos, pero tienen un elemento esencial común: la estrechez de miras que lleva hasta la ceguera. La cruz, la media luna, la estrella roja son muchas veces exponentes de este dogmatismo. La visión distorsionada que nos hace creernos únicos poseedores de la verdad y la bondad, se transforma en ceguera y rechazo del otro. Pero  la verdad y la bondad son patrimonio de la Humanidad, de todas y cada una de las personas que asimilarán y personalizarán esa verdad según sus propios rasgos individuales o culturales.

viernes, 8 de marzo de 2019

Ser parte de la Utopía

Deseo agradecer a todas las personas que compartieron conmigo un momento muy especial, la presentación de mi breve ensayo "Punto de encuentro, más allá de los mitos". A las que estuvieron allí, y a las que estaban ausentes pero conmigo con el deseo. En especial, a mi hija Nuria Gómez Vendrell. Y a Daniel, siempre con nosotras. Porque me hicieron sentir que soy parte, con todas ellas, de la Utopia.

viernes, 8 de febrero de 2019

Gritando no se entiende la gente.

Una de las mejores películas que he visto últimamente es "La llegada". Una invasión extraterrestre, que tiene como objetivo entregar a los humanos una "herramienta". El error humano de los diversos países es traducirlo por "un arma". No es un arma, es el lenguaje. La mejor herramienta.
La razón y la palabra son nuestras mejores señas de identidad, no la fuerza y los aullidos, ni las banderas de cualquier color. Estamos hechos para razonar, hablar, escuchar,  contrastar, empatizar y entendernos, compartiendo la parte de verdad que cada persona descubre: esa es nuestra fuerza. No estamos hechos para gritarnos, rugir, enseñar los colmillos y las garras: eso se corresponde a una etapa anterior de la evolución de las especies.


Sobrevivir dignamente como humanos presupone que la razón y el lenguaje sean nuestras herramientas, y la empatía, el cuidar del bien común de todas las personas. Evidentemente, si el objetivo de nuestras acciones primitivas es marcar el territorio y dejar claro que tenemos el poder, entonces sí: gritar, aullar, enseñar los colmillos y las garras es lo que corresponde.

viernes, 1 de febrero de 2019

A los humanos, solo nos quedarán los cuidados.

Estoy leyendo Homodeus de Yuval Noah Harari. Interesante, discutible, como todo.
Nos hace un retrato del futuro no muy lejano: la Inteligencia Artificial sustituyendo a los humanos en innumerables tareas y profesiones, un cambio mucho más drástico de lo que supuso la revolución industrial. Me dormí reflexionando sobre estas ideas, y esta mañana llego a la conclusión de que quizás lo que nos quede sean los cuidados. Cuidar unas de otras. Y no solo porque me parece difícil que un robot me pueda trasmitir lo mismo que una persona cuando me cuida por amor, sino también porque nada es comparable al estremecimiento que como humana siento cuando cuido a un semejante por amor. Cuidar, compartir, comulgar, intercambiar regalos y caricias. Intercambiar canciones, poesía, cuentos, dibujos. No estaría mal este porvenir.

                           

Y me sorprendo. ¡Justamente este parecía el rol femenino! Frente al rol masculino de la fuerza del guerrero. Y resulta que lo más profundamente humano, lo que nos lleva al punto más alto en la evolución de nuestra especie son los cuidados. ¿Estará a punto de concluir la era del guerrero destructor  para dar paso a la era del cuidador de la vida?

                         

Y en estas reflexiones estoy, y salto a la idea de feminismo, que tanto enfrenta a hombres temerosos de perder privilegios y a mujeres dolidas por su situación de sometimiento inaceptable. Se trata de igualdad, y con la igualdad nadie pierde. El paso de la ética del poder a la ética del cuidado, como escuché en una charla sobre feminismo, nos enriquece a todas las personas. Acabo de cruzarme con niños y niñas camino de la escuela, algunos de la mano de su padre, o su abuelo. Percibo en la cara de esos hombres la expresión de mayor felicidad que he visto en la cara de un hombre.
Qué ridículo y erróneo  resulta el espectáculo de la lucha por el poder en el ámbito político en estos días, qué necesario es un cambio radical en el sistema político, en el fondo y en la esencia. el paso de la ética del poder a la ética del cuidado.
Quizás el futuro sea mejor de lo que soñamos. Quizás no perdamos los mejores atributos de nuestra especie: la razón, el lenguaje, la ternura y el amor. Y la risa.








jueves, 24 de enero de 2019

Reto del siglo XXI: evolución hacia una humanidad nueva.


"Cada avance científico y técnico requiere un avance ético que afiance la cordada sólidamente en la roca: sin ello, seguiremos escalando aumentando la amenaza de precipitarnos en el vacío". 
Hemos crecido, pero no hemos evolucionado. Y es el momento de cambiar de rumbo: el crecimiento debe dejar de ser la meta, el objetivo del nuevo milenio debe ser la evolución. Nos jugamos mucho porque el crecimiento sin límites es insostenible. La evolución es una meta, un proceso, evolución frente al crecimiento. Es preciso evolucionar desde la ética del poder a la ética de los cuidados, del competir al  cooperar,del poseer al compartir. 
"El capitalismo, el neoliberalismo y todas las corrientes filosóficas, políticas y económicas que se fundamentan en la idea darwinista de la evolución de las especies, cometen un error de base, que es ignorar precisamente lo que la evolución de las especies ha dado origen en su último escalón: la naturaleza del ser humano..."

"En el ser humano se ha desarrollado la conciencia de sí mismo y de su entorno, y sentimientos que suponen un salto cualitativo en la evolución de las especies: la compasión, la generosidad, el altruismo, la capacidad de sentir con el “otro” e identificarse con él. El sistema capitalista y neoliberal ignora y acalla esta faceta evolucionada del ser humano, y con ello trunca brutalmente su capacidad de crear un orden nuevo..."

"La humanidad solo avanza con la superación de lo anterior y la  innovación a lo largo de toda su historia, desde la invención del fuego y la rueda, hasta los últimos inventos de nuestros días. Y la historia nos enseña que a pesar de todos los obstáculos, el futuro siempre es nuevo..." 
 "Los cambios no están en el horizonte, están aquí, a la puerta de nuestras casas. Las técnicas de comunicación, la robótica, la inteligencia artificial no son ya ciencia ficción, han llegado a nuestras vidas antes de lo previsto, quizás antes de que una evolución de nuestra humanidad nos haga capaces de dirigirlas en la buena dirección..."
 "Las consecuencias de la visión distorsionada de la realidad son especialmente nefastas en el ámbito de la economía y la política. Creerse el centro del círculo, acumular riqueza y poder en detrimento del bien común, desgajarse de los otros, nos convierte en el ojo del huracán con efectos devastadores para la comunidad humana, para el planeta y para nosotras mismas.  De nada nos servirá ganar el mundo entero si perdemos nuestra humanidad, la última etapa de la evolución de las especies..."
"Punto de encuentro, más allá de los mitos"


viernes, 18 de enero de 2019

La Utopía irrenunciable.


cc Nuestro objetivo, por más que una y otra vez levanten ante nosotras muros para impedirnos avanzar. Porque son la afirmación de la vida y de la dignidad humana.


La paz es la utopía nunca alcanzada. “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar” (Eduardo Galeano).
“No hay camino para la paz, la paz es el camino”.  Mahatma Gandhi.
( PUNTO DE ENCUENTRO, MÁS ALLÁ DE LOS MITO, Editorial Manuscritos, página 54)
"Que todo lo anterior es una utopía inalcanzable, es evidente que es lo que muchas personas opinarán. Por eso vuelvo a insistir: esta paz universal es la meta que nunca alcanzaremos pero es el camino que estamos impelidos a caminar si queremos ser dignos de considerarnos seres humanos". 

PUNTO DE ENCUENTRO, MÁS ALLÁ DE LOS MITO, Editorial Manuscritos, página 61  )

"Ante esta situación, la urgencia de un cambio real desde abajo, empezando por el individuo y los movimientos sociales se hace imprescindible.
        La democracia, el gobierno del pueblo, de la gente, será siempre una utopía, lo cual no significa que haya que renunciar a ella. Estará siempre en el horizonte, impeliéndonos a seguir caminando".

PUNTO DE ENCUENTRO, MÁS ALLÁ DE LOS MITO, Editorial Manuscritos, página 80  )


lunes, 14 de enero de 2019

Nos ponemos en marcha por más que la meta parezca inalcanzable.

La sinrazón, las falacias y las mentiras, el odio a "los otros", la crueldad despiadada ante el sufrimiento de tantas personas, los elogios a la ira y la violencia, a la guerra, a la tiranía...no podrán acallar lo mejor del ser humano: su razón, su compasión, su humanidad. La primavera vendrá por muchos inviernos que haya que atravesar. 

Despertar, ponerse en marcha hacia esa meta por más que parezca inalcanzable, ese punto de encuentro más allá de los mitos: ese impulso nos permite conservar nuestra dignidad humana.
https://bit.ly/2TFyjwH

viernes, 11 de enero de 2019

Punto de encuentro: como la realidad se constituye de planos que se cruzan y se imbrican unos en otros.



Un viernes más, me explico…
Con mi breve ensayo entre las manos.


Alguien me ha dicho que no dejo títere con cabeza. No es para tanto. En realidad, soy consciente de mi profunda ignorancia. Cierto, pero no por eso me voy a quedar callada y quieta. Y ahí está mi búsqueda de una explicación, un poco sobre todo, porque creo que todo está relacionado. Haced con ella lo que os parezca oportuno, no es más que la búsqueda de una compañera de camino.
“¿Pero de qué trata?” me preguntaréis. Porque hablo un poco de todo “…de espiritualidad, de religión, de mitos; de economía, de educación, porque la realidad se constituye, no de espacios paralelos, sino de planos que se cruzan, confluyen, se imbrican unos en otros, a veces de forma caótica, pero siempre con un sentido por más que a nosotras se nos escape. De la concepción del propio yo, del mundo y de la transcendencia, depende el sistema social y económico que construyamos.”
Feliz viernes.



viernes, 4 de enero de 2019

Buenos días. Me explico...

Me explico...
A estas alturas me he dado cuenta de que "yo" no voy a cambiar el mundo. La verdad es que me quito un peso de encima.

Lo malo para mi lado perezoso, es que también me he dado cuenta de que, lo quiera o no, soy una ínfima parte de ese cambio. Y puesta a elegir, prefiero optar por sumarme a los inventores y constructores del mañana.
Feliz viernes, 
"Los sueños dejan de ser sueños cuando son soñados por muchos que empiezan a moverse en una misma dirección. Esto está ocurriendo ya" ( "Punto de encuentro, más allá de los mitos"). https://bit.ly/2BL6UC4

martes, 1 de enero de 2019

¿Por qué escribo?

Por no perder la esperanza de que mañana amanezca, por mí, por ti, por quienes vienen detrás, por quienes están cerca y por quienes vienen de lejos. Porque aún tenemos el tesoro más preciado: tiempo.
Aún tenemos tiempo, y fuerza en nuestros brazos, para seguir remando cara al sol, antes de que sea demasiado tarde. Hoy. Despierto, dispuesta a seguir caminando y a sembrar lo que me queda: palabras. Y luego, las acciones que cambian el destino cuando se suman.


Comparto con vosotros el propósito de mi breve ensayo:
https://bit.ly/2BL6UC4

Cuando lo extraescolar es el alma de la educación.

El martes pasado, 11 de junio, tuve el privilegio una vez más de disfrutar de lo que significa educar. Educar ha sido y es una pasión en mi...